Yovana Perez

Seminario 19, … O peor. Reseña del capítulo VI: Te demando que me rechaces lo que te ofrezco

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Previamente, en el capítulo V Lacan había señalado, sobre la carta de amuro (amor-muro), que más allá del muro está lo real, lo real en tanto lo imposible de alcanzar. Sobre el muro aparecen las erosiones de la palabra o del discurso. El discurso se sostiene sobre el muro. Detrás del muro está la topología, la lógica, el álgebra.

Comienza el capítulo VI diciendo que una verdadera carta de amuro diría: “Te demando que me rechaces lo que te ofrezco”. Y completa: “rechazar lo que te ofrezco porque no es eso”. Esta es la fórmula de la demanda, de la demanda del analizante -dice al final.

Lacan trabaja esta frase a lo largo de todo el capítulo para finalmente localizar al objeto a como el vacío en torno al cual se articula la demanda.

El primer abordaje que hace de la frase es lingüístico; y lo hace a partir del verbo.

Lacan menciona que, en lo tocante al verbo, la definición clásica habla de una relación binaria[1]. Sin embargo, sostiene que lo que se pone en juego siempre es, en realidad, una relación ternaria. Cuestiona la escritura usual de la función de la palabra (destinador – Destinatario, siendo este último el poseedor del código o aquel que puede descifrarlo) sosteniendo el carácter ternario de dicha función donde el mensaje se distingue como el tercer elemento.  

A esta estructura ternaria Lacan añade luego un cuarto elemento: la gramática. Hay más que lo que vagamente se denomina el código. La gramática forma parte del código; la gramática es la estructura tetrádica esencial a lo que se dice. El esquema que se conoce emisor-mensaje-destinatario, es menos completo que la gramática, que forma parte de la significación. La demanda “D” agrupa la estructura ternaria pero ello sólo es evidente cuando se usan las partículas gramaticales: el “yo y te” o el “tú y me”.

Luego de precisar el status del verbo mediante un ejercicio de aplicación de la lógica proposicional, Lacan nos lleva progresivamente a la cuestión del surgimiento del objeto a, a partir de un nudo de sentido.

El “no es eso” –lo que motiva la demanda de “que me rechaces lo que te ofrezco”-, está referido a aquello de lo que no puede hablarse. En el esquema de la página 86 Lacan coloca a todos los elementos de la frase y el “no es eso”, que es ubicado en el enunciado a que se trata del registro de la enunciación, aparece ubicado como la pérdida.

En las páginas siguientes demuestra, y con mayor precisión a partir del esquema de la página 87, que los tres verbos implicados en la frase forman un nudo.

Pero antes de presentar el nudo Lacan cuestiona el hecho mismo del ofrecer, del don. Dice que en el ofrecer hay un imposible. Cuando se ofrece algo se hace con la esperanza de que me devuelvas. Y justamente por eso existe el potlatch. El potlatch desborda lo imposible que hay en el ofrecer, lo imposible de que sea un don, por eso se volvió extraño para nuestro discurso.

Volviendo al nudo, Lacan dice que al desanudar cada uno de esos verbos del nudo que forma con los otros dos, podemos encontrar lo tocante a ese efecto de sentido que se denomina objeto a. Al final del capítulo dice que la característica de la demanda es no poder situar lo tocante al objeto del deseo.

En el seminario 20, último capítulo, retoma esto de manera más explícita:

“El objeto a es lo que supone de vacío una demanda, la cual sólo es situada mediante la metonimia, es decir, por la pura continuidad asegurada desde el comienzo al fin de la frase, permite imaginar lo que en ella puede haber de un deseo que ningún ser sostiene. Un deseo sin otra sustancia que la que se asegura con los propios nudos….

“No es eso” quiere decir que, en el deseo de toda demanda, no hay más que la solicitud del objeto a, del objeto capaz de satisfacer el goce. Así llegamos a la función esencial del «anillo» de cuerda representado como nudo borromeo, función que es la de representar un «agujero».

Introduce entonces por primera vez el nudo borromeo, los tres redondeles anudados, si uno se separa, los otros dos se sueltan. El nudo, al igual que la cadena significante, implica siempre esta concatenación. En el discurso analítico se ve el carácter fundamental de tal concatenación.

El discurso del analizante se funda en te demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso. Esta es la demanda fundamental que vuelve cada vez más apremiante si el analista no la toma en cuenta. En otra época, dice Lacan, ironizaba: la oferta crea demanda. Pero la demanda que el analista satisface es el reconocimiento de esto fundamental: que lo que se demanda no es eso.

Yovana Pérez

[1]En realidad se habla de relación binaria para los verbos transitivos, esto es, los que aceptan el complemento directo. En estos casos el verbo establece una relación binaria entre el sujeto y el complemento (Juan compra comida. Ella dice algo). Los verbos intransitivos (no requieren el complemento directo) y el verbo “ser”, establecen una relación monaria (los niños juegan, ella sonrió, ella es artista).

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“La surmoitié, el rostro feroz de lo femenino”, Un comentario de El Atolondradicho

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Por Yovana Perez

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“El Atolondradicho” es conocido como el último gran escrito de Lacan; texto oscuro y arduo, no sorprende que sea uno de los menos comentados. Es como si su escritura imitara el equívoco contenido en el propio título: en efecto, “L´ Etourdit” se traduce como “el dicho atolondrado” y también como “las vueltas de lo dicho”; dicho que, lo mencionará luego Lacan, será  siempre un medio–dicho, una verdad a medias que gira en torno a lo imposible del decir. La lectura parece evocar esta circularidad del dicho y a la vez, esta confrontación con un decir que no se atrapa.

Concluido en el año 1972, se enmarca en el –denominado así por Miller- sexto paradigma del goce cuya marca central es el “no hay”: no hay relación entre el significante y el goce, entre el saber y el goce. No hay relación sexual. Sólo hay de lo Uno. Y justamente lo primero que nos muestra Lacan, con la frase que trabaja al inicio: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye”, es la imposibilidad de escribir la relación entre el dicho y el decir.

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