Presentación libros

Presentación del libro Ámok por José Miguel Ríos

Posted on Actualizado enn

 

IMG_3011

Hay una antigua frase en nuestra comunidad que dice “el artista se adelanta al psicoanalista”. Esto puesto que el artista, articulado a su tiempo, contexto y ciudad produce obras. Él, a través de alguna forma de sublimación, nos muestra algo que podríamos denominar como el espíritu de la época. ¿Qué podemos decir nosotros sobre la época? ¿De qué época se trata? Podemos nosotros encontrar los efectos de le época en lo sujetos que buscan un lugar de escucha. Mas, qué podemos decir de la época en sí.

Pues bien.  Esta noche nos convoca un título y un libro. El título de nuestras jornadas de este año 2019: “¿Qué es un padre? – Consecuencias clínicas y políticas de su declinación”; y un libro: “Ámok”, cuyo escritor tenemos aquí presente.

“¿Qué relaciona este libro y nuestras jornadas?” Me preguntó hace unos días un colega. La violencia, respondí. Y el subtítulo de la noche de hoy como pregunta: ¿Declinación del nombre del padre – auge de la violencia?

En psiquiatría existe algo llamado Síndrome de Ámok, también conocido como ataque homicida. Según la OMS se trata de un episodio aleatorio, aparentemente no provocado, de un comportamiento asesino o destructor de los demás, seguido de amnesia y agotamiento. A menudo va acompañado de un viraje hacia un comportamiento autodestructivo, es decir, de causarse lesiones o amputaciones llegando hasta el suicidio.

Si bien no contamos con los relatos de aquellos que cometen actos violentos en nuestra ciudad. Podemos quizá tomar la historia de X escrita aquí. Como escuchan, no hay un nombre para este sujeto, solo una incógnita que invita a  que cualquier nombre ocupe aquel lugar.

Se trata pues de la historia de un hombre que fascinado por las noticias de unos homicidios de resolución complicada abandona a su novia, trabajo, proyectos y vida para ir tras una extraña secta autodenominada Ámok.

Los actos en sí no son graficados explícitamente. Quizá por la amnesia de X, condición que lo hace “ideal” para este tipo de “trabajo”. Lo que sí sabemos es la consigna que tiene el protagonista por llegar a la mayor velocidad posible hasta el otro punto de la denominada “partida”. Una especie de vorágine que condensa el consumo de cocaína, la violencia, velocidad e hipersexualidad.

¿Qué podría llevar a un sujeto a embarcarse en un grupo como este?

El aburrimiento de una vida monótona: terminar la universidad, trabajar de 10 a 7 y de lunes a viernes, tener una novia, hijos, una casa, etc… podría decirse. Pero el autor nos da pistas de algo que no termina de cuajar en aquella vida de la cual parte.

Nía, novia del protagonista, es descrita como, siguiendo a Freud, la dama idealizada. Ambos encuentran una compañía en la orfandad en la que se encuentran. “Con ella se podía hablar de todo excepto de ellos mismos… Y es que pocas veces hablábamos sobre nosotros, no queríamos hacernos daño” escribe en la página 45.

Y encontramos un hecho quizá clave para entender la huida de X. Luego de reducir sus hábitos sociales casi por entero un día descubre que ya no la soporta más. Su interés había mudado un poco a la pandilla obsesionada por vivir toda junta al margen de todo y aquella vez X quería estar al margen de todo. Más adelante dirá: “con el tiempo, además, conocería el límite de su atracción”:

“¿Cómo podría conformarme con un solo chico?” – le dijo.

Esto marca una división en la pareja. “Descubrí de pronto que entre su cuerpo y el mío, en medio del sudor que en ese momento nos unía, se colgaba una larga fila de sujetos. Porque yo no era el único… no volví a preguntar…de cualquier forma ella decía que a ninguno lo había querido tanto como a mí”. Empiezan aquí los celos. La imaginarización de su primera relación amorosa. Sueña que la pierde. Sospecha que le ha sido infiel busca mediante el goce fálico recobrar algún lugar perdido.

Parte entonces. Se reúne al norte con 3 compañeros: Óscar, Perales y Marta. Descubre allí que las partidas no se dan de forma constante sino que debe tener un trabajo común como fachada. Descubre allí una vida repetitiva en la que trabaja para hacer algo más. Es el nuevo allí. Descubre que aquel lugar es el medio para llegar a otro lugar. Marta, por ejemplo, quiere ir al sur de donde X proviene.

En el capítulo 7 se da cuenta que ha vuelto a ser esclavo de alguien más. Lee una inscripción en un cuadro que dice: “Porque agua eres y al agua volverás”. El supuesto goce que encontraría en ese lugar está vetado para él.

Se percata que aquella tribu no es de amigos, sino de una comunidad de goce. Una sensación que le genera en sus palabras: “anclado a una voluntad ajena, no humana, la corazonada que me dice que el diseño del juego no es de este mundo, que el engranaje ha excedido los límites de la comprensión animal para convertirse en algo más, un mandato tecnológico absurdo”.

Empieza a sentirse raro pues sus compañeros no sueñan. Solo cumplen lo que les toca. Dicen no disfrutar, ni encontrar diversión en aquellas partidas. “La falta de descanso y fantasía es la raíz de su delirio, una atalaya que no sirve de nada si no hay nadie que te acompañe”.

Tal como Freud señala con relación al trauma en etiología de la neurosis se puede hallar dos tiempos y el primero hay que buscarlo en la infancia. Si tenemos entonces en un primer momento una partida de X frente al encuentro con la no relación sexual, es decir, con el Otro goce de su mujer. Cabría entonces esperar una primera desazón años atrás.

Sobre la historia familiar de X tenemos un punto de quiebre marcado por la muerte de la madre. Cambió dirá, “el sueño de chico de la moto por el romanticismo de una depresión cotidiana”. El padre, quien acompañaba a X al colegio de forma afectuosa, dejó de hacerlo. En su lugar instaló un trato frío, distante y violento. La muerte de la madre puso sobre el tapete la fragilidad del padre y su intento de respuesta en forma de ira. La partida queda relatada en la página 191:

  • Fui a recogerte una vez que paso – sigue mi padre-. Estabas dormido en el sillón frente a la tele. Cuando te desperté y me reconociste solo peguntaste: “¿ya?”. Como si desde antes hubieses sabido que tu mamá se iba a ir.

Pues lo sabía.

Siento ahora su abrazo último, regreso a sus ojos fatigados por el sedante, su lucha por no aparecer extraños ante mí. Puedo ver a mamá de nuevo. Su aferro a la vida, a nuestra complicidad risueña. El tacto tierno y severo que me transmite lo que nadie más quiso decirme: adiós.

  • ¿Y tú qué me dijiste? – Pregunto.

Él se ríe. Me hace reír a mí también, sin motivo, solo por el hecho de hacerlo juntos. Aunque en el fondo encuentro, todavía vivo, el rencor. Porque fue él quien me dijo que me fuera.

Muere la madre sin despedirse. X Huye. No quiere saber.

 

Conversación:

Con respecto a la violencia recordemos que en los albores de la modernidad, el concepto de “contrato social” creado por Thomas Hobbes consideraba que el hombre liberado a sí mismo es el lobo del hombre (homo hominis, lupus), aquel marco simbólico era necesario para refrenar tal impulsividad que hace de la sociedad humana una formación de individuos dominados por ambición de mando y de dominio.

Hay dos cuestiones a tener en cuenta: por un lado, que la exacerbación de los derechos individuales llevaría más bien al no respeto por los del otro, y por otro la importancia de que los sujetos se sientan medianamente reconocidos por el gobierno que los representa, caso contrario existiría un aumento de la violencia.

Tal imperio también se manifiesta en que ella no emerge como medio para otros fines –que irían por ejemplo desde ganar una guerra y ser fiel a una nación, hasta obtener un bien como en el robo– sino que ella estalla a veces careciendo de estrategia, permitiendo dicho corriente de “la violencia por la violencia misma”. Es que esta violencia suele navegar en el sin sentido, en la medida en que está desprovista de marcos que podrían imaginariamente otorgarle una razón, ella prolifera habitualmente huérfana de ideología y en el plano delictivo sin código.

 

 

 

 

Anuncios

Presentación de Bitácora Lacaniana – 3

Posted on Actualizado enn

Por Fernando Gómez Smith

bitacora

Voy a trata un tema que podría llamarlo, para utilizar una frase popular “mata dos pájaros de un solo tiro”. Lo hace porque toma en primer lugar el eje central que ha tenido el texto de Bitácora Lacaniana número 3 y a su vez, si leemos los casos clínicos que vamos a encontrar en Bitácora Lacaniana número 4, son casos que tienen como orientación también el mismo eje.

Este eje al cual estoy haciendo referencia es lo que en psicoanálisis de orientación lacaniana llamamos “Goce femenino”. Voy a tratar de introducirlos, dar unas cuantas pinceladas, que les permita por lo menos de qué se trata.

Jacques-Alain Miller en el seminario que dictara en el 2011, que lleva por título “El ser y el Uno” va a decir que “Lacan generalizó el goce femenino hasta hacer de él el régimen del goce como tal”. ¿Cómo podemos entender esto?

La distinción entre lo masculino y lo femenino a partir de la biología no es tan exacta, el goce siempre fue organizado desde lo viril y por lo tanto el goce femenino era lo que escapaba a las leyes del goce masculino. Así lo hizo Freud y de alguna forma también Lacan. Pero posteriormente y paulatinamente a partir del Seminario 19, Seminario 20, se va haciendo más firma la idea de que en realidad el goce femenino no es algo que escapa del goce masculino sino más bien que es el goce primero del sujeto humano y posteriormente viene una forma de goce nueva que es el goce masculino, el goce masculino se establece sobre el goce femenino. Por lo tanto, el goce como tal, que es un goce no edípico, queda reducido, en cierta forma, a un acontecimiento del cuerpo.

Hay que ser claro, y hay que entender que lo que plantea Lacan es que lo femenino no son las mujeres, tampoco es el feminismo, sino que es un lugar. Este lugar se puede nombrar a partir de tres elementos fundamentales: el vacío, lo ilimitado y la ausencia de referente. El vacío no es la falta que bordea lo simbólico, es por definición ilimitado, aquello que no tiene límite, no tiene referente preciso. Mientras que el goce fálico, que tampoco es exclusivo para los hombres, por el contrario, está cercado por un límite que hace al lugar de la excepción.

Lo femenino es un campo al que las mujeres se ven especialmente convocadas desde su anatomía. Si acordamos con Freud, podemos decir que “hay consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”: a las mujeres les habita un vacío. El problema es la dificultad que se suscita para saber manejarse en un territorio sin medida. Es más fácil moverse en un sitio acotado, medido, y simbolizado que “soltarse en los conjuntos abiertos de los cielos ilimitados”.

Por lo tanto, desde la perspectiva del goce, podemos hacer la distinción entre goce fálico: aquel que es claramente representado por el hombre y que se caracteriza por la medida, el límite y lo simbolizable; y goce femenino, ese que Lacan dice como suplementario al fálico. Goce Otro, que también llama en el Seminario 19 gozoausencia, lugar que no tiene representación ni límite alguno.

El niño cuando nace es un cuerpo vivo, y en ese cuerpo vivo entra el significante y produce goce, para que exista goce tiene que haber significante y cuerpo vivo, El Otro y el cuerpo, es decir no hay goce sin significante, no hay goce previo al significante.

Pero la vuelta que da Lacan a esta altura de su enseñanza, estamos en los años setenta, es que ese significante que entra y produce goce no es entendido como proveniente del Otro, sino desde el Uno.

Podríamos figurativamente hablando decir que es un compacto de significante y goce, que ese ser vivo siente en su resonancias que son de él, no vienen del Otro. El Otro no existe todavía. Esta es la gran diferencia con la primera enseñanza de Lacan, en ese momento lo que nos plantea es que el sujeto se encuentra con el Otro y el Otro penetra en ese sujeto pero ese sujeto ve que es el Otro quien interviene.

En esta concepción del Uno y no del Otro, este Otro está elidido, está desconocido, no existe. La experiencia de satisfacción que trae Freud en el Proyecto para neurólogos y posteriormente en la interpretación de los sueños, es una experiencia del Uno donde interviene la pulsión escópica, donde interviene también la función oral, como una experiencia de satisfacción donde Freud coloca al Otro como algo fundamental desde el primer momento.

Es verdad sin el Otro el niño no sobrevive, pero el niño no sabe que sobrevive por el Otro, incluso cuando el niño mama, para él, el pecho, no es de la madre sino que le pertenece. Esto es lo que podemos llamar el Uno, no es con el Otro, posteriormente se va entender que es del Otro.

Entonces se van a ir produciendo resonancias de goce, que Lacan llama en el Seminario 21 “una sustancia gozante”. A estos compactos de significante y goce, estos significantes que no son articulados, que son pegados uno al otro, es lo que Lacan va a llamar goce femenino. Es un goce sin ley, o que sigue las leyes del puro goce.

Desde la clínica

Sabemos, desde Freud, con Lacan, que la histérica desconoce qué es Una mujer, y que esta pregunta organiza su estructuración subjetiva. ¿Por qué? Mientras el lugar femenino es el No-todo, no todo fálico, la histérica se sitúa en un terreno Todo fálico, masculino.

¿Por qué la histérica no es femenina? Lacan lo responde en “…o peor” porque hay un “contrasentido radical”, podemos continuar, y ¿Cuál es? El sentido contrario al No-todo. Ese es el lugar al que puede acceder Una mujer cuando ya sabe hacer con el goce femenino. La histérica quiere llenar ese vacío propio de lo femenino con demandas, objetos, caprichos, busca saciarse pero el resultado es siempre el mismo: insatisfacción.

Lacan también nos habla de otro desconocimiento, nos dice: “el desconocimiento del hombre…constituye la definición de la histérica” Ella necesita ubicar al hombre en el lugar de la excepción, entonces le da un estatuto de omnipotencia y dice: “no hay otro igual, él es el mejor”, para luego barrarlo, hacerlo impotente ante la mínima falla, y así concluir: “todos los hombres son iguales”.

Lo que la histérica desconoce en los hombres es su castración, ya que le pide cosas imposibles. Un hombre no puede colmar totalmente a la mujer, porque la mujer es No-toda. Barrar al hombre no es sinónimo de admitir su castración, todo lo contrario. Barrar al hombre es denigrarlo, ridiculizarlo en tanto pesaba sobre él una exigencia de pura potencia. Admitir la castración es poder reconocer en el hombre el límite que lo constituye, ser dócil a su fantasma que difiere tantísimo de ser obediente. La docilidad al hombre es efecto del deseo, la obediencia es sucedánea del superyó.

Una mujer bella es quien puede enlazar el goce femenino con el fálico en un movimiento constante y distinto, cada situación de la vida requiere diferentes modos de hacer. A veces se puede estar más suelta, otras no tanto. Si una mujer se suelta totalmente a lo ilimitado cae en el horror desenfrenado, es mortí-fiera; si se restringe demasiado y rechaza el sin límite se torna rígida y masculina.

Un análisis nos da ese recurso, la experiencia en que cada Una puede hacer de su cuerpo una singular tela femenina: un modo de decir de la estética del goce femenino al fin de un análisis.

Toneles unos más fútiles que otros…

Posted on Actualizado enn

Laura Benetti

Presentación del Libro “Cajas” de Mario Montalbetti en La Alianza Francesa de Miraflores

La futilidad aclara Lacan  es la vía de tapar los agujeros, pero lo que se produce, la fuga es lo que anota del agujero su lógica;  sus efectos sin embargo son incalculables, no se calcula pero se trabaja para el goce

Se sabe que de Babel resta la operación  que usurpó de un solo golpe, la esperanza de lo ilimitado, habitar en la lengua perfecta, acabada. Un límite ha sido operado, ese límite es la fuga, Lacan la llama en ese momento la discordia del lenguaje. Luego construyeron un barquito y se dedicaron a  copular.

Lacan propone que la ley de la conversación es la interrupción. No crean que se refiere a la falta de gusto, o, al desentendimiento de las leyes de la cortesía. Se interrumpe porque hay en el sentido un efecto de fuga, algo se puede encarnar en la articulación entre lo Imaginario y lo simbólico, pero  no todo. Lo real interviene, interrumpiendo al sentido. Cada vez que ello ocurre  se hace la experiencia de que el colmo del sentido es el enigma.

Venga para conversar propone Lezama  al corrillo de interlocutores que  pueblan su vida. Venga para conversar es la invitación que cursamos a Mario Montalbetti y que Mario gentilmente acepta.

Leer el resto de esta entrada »