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Comentario al Primer Testimonio de Pase de Raquel Cors “27-28-Uno” por María Hortensia Cárdenas

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Edit-7908Empezamos este ciclo de Enseñanzas del Pase con el testimonio de Raquel Cors, enseñanzas en el sentido del saber que podemos extraer, que puede quedarnos como saldo de la conversación que tendremos cada vez.

En el testimonio de Raquel que acabamos de escuchar, titulado “27-28-Uno”, tenemos la lógica con la que puede aislar los elementos primordiales de su trayectoria analítica que terminan haciendo letra a partir del Uno. El testimonio muestra cómo a partir de una tristeza de fondo que no se ve puede empezar un cuarto recorrido, vivido con agonía. El analista señala que serán entrevistas postanalíticas y empieza un apurado final hasta que contingentemente puede producirse una satisfacción inédita que toma el estatuto de sinthome.

La narración del testimonio da la impresión de estar hecho de piezas sueltas (no es un relato lineal, cronológico) que se van anudando hasta la sorpresa del final cuando se topa con el agujero a falta del 29. Hemos escuchado a Raquel (una cosa es leerlo, ¡otra cosa es escucharlo!) e impresiona el acontecimiento de cuerpo en el momento de transmitir su testimonio, la emoción producida, inesperada.

Llama la atención lo que Raquel ubica como acontecimiento de cuerpo, un movimiento como si estuviera a punto de saltar que le resultaba divertido y que se lo cuenta al analista muerta de risa. Digo que llama la atención porque contrasta con la agonía del final que vivía. Es el entusiasmo del final, responde con una sonrisa el analista. Destaco este punto porque en otros testimonios hemos escuchado o leído acerca de lo interminable del final o el atravesamiento del desierto pero no agonía. Por otro lado, para Raquel las cosas sucedieron muy rápidamente y ella pidió al analista parar, a lo que recibió como respuesta: no hay vuelta atrás. La presencia del analista y su persistencia en la urgencia la llevaron al final. El analista la empujaba sin soltarla en la lógica del apuro para llegar al final. Algo importante que transmite Raquel es que el final no tiene que ser ni triste ni dramático. Ella había vivido este último trayecto con esa tristeza que duele para arribar al salto, al movimiento que la saca del destino de la niña que casi se muere, de haberse quedado en ese estado de sufrimiento fetal y ser una sobreviviente que ha superado la marca fatal. Es un más de vida.

Hablemos del fantasma. Éric Laurent (“Fin de análisis / Eric Laurent”, en YouTube) dice que en el psicoanálisis, “atravesamiento del fantasma” es también darse cuenta de que, precisamente, cuando uno está programado para gozar de un cierto modo, tiene fijaciones, pero también la posibilidad de abrirlas. Su programa de goce está encarnado, implementado en el fantasma.

Raquel indica a los fierros como un S1 primordial, ella le pesa al otro a modo de síntoma que no cesa de escribirse. Están las coordenadas de su nacimiento: el sufrimiento prolongado del trabajo de parto, el cuerpo desarticulado cuando nace que necesita de yesos en las caderas y brazo (necrosis) y férulas en las piernas. La marca fatal es que va a morir y el deseo de la abuela la salva: será linda, inteligente y buena. Es la ficción con la que se arma para sobrevivir.

Identificada al objeto que le pesa al Otro, se fija un goce que se constituye en distintas maneras de sufrir en soledad, silencio, inhibiciones. No se hacía escuchar pero se hacía mirar. Identificada a un rasgo de su madre, ella se mostraba fuerte e independiente, una identificación fálica que, con los duelos por la muerte de sus familiares, y una crisis matrimonial, produjo una caída que la desarmó. Hacer uso del objeto mirada perdió su fuerza.

Se siente molesta porque el análisis no movía todo el malestar y se escucha decir en el diván: Siento que mi análisis va mal, por lo que digo, por lo que hago y por lo que tengo. La analista se sacude el cabello llevándolo a la cara, se tapa los ojos con la agenda y en silencio la acompaña a la salida. Los efectos no se hicieron esperar: Raquel pudo precisar la frase fundamental fantasmática: bien visto, mal visto, no visto. Esto fue lo que se fijó en su fantasma satisfaciendo la pulsión, todo su mundo enmarcado en lo bien visto, en lo que se hace y no se hace.

Su programa de goce, síntoma y fantasma quedaron definidos. El problema surgió cuando a raíz del duelo queda triste, decaída y sin el asidero del deseo del Otro. Se termina la seguridad fantasmática con la que se movía en el mundo y, como dice Raquel, lo real del objeto mirada y el objeto voz quedaron sueltos. Esperamos las elaboraciones en torno al objeto voz en futuros testimonios.

Laurent dice que una vez que se explora suficientemente este programa, que se ha podido leer la escritura de este programa, uno puede utilizarlo para pasarse de él y estar más abierto a las contingencias efectivas de su vida. Los encuentros que hasta ahora no podían entrar en ese programa demasiado fijado.

Cómo consigue salir de este programa: sigamos el hilo con el que nos lleva Raquel a comprender su salida, tomemos las piezas sueltas del proceso. Como dice Laurent, la decisión de deshacerse, de tomar la apuesta, de entrar en algo sin garantías, sin la garantía del programa de goce… Eso es una decisión que efectivamente se toma al final. Y más que un instante, es un proceso.

Un momento es cuando puede dar una vuelta más a la ocasión en que tambaleó su matrimonio, se sintió desgraciada. El analista agrega: desgraciada y niña. Eso le permitió el desinvestimiento libidinal de la marca traumática, tuvo que soltar a la niña, separarse de ella.

Otro momento fue la necrosis en la nariz, un agujero sin diagnóstico que revivió la necrosis en el brazo en la infancia cuando casi pierde el brazo. Perder un pedazo de la punta de la nariz fue el saldo en contra.

El cuento de Kafka con la puerta abierta solo para ti, que en el cuento nunca tuvo la fuerza de cruzarla y muere. Es lo que le permite a Raquel atravesar la puerta. Los sueños no pierden su efecto con el paso del tiempo: el sueño de 10 años atrás permite este solo para ti singular.

El sueño del final, cuando logra librarse de la muerte, se agarra de los brazos del analista para luego soltarse, saltar y salir. No solo se suelta del analista al final sino que, como ella dice: el analista le permitió soltar las horribles identificaciones de esa niña que casi muere. El psicoanálisis la salvó de no ser un falo muerto.

Una vuelta final a las coordenadas de su nacimiento. Los dolores de parto de su madre fueron el 27, 28 y 29 de mayo. Raquel cae en cuenta de las fechas en la penúltima sesión cuando es febrero y tiene las últimas sesiones, el 27 y 28 y no hay el 29. Lo que se escribe en ese momento es el Uno, una letra, una cifra sin sentido. Es ahora lo que queda por hacer: 27, 28, Uno, sin dos. Toda la lectura del caso nace del número 29 pero cuando ya no está, por la contingencia, es el Uno, es el renacer, ya no está la Raquel del 29 y nace con el Uno. Son los pasadores que le dicen que es un más de vida, una voz viva. Raquel se sirve del Uno sin dos para renovar siempre lo por venir, para inventar en cada ocasión. El Uno es lo que queda por hacer cada vez.

Con esto es suficiente, es el final producida por la decisión de llegar hasta este punto, pero no sin el analista como recuerda Raquel. Ella también dice que está convencida de que el pase tiene que revivirnos, cada vez, en la Escuela. Totalmente de acuerdo.

 

María Hortensia Cárdenas

Enseñanzas del Pase en la NEL-Lima

21/11/18

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Soledad sin desolación

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Introducción

La noche del 9 de mayo en la NEL-Lima, en el marco del ciclo “El Pase en el centro de la Escuela”, Ani Bustamante, psicoanalista asociada de la sede, presentó el tema “Soledad sin desolación” al final del análisis.

Ani tomó los testimonios de dos AE de la Escuela: Gabriela Grinbaum y Beatriz Udenio.

A partir de ellos, y con mucho arte, nos hizo caminar de la mano el trayecto que va de la soledad fantasmática, la paradójica soledad de la consistencia del Otro, la soledad de tener que ser… a la soledad satisfactoria de quien inventó cómo vivir con su real.

Ani hizo resonar lo femenino y el amor entre los asistentes.

Patricia Tagle, psicoanalista miembro de la NEL-Lima, estuvo a cargo de los comentarios.

A continuación compartimos la presentación de Ani esa noche.

 

Renato Andrade

Director

 


Soledad sin desolación

Por Ani Bustamante

El fin de un análisis se puede pensar como un trayecto hacia la soledad sin desolación, dada la extracción de un nuevo S1 al caer las identificaciones que alienan al Otro.

 Por eso hay algo de poema en el testimonio de un pase, algo que transmite pero no aliena, algo de la soledad de la letra, y del sonido que percute en el cuerpo.

 Me valdré de los testimonios de Gabriela Grinbaumy de Beatriz Udenio, en ellos quiero remarcar, además, el correlato que encuentro entre el advenimiento de “una mujer” y la soledad de la letra, que en ambos casos surge en el intersticio, haciéndose lugar entre la tiranía del significante.

 Gabriela Grinbaumhace un recorrido que empieza con la pregunta ¿qué significa ser una mujer original?, en esta preguntame chirrió el significante “original” por su relación con el mito metafísico del origen. Lo interesante de este caso son las tensiones que desde muy temprano habitan en la analizante en relación a lo materno (y su relación con lo femenino, y con el amor).

 Grinbaum rechaza la identificación con el origen materno, buscando aquello peculiar y diferente, y lo nombra como: la originalidad en una mujer. Así, desarma los disfraces femeninos: la mujer con tacones, la maquillada, el rosa, etc, y se plantea que una mujer original es aquella que: “da origen a algo nuevo. Es una mujer que se inventa a sí misma.Es una mujer que rechaza las marcas recibidas por la madre.”  Es decir, la mujer original es un despliegue de ideales… una vuelta al mito.

 A partir de esta apertura interrogativa y su respuesta temprana desde el ideal, el testimonio nos muestra la trama entre La mujer, el ideal y el amor. Las dificultades para situar lo femenino en singular pasan por atravesar el campo de lo indecible, es decir, eso “original” no se engancha a la cadena significante, este agujero la lleva a la constante pregunta por ¿qué es una mujer? y cómo se accede a ese Otro goce, ese que suponía era sin el falo. La analizante mantenía la búsqueda del acceso a lo femenino desde el significante y desde la imaginarización, identificándose, así, a lo masculino, e intentando reparar la poca masculinidad del hermano y al silencio de un padre sin deseo hacia la madre. No había, entonces, lugar para la soledad de lo indecible.

Esta búsqueda por ser La mujer ideal, la que siempre es “más” la deja adherida a su fantasma, lejos del encuentro con ese Otro goce que anhelaba.

La desolación puede ser uno de los efectos del ideal.

En el recorrido del análisis vemos cómo ese mito del origen (tanto en su vertiente de originalidad, como en su transcendencia metafísica) cae. No hay trascendencia en lo femenino, nada que encontrar de esencial, de “natural” (que fue el significante que le resonó desde pequeña) por debajo de la máscara.

 “Mi final de análisis se produjo cuando fue posible la tachadura de La Mujer, es decir, cuando pudo reconducirse el ideal femenino de La Mujer a una mujer. La revelación que detrás de la máscara no hay nada. Que lo femenino es la máscara misma”.

A partir de aquí tiene acceso a Otro goce, del que dice:

“El goce obtenido en el final no está articulado al fantasma. He aquí el goce femenino. No hay fantasma que lo sostenga.”

De la misma manera Beatriz Udenio nos muestra el trabajo de filigrana en análisis, a partir de cual la búsqueda de la designación del Otro -que empieza con “vos vas a serla madre de mis hijos”- recae en ella como una cárcel significante que puebla su vida amorosa de h(n)ombres que la sitúen, que den localización a lo femenino.

 En ambos testimonios, la llegada de la soledad se puede pensar como una manera de romper los tentáculos del fantasma. En el caso de Beatriz Udenio, ella queda atrapada a la nominación dada por el Otro (“vos vas a serla madre de mis hijos”) y por el lugar de falo materno. En el caso de Gabriela Grinbaum, atrapada a la identificación al ideal femenino, a La mujer.

 Udenio, en relación al lugar que tempranamente ocupa la escritura y la letra, dice:

“en casa, la pupi -la muñeca- para mi madre era yo y mi recurso para esconderme de su cuidado y mirada insistente era el de aislarme a reproducir letras de un periódico de la lengua materna, el rumano, disfrutando de hacer arabescos. Así aprendí a escribir.”

 El en-canto marcó su relación con el Otro al que llegaba desde la amabilidad y la sonrisa congelada que marcaba una distancia. La docilidad para acomodarse al deseo del Otro en busca de un lugar, la deja a merced de los vaivenes de ese Otro, en una franca situación de desolación, en la medida que desolado está quien tiene a su ser colgando del reconocimiento, desolada en tanto su vida pende de quien puede quitarle lugar.

Es en un tercer análisis cuando circunscribe la voz que buscaba “dulcificar la oreja del Otro”, esa voz que surge como objeto a, sobre la cual dice que: había surgido como resto de la constitución de mi lugar para el Otro”.A partir de allí las cadenas entre ella y el Otro se desarticulan, dejando en ese resto de voz, el viento invisible que queda como resto de los nombres. Decide empezar clases de canto y descubre el goce que le produce el “recorrido del aire hasta la salida de ese objeto, que nace perdido, ex – sistente, separado”

Finalmente, a partir de un sueño en el que iba en un tren y llega hasta un cartel que dice: “Terminal B”,  localiza la soledad del final, con un resto de voz, y con una letra: B

 En ambos casos, la búsqueda de la singularidad encallaba con los nombres del Otro. Ser mujer sola, es decir, liberar el goce de la atadura mortificante del significante, se revela con mayor intensidad en lo femenino. La necesidad de asistir a la urgencia del Otro para sostener el propio ser, se conjuga con una posición en el amor basada en el hacerse amar. Me parece interesante cómo en el final del análisis de estos dos casos, el amor cambia de lugar: hacerse amar, pero también amar, algo en el amor propicia el encuentro con esa Otra mujer que arriba extranjera, ya sea en el ir-y-venir de una ciudad a otra (Beatriz Udenio) o en amar sin la insistencia para que la “relación sexual” exista.