goce femenino

Lacan y el goce femenino

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El goce femenino fue un enigma para los psicoanalistas:

En el Seminario 14 “La lógica del fantasma”, Lacan se queja de que el psicoanálisis no ha dicho nada sobre el goce femenino: Clase del 10 de mayo de 1967: “Hace falta agregar que durante sesenta y siete años los forjadorcillos psicoanalíticos no han hecho nada para que sepamos más sobre el goce femenino, aunque de la mujer, de la madre hablemos sin parar, es algo que vale la pena resaltarlo”.

Clase del 24 de mayo de 1967: “Hay una cosa que vale la pena que sea remarcado, observada: que el psicoanálisis parece que en una cuestión tal como la que acabo de producir, volverá incapaces a todos los sujetos instalados en su experiencia, principalmente los psicoanalistas, de afrontarla mínimamente. La prueba está hecha abundantemente; en esta cuestión de la sexualidad femenina no se ha hecho jamás un paso que sea serio, viniendo de un sujeto aparentemente definido como macho por su constitución anatómica. Pero lo más curioso es que las psicoanalistas mujeres, aproximándose a este tema, muestran todos los signos de un desfallecimiento que sugiere que están, por lo que podría tener que formular, aterradas de suerte que la cuestión del goce femenino no parece próxima a ser puesta en estudio ya qué ¡mi Dios! es el único lugar donde se podría decir algo serio. Al menos de evocarlo así, sugeriría a cada uno y especialmente a quien pueda tener algo de femenino entre los que parecen mis auditores, el hecho que se pueda expresar así en lo atinente al goce femenino; nos basta ubicarlo para inaugurar una dimensión que, aún si no hemos entrado por no poder, es esencial situarlo”.

En el Seminario 17 se queja, pág. 75: “Evidentemente, Freud a veces, nos abandona, se escabulle. Abandona la cuestión cuando se aproxima al goce femenino”.

La cuestión del capricho.

Lacan estudia la cuestión del capricho en el Seminario 6. Allí hace equivaler la voluntad presente en el capricho, a la pulsión como voluntad de goce, cuando lo real aparece como el amo. “Así lo quiero, así lo rodeno”, cita de Juvenal refiriéndose a una mujer que no cesa de exigir a su marido de repente que mate a un esclavo. Lacan comenta el film “La regla de Juego” de Renoir.1 Este pasaje fue comentado por Miller en Los usos del lapso2 y en “Teoría del capricho”3

Lacan empieza por diferenciar el goce y el deseo, así como también el goce femenino y el masculino

Lacan, J. Seminario 10 La angustia. El objeto (a) se forja a partir del objeto que se llamaba pregenital, es decir, cuando se aísla en la experiencia analítica un “goce” llamado pulsional exterior al deseo y relativo a la demanda del Otro. “El goce es algo que no es del orden de esta actividad armoniosa que llamaríamos actividad psíquica (…) Este término es en sí mismo el índice de un disfuncionamiento absoluto”4. (…) En el goce la relación es con el objeto más bien que con el partenaire.

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Del goce femenino al sinthome[i]

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Marita Hamann

texto marita

La noción del goce femenino como sustrato de todo goce es un nuevo paradigma del goce que JAM extrae de su lectura de la muy última enseñanza de Lacan, especialmente, de lo que se desprende del seminario XX en cuanto a la existencia de un goce no-todo atravesado por la función fálica, y del seminario XXIII, por cuanto las elaboraciones de Lacan en torno a Joyce permiten avizorar maneras de hacer con el goce que involucran una suerte de inconsciente real, allí donde la dimisión paterna es patente (lo que ocurre siempre en algún grado, en todos los casos).  Vale decir, no lo encontraremos explícitamente señalado por J. Lacan como tal.

El hilo que sigue JAM está expresado en su discurso para la presentación del próximo Congreso de la AMP, donde, entre otras cosas, dice lo siguiente:

“Lacan ha utilizado el lenguaje matemático que es lo más favorable a la ciencia. En las fórmulas de la sexuación, por ejemplo, ha tratado de captar los callejones sin salida de la sexualidad en una trama de lógica matemática. Y eso ha sido como una tentativa heroica de hacer del psicoanálisis una ciencia de lo real como lo es la lógica.

Pero eso no se puede hacer sin encarcelar el goce en la función fálica, en un símbolo. Implica una simbolización de lo real, implica referirse al binario hombre-mujer como si los seres vivientes pudieran estar repartidos tan nítidamente, cuando ya vemos en lo real del siglo XXI un desorden creciente de la sexuación.

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