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“Migraciones y después…” por Luis Alberto López Espinoza

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“Migraciones y después…”

Luis Alberto López Espinoza

NEL-7

Si bien la urgencia del tema “Migraciones y después…”, con puntos suspensivos al final, se instala por la crisis cada vez más aguda en Venezuela, me parece importante mencionar que en el Perú, así como en otros países de nuestra región, se ha experimentado en carne propia este tipo de procesos. Peruanos que se fueron del país, que de a pocos van regresando, así como también el masivo proceso migratorio interno de lo rural a lo urbano. Lo nuevo quizá para nosotros es habernos convertido en un país que recibe, a veces bien, a veces mal, a tantos emigrantes foráneos. Incluso, quizá por primera vez, fue un tema de particular relevancia en las elecciones de autoridades distritales y regionales del año pasado.

Y es justo a partir de lo que les cuento que extraigo algunos momentos de un conversatorio que tuvo lugar hace dos semanas en una universidad limeña: “Migración y migraña” se titulaba. En la mesa de ponentes se encontraba un representante indígena amazónico, otro andino, y un venezolano. Cada quien hablaba de sus experiencias en Lima, de las razones que lo llevaron a salir de su lugar de origen y de cómo vivían este hecho social total.

Con las diferencias del caso, los participantes indígenas tenían un discurso similar que se amparaba, y aquí los cito, “en los más de 500 años de invasión española”. Con respecto a la intervención del venezolano, ésta fue llevada de otra manera. El habló en primera persona y acompañó su testimonio con fotografías e ilustraciones. Agregó además que él vino al Perú por trabajo hace más de seis años y ciertamente su condición, si bien es la de un migrante, corresponde más a lo que en términos labores se denomina como un “expatriado”.

Al finalizar las intervenciones, lo que se desató fue una suerte de disputa por ocupar, de manera individual pero también como colectivo representado, el lugar exclusivo y excluyente de víctima. La pregunta tácita que daba vueltas ese día era ¿quién es más víctima?

Por el tiempo disponible quiero detenerme en ese término como uno de los significantes amo de nuestra época, cuyo reverso podría ser justamente el de violencia o el de culpa. En el marco de las políticas identitarias o de las políticas públicas orientadas a este tema, se pone en juego una manera de fijar o de coagular la identidad de un sujeto y la de un colectivo. “Tú eres indígena” o “tú eres venezolano”. Nada más. Ahora, hay que notar que es el Yo quien, de manera inversa, sostiene esta estructura de una creencia; es decir, es él quien complementariamente se cree representado por un significante para otro sujeto.

La época sin embargo ha cambiado y la segregación se juega más allá del Padre. El enjambre de S1 pulula y los sujetos y grupos se constituyen, de manera reivindicativa aunque inestable, en torno a éstos. Se forman entonces colectivos a partir de cierto rasgo identificatorio y así, por ejemplo en la periferia de Lima, encontramos barrios de migrantes de diferentes pueblos indígenas y también de venezolanos. Como les comenté, existe un rechazo explícito hacia estos extranjeros al haber invisibilizado, en este caso según algunos indígenas, su existencia en la ciudad.

De hecho, resulta interesante notar que en Perú, tanto el sector público como el privado, han puesto en funcionamiento desde hace algunos años una plataforma virtual destinada a recibir denuncias sobre discriminación. El número de visitas a esta plataforma viene incrementándose significativamente debido al aumento de denuncias hechas por venezolanos y venezolanas, pero también por aquéllas reportadas por movimientos identitarios de diversa índole.

Estos procesos vienen acompañados por el uso de otros significantes asociados que buscan circunscribir aún más su identidad grupal. Así, en el conversatorio al que me referí se habló de “indígenas urbanos”, de “desplazados”, de “refugiados climáticos”, de “migrantes forzados o políticos”, pero también de la culpa al haber salido de Venezuela hace años, o del arrepentimiento de haber venido a Lima después de una de las matanzas perpetradas por el movimiento terrorista Sendero Luminoso.

Finalmente, la crisis en Venezuela y la emigración de sus ciudadanos hacia países como Colombia, Perú y otros, en su condición de acontecimiento, representa una oportunidad para interpretar por ejemplo el punto de separación singular con el que un sujeto migrante se encuentra con el Otro, cómo éste reconoce su desplazamiento, así como la experiencia íntima del exilio.

Gracias.

 

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“Peruano, chapa tu veneco y línchalo”: algunas aproximaciones iniciales de venezolanas migrantes en Lima en torno al tema Odio, cólera, indignación por Melissa Magill y Fabiola Arroyo

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NEL-1830

“Peruano, chapa tu veneco y línchalo”: algunas aproximaciones iniciales de venezolanas migrantes en Lima en torno al tema Odio, cólera, indignación

Melissa Magill/ Fabiola Arroyo

 

Si bien la diáspora venezolana se inició hace al menos una década, es en años recientes cuando se acelera y agudiza el desplazamiento de millones de venezolanos, convirtiéndose en el mayor éxodo migratorio de la historia contemporánea de nuestro continente.  Este fenómeno es consecuencia directa de una “crisis humanitaria compleja” que abarca todos los ámbitos sociales. Esto ha supuesto la pérdida del estado de derecho, el quiebre absoluto de las condiciones mínimas para la vida cotidiana, el desconocimiento general de los derechos humanos.

 

La Venezuela de las dos décadas recientes ha estado marcada por una polarización política reducida al principio amigo/enemigo. Principalmente a través de la negación de la diferencia, la negación del otro desde el discurso oficial. Replicada en buena medida en espejo por las tendencias de oposición. Es así como el odio ha estado presente como factor fundamental en Venezuela.

 

Los que permanecen en el territorio viven lo que ha venido identificándose con el neologismo “insilio”. Es decir, procesos de exilio interior. Se (sobre) vive en un país que se desconoce. Se desea volver a ese país remoto que ya no existe. La noción de futuro está seriamente afectada.

 

El reciente colapso del sistema eléctrico en Venezuela parece ser el climax de esta coyuntura. La falta de electricidad, en paralelo al blackout informativo son la PRESENTACIÓN (no la “representacion”) del país como: oscuridad, muerte y aislamiento. Del mismo modo otras distintas imágenes hablan sin metáfora de la Venezuela actual. Tal como dice el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez: “Han abolido la metáfora, el chavismo es hoy la literalidad. Literalmente la gente recoge agua de un río de aguas negras, contaminado y cargado de excrementos. No hay metáfora. Allí los tienen. Comiendo. La mezcla es entre inmensa tristeza e inmensa arrechera”.

 

Lo antes descrito supone un paisaje social pleno de odio, cólera e indignación, en sus distintas expresiones y representaciones. Lo imposible de soportar está hoy en día encarnado tanto en las condiciones de supervivencia dentro de Venezuela, como en la salida del territorio para salvar la vida propia y la de la familia.

 

Con el equipaje nada ligero de odio, cólera e indignación como venezolanos nos enfrentamos también a los discursos y expresiones xenófobas crecientes en los países de recepción. La xenofobia como expresión del odio y la negación del otro. Un odio resumido en la frase con la que titulamos este papel de trabajo. Se trata de una frase hallada en una búsqueda simple en redes sociales: “Peruano, chapa tu veneco y línchalo”. La xenofobia se presenta entonces como una manifestación pretendidamente válida de odio, colera, indiganacion.

 

Ciertamente los migrantes venezolanos somos objeto de una creciente tendencia al odio asociado a la xenofobia. De igual modo, crece la tendencia de los venezolanos a responder a la exclusión, la marginación xenofóba con discursos y con manifestaciones generalizadas de odio, dirigido hacia los países de recepción y hacia sus nacionales, sin distingo.

 

Cuando se cuenta con cierta conciencia crítica respecto a la complejidad de la xenofobia como fenómeno social. O bien cuando se cuenta con cierto soporte estructural o académico, o de igual modo con cierto acompañamiento analítico, quizá el sujeto puede tener la capacidad para comprender y hasta cierto punto tolerar estas manifestaciones. De otro modo los sujetos odiados fácilmente nos podemos convertir en multiplicadores del odio xenófobo.

 

De la misma forma en que los venezolanos convivimos con el odio cotidianamente, hemos asumido colectivamente también una suerte de indignación permanente: frente a los responsables del colapso de nuestro país de origen; frente al hambre y la muerte asociada a la hiperinflación y la escasez; frente a las políticas de represión, persecución de la disidencia… frente a la voluntad totalitaria de cercenar las libertades individuales.

 

Partiendo entonces del hecho de que la indignación nos ha conducido a los venezolanos a migrar en forma masiva,  podemos pensar la indignacion como impulso conductor para el atravesamiento de un pasaje al acto.  Del mismo modo nos urge indagar en los modos en los que esta indignación subjetiva y colectiva nos sigue acompañando en nuestros países de acogida ¿De qué manera la indignación forma parte de nuestros respectivos procesos migratorios?

 

Como conclusión abierta a esta aproximación queremos reiterar  que consideramos urgente la creación de distintos espacios de reflexión que en el marco del discurso psicoanalítico generen pensamiento crítico en torno a los significantes Odio, cólera e indignación, en relación al caso venezolano actual. En esta linea de ideas proponer la formacion de un cartel en torno al tema que nos convoca: odio, colera, indignción en relación al fenomeno actual de migración de venezolanos.

 

Comentario sobre el artículo de Miquel Bassols “Hablar con el cuerpo, sin saberlo”

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Renzo Pita Zilbert

neurociencias

1.- Hablar a causa del cuerpo

Agradezco primero la invitación del directorio de la Nel – Lima para participar en esta noche de escuela preparatoria al Encuentro americano de psicoanálisis de la orientación lacaniana.

Haré un comentario sobre el artículo de Miquel Bassols que está circulando en internet referido al tema que nos convoca al encuentro: hablar con el cuerpo. Se trata de un texto breve que intenta abordar el asunto del cuerpo poniendo en contrapunto el tratamiento que hace de él el psicoanálisis con el que hace la ciencia. Para esto primero se deberá explicar un poco qué quiere decir hablar con el cuerpo en psicoanálisis.

La referencia a Lacan es la que se encuentra en el seminario 20 y dice así: “Yo hablo con el cuerpo, y sin saberlo. Digo pues siempre más de lo que sé. Con ello llego al sentido de la palabra sujeto en el discurso analítico. Aquello que habla sin saberlo me hace yo, sujeto del verbo”.

Entonces, ¿qué quiere decir hablar con el cuerpo? Para entenderlo creo es necesario empezar a abordar el asunto desde la vertiente del deseo. Tomemos una definición que nos da de él Miller: “El deseo es el sentido y el semblante de la libido”.

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