Anna Aromí

Ecos de las XII Jornadas de la NEL-Lima

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La locura de ser… madre

Lo que el psicoanálisis enseña

 

Las XII Jornadas de la NEL-Lima fueron un acontecimiento de Escuela. Lo clínico, lo epistémico y lo político del psicoanálisis de orientación lacaniana, anudados por el Pase. El miércoles 6 de septiembre de 2018, la comunidad psicoanalítica se reunió en la sede para recoger sus ecos, su resonancia en cada uno. A continuación, dos de los textos que abrieron la conversación.

Marita XII Jornadas

Ecos

Marita Hamann

Miembro de la NEL-Lima

Como se trata de recoger los ecos que dejaron nuestras Jornadas, comenzaré por mencionar los ecos que he recibido por parte de algunos de los asistentes y que comparto.

En primer lugar, cabe destacar que han sido jornadas clínicas y epistémicas que no fueron soportadas de manera única o principal por los invitados de otras sedes o Escuelas: varios de los integrantes de nuestra sede participaron activamente en ellas. Pero es cierto también que el hecho de haber contado con la Presidenta de la NEL, una AE de la NEL y dos Ex AE de la ELP ha permitido que estas Jornadas tengan un peso político que evidencia de qué modo la Escuela se constituye al modo de una correa de transmisión capaz de motorizar a sus analistas practicantes hacia el estudio, el diálogo y el debate. De manera más concreta, es indudable que los testimonios del pase consiguen resonar de formas diversas en cada uno abriéndonos a la dimensión del Inconsciente en singular; así ha ocurrido esta vez, como no podía ser de otro modo, con el reciente testimonio de María Cristina Giraldo, tanto más por cuanto se trata de un miembro de esta Escuela.

El Pase encarna el punto vivo de nuestra comunidad y transmite en acto lo que queremos decir cuando insistimos en que la Escuela es, ante todo, una experiencia. Sin olvidar que, como indicó Xavier Esqué, la Escuela no es un fin sino un medio para sostener el discurso analítico. La política del pase, como señaló Clara María Holguín, implica que el pase es político. En el excelente recorrido que ella realizó el domingo a través de la noción de estrago, noción que también atañe ocasionalmente el lazo con la Escuela, resaltó que la propuesta de Lacan se sostiene en “la conjunción inédita entre lo analítico y lo institucional con la proposición del pase…  Lacan hace que su invento, que gira alrededor de no saber qué es un psicoanalista, se convierta en un trabajo: el pase”. La Escuela se propone, así, como un  lugar de invención. Y no del saber torturado, como nos recordaba X. Esqué el viernes.

Enumeraré ahora algunas reflexiones inacabadas que me rondan como fruto de la transferencia de trabajo que las Jornadas cristalizan y reabren; no todo, por supuesto. Como ya comenté en otro momento, ha llamado mi atención esa frase de Ana Aromí en el sentido de que la madre no solo es la que tiene a los hijos, ¾teniendo en cuenta que, también, la maternidad, desde cierto ángulo es una experiencia de pérdida que comienza con el embarazo,  continúa en el alumbramiento y aún después¾, sino que la madre, a su vez, es objeto de sus hijos, un objeto del que los hijos pueden resentir no tener nunca del todo, añado.  La madre toda no es únicamente la que se coloca como propietaria sino, también, la que se reclama. ¿No representa acaso, para remitirnos a Freud, el encuentro con la castración de la madre, el encuentro con la castración como tal? De allí que, a fin de cuentas, ninguna madre responda bien al Ideal que se levanta en la publicidad cuando se aproxima la celebración del Día de la madre. Lo que se ignora es que, salvo dramáticas excepciones, esas son buenas noticias para todos.

En la mesa que tuve el placer de comentar, Laura Benetti y Ángela Fisher presentaron dos trabajos de estructura parecida, provenientes de la literatura pero basados en hechos que efectivamente ocurrieron, y que aludían a la locura materna. Lo sorprendente es que el desenlace es radicalmente distinto en ambos casos: en uno la cosa acaba en el violento asesinato de la madre mientras que, en el otro, el niño que avergüenza a la madre por haber nacido sin un brazo consigue suplir, como mencionó Laura, la mano que faltaba con la mano del escritor, con la que se hace una vida. Lo que demuestra que, en última instancia, la responsabilidad es siempre del sujeto y ningún destino es irreductible. Pero quiero ahora volver a traer la cuestión que Anna Aromí planteó a continuación: ¿Qué relación podría establecerse entre la toda madrey el feminicidio?

De la mujer que se afirma por lo que tiene, que rechaza lo concerniente a la diferencia sexual, cuyo modelo es la fantasía o el fantasma del amor mutuo y recíproco, como el que, por ejemplo,  supuestamente se ´profesarían madre e hijo,  según el cual la pareja es, en ciernes, un niño a educar (o reeducar), de esta mujer, pues, es posible decir que se “autofeminicida”. Ese amor ideal solo puede  realizarse a condición de suprimir toda alteridad, puesto que consentir en esta implica la asunción de cierta soledad, la misma que, verdaderamente, tampoco ocurre en la experiencia real de la maternidad, dado que la mujer que ha de parir y preservar la vida del bebé que tiene en brazos no deja de padecer una soledad que no pocas veces la conduce a la desesperación.

Como señala Leonardo Gorostiza en una entrevista publicada ayer a propósito de las XVII Jornadas de la EOL, si, por un lado, asistimos a la proliferación de los sexos y las identificaciones, por otro, “podríamos estar asistiendo, paradojalmente, a un rechazo de la alteridad que lo femenino implica para cada ser hablante”, de la mano del capitalismo y la ciencia, cuyo horizonte es la homogenización: la producción de subjetividades sin causa, es decir, sin relación con la más íntima verdad que es, al mismo tiempo, una extranjera. Los primeros movimientos feministas se ubicaron  del lado macho de la sexuación, agrega Gorostiza, y no de lo femenino en tanto tal, por cuanto este implica afrontar la radical alteridad del Otro, comenzando por ese Otro que es el cuerpo no tan propio en el que habitamos. Y por eso, los feminismos contemporáneos tenderían, pese a lo que postulan, a acentuar la discordia entre los sexos.

Terminaré con una invitación: Se dice muchas veces de quien muestra una conducta cruel, “ese (o esa) no tuvo madre”. ¿En qué se apoyaría tal expresión? ¿Cómo podríamos nosotros ponderarla?

 

Ecos

Lilibeth García

Asociada de la NEL-Lima

Lilibeth XII Jornadas

¿Qué efectos?

Un efecto de alegría, de vitalidad, de reafirmación de mi deseo decidido por el psicoanálisis. Nuestros invitados pusieron en acto el gay-saber, pusieron a circular la alegría de saber, de uno que se produce desde el consentimiento del agujero. Una transmisión que toca el cuerpo y que como analizante me interpela en relación a mi análisis y en mi relación con la Escuela.

Escuchar el testimonio de María Cristina Giraldo en esa apuesta por darle la vuelta a las situaciones de su vida, la tenacidad de su deseo, no quedarse en el estrago, de ir hasta las últimas consecuencias en su análisis, las palabras de Anna Aromí animándonos a empujar nuestro análisis hasta las últimas consecuencias, me parece de tal importancia porque sitúa en cada analizante la responsabilidad de su deseo, llegar hasta las últimas consecuencias me parece que es sostener un vínculo ético con ese deseo, atravesando un camino siempre singular, sosteniendo un recorrido de vueltas, bordes, vacíos, desencuentros y hacer de ello un modo particular de estar en la vida, asumiendo que no se trata del Otro, del analista, sino de la apuesta de cada uno. Pero también me parece que permite deconsistir la idea de pensar que el AE es un ideal, no se trata de llegar a ser, solo hay un empujar el deseo, un alojar, un consentir a ese no-todo cada vez.

Clara María Holguín en su enunciación agujerea la Escuela, la desidealiza, nos invita a alojar una Escuela no-toda, en la que el estrago también forma parte. Desde mi perspectiva es una invitación a trabajar nuestro vínculo con la Escuela, para dejar de vivirla desde la demanda, o convertirla en un Otro consistente, o enredarse en el imaginario en el vínculo con los otros, o tapar el agujero con la idea de un saber consistente, pero sobre todo, a no dejar caer nuestro deseo por el psicoanálisis.

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