Ani Bustamante

Presentación Bitácora Lacaniana – 2

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Por Ani Bustamante

bitacora

(Una intermitencia…)

El encuentro con esta revista me plantea, de inicio, la dificultad de articular lo Uno de la revista y lo múltiple de sus artículos, esto ya implica una paradoja, y una intermitencia entre dos lugares, que me mantienen parpadeando a lo largo de toda la lectura

Hablar de Ella y de muchos, sin apelar a signos identitarios, hablar de lo que queda suelto sin conexión con un todo, detenernos en aquello que no se articula al sentido es justamente lo que la clínica contemporánea y nuestra época nos ponen por delante.

Entonces Ella, la revista, no es un conjunto unificado que reduce la multiplicidad (de artículos, de singularidades, de acontecimientos) bajo los tentáculos de la totalidad.   Ella tiene como compás de fondo el murmullo, perturbador y seductor, de lo impensable, mientras caen los referentes patriarcales, y se rompe esa cadena significante que nos ataba al mundo.

Si algo agradezco a la lectura de Bitácora es el llevarme a través de un otro territorio, nunca idéntico a sí mismo. De pronto me di cuenta que leía la revista como un perro que olfatea las calles de una ciudad, que leía desde el cuerpo y con efectos en el cuerpo.

Entonces, hablar de Ella y de Muchos -desde un No-Todo fálico-, es partir del agujero (de la representación) sin intentar obturarlo. La clínica lacaniana y la posición del analista, se orientan a partir de este No-Todo, de este imposible que encarna el analista, ya no tanto como un sujeto al que se le supone un saber, sino como sujeto que porta un real, es decir que agujerea el fósil sentido, que está allí presente haciendo borde, labrando desde el cuerpo, a contrapelo de los mandatos de la época que llevan al taponamiento y la cancelación del sujeto.

Sucedió algo curioso en mi experiencia con la revista: a lo largo de la lectura se me presentaban unas pequeñas criaturas de luz pulsante y pasajera. Eran luciérnagas que en su intermitencia mostraban la luz y sus contornos oscuros. La fragilidad de la luz como contrapartida de los feroces reflectores iluminando-vigilando-mirándolo todo.

Dicen que las luciérnagas están desapareciendo por efecto de la contaminación lumínica o quizá sea que ya no somos capaces de adentrarnos en el misterio de la luz/oscuridad…

para observar a una luciérnaga hay que llevarse bien con la noche.

Según Didi-Huberman, “no vivimos en un mundo, sino por lo menos entre dos mundos”. El de la “gran luz” y, al margen, el de “Pueblos-Luciérnagas” que “cuando se retiran por la noche, buscan como pueden su libertad de movimiento, evitan los proyectores”

Para conocer a las luciérnagas hay que verlas -en su frágil luz parpadeante- danzar en la noche, aunque la noche esté, cada vez más, amenazada por los reflectores criminales que sobreexponen los cuerpos agotados de la posmodernidad.

Hago una lectura luciérnaga, ante una revista que, con su luz intermitente permite adentrarnos, por ejemplo, en los bosques de lo femenino, en el desierto del autismo o en las sutilezas de la clínica.

He aquí, pues, muchos texto, para leer Uno por Uno, y encontrarnos, con la discontinuidad, con la multitud que no hace conjunto cerrado. Son textos que apuntan a la contingencia; contingencia que solo se muestra cuando cae el edificio del sentido que a su vez es portador de un dios que escribe un destino predeterminado.

La ruptura con esta religión del sentido se plantea a la entrada misma de la revista, en el texto de Leonardo Gorostiza “el ateísmo del Sinthome” , en él dice: “Así en el final de un análisis sería esperable una experiencia marcada de alguna manera por el encuentro con un inconsciente que, en tanto conjunto abierto, se sitúa más allá del amor al Padre y, por ende, del lado femenino de las fórmulas de la sexuación”

Frente a un inconsciente del lado femenino la presencia de Bitácora lacaniana puede servirnos como una herramienta de orientación en océanos desconocidos, cuando embarcamos rumbo a lo real del cuerpo o a la experiencia de un goce deslocalizado.

Este número de Bitácora atraviesa lo femenino, desde diversas entradas, algunas de ellas parecen dibujar una topología como en el caso del texto de Miquel Bassols en el que plantea una paradoja a partir de la frase de Lacan “esa pasajera que atraviesa su muerte sin cruzarla” mostrando que en lo femenino “en lugar de una frontera entre dos espacios tenemos un corte interior, una no reciprocidad, una disyunción interna, un exilio interior”

Bassols relacionará lo femenino con la autorización del analista, en tanto éste sostiene el encuentro con lo contingente: “Lo femenino como S1 solo, como sinthome, como alteridad radical del Uno solo” dice Bassols

Esta es, entonces, otra lógica para pensar nuestra época y sus diferentes manifestaciones atravesadas constantemente por eso que no responde a las coordenadas fálicas y que descompleta los saberes de la ciencia.

La enseñanza del último Lacan nos muestra un cambio de paradigma en la noción misma de inconsciente, el acento pasa de la interpretación por la vía del sentido, a lo real que se aloja en el cuerpo hablante.

Si antes nos encontrábamos con la trascendencia de lo simbólico, ahora sucede algo del orden de la inmanencia (“una rosa es una rosa”) sin conexión de sentido, solo un resonar pulsante en el cuerpo. Ritmo, corte, cadencia, suspiro o aullido.

Alicia Arenas dice “aquí ya no se trata del ‘lapsus´ que conduce aun nuevo sentido, sino del ´espacio del lapso´, pues lo que interesa situar allí es el punto en que el discurso se agujerea sin remitir a nada más” (p.211), el lapso psicoanalítico parte del hecho de que el tiempo afecta al cuerpo.

Bosque de luciérnagas. Entre palabra y palabra, lapso. Intermitencia. Corte y escansión del tiempo en análisis. Maniobra para tocar aquello a lo que no se llega desde el sentido.

Pasar del lapsus al lapso tiene que ver con una erótica del tiempo, con un devenir que acentúa el intervalo tomado del lapso poético, vemos las consecuencias de este uso del lapso en los testimonios que encontramos en la revista, ellos nos muestran, por ejemplo, el efecto del corte de sesión… Esta reducción del tiempo apunta al acontecimiento -irreductible al lenguaje- que constituye lo singular del sinthome. El lapso psicoanalítico da lugar a lo imprevisto, por fuera de las líneas causales y de los dioses del destino.

Tenemos aquí el ejercicio arduo que consta en hacer evidente cómo las palabras quedan desterritorializadas y extranjeras a ellas mismas; es un ejercicio crítico que deja al descubierto el goce subyacente a cada intento totalizante de la época, ya sea a través de la evaluación estándar de los sujetos o de la promesa de felicidad confortable del consumo, con su adquisición de gadgets, o de esos brillos feroces (no destellos de luciérnagas) que llevan a la aniquilación del lazo social y el desfallecimiento subjetivo.

Y así, cada artículo, desde su diferencia, despliega una aproximación a la última enseñanza lacaniana en la cual el cuerpo ocupa relevancia, en tanto cuerpo de goce.

Gracias la luz de esta revista podemos encontrarnos con la penumbra. Parpadear, defender el lapso y el espacio sin nombre en el que los reflectores cesan.

Podemos convocar a las luciérnagas.

(in)diferencia sexual

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Ani Bustamante

Eje 3 La diferencia de los sexos en el cuerposmundo de la igualdad y de la diversidad de los sexos

¿Las alternativas (entre) el sexo como sustancia/el sexo como significación- son las únicas posibles? De no ser así, ¿qué otra cosa puede ser el sexo? … ¿[O] existe un modo diferente de concebir la división de los sujetos en dos sexos, que no responda a una heterosexualidad normativa? … ¿La identidad sexual se construye de la misma manera u opera en el mismo nivel que la identidad racial o de clase; o la diferencia sexual difiere de estos otros tipos de diferencias?  Joan Copjec

Lo real, está de más decirlo, nos inquieta. Ubicarlo en el meollo de la sexuación es un asunto que ha llevado a forzarnos a pensar en los bordes de lo posible. Intentaré en este trabajo ver la tensión entre el psicoanálisis, los estudios de género y el feminismo.

Voy despacio, volviendo a preguntas fundamentales, sin dar por hecho nada. En este itinerario veo que una de las cosas que inquieta y problematiza el debate contemporáneo es la cuestión de la organización de los sujetos en el binomio Masculino/Femenino

Los estudios de género proponen pluralizar la diferencia y destruir la lógica binaria, esta operación empieza desde el momento mismo en que se plantea el cambio del concepto de sexo al de género, este último se asienta en los territorios de lo performativo, de aquello que Foucault llamaba “tecnologías del yo” y que parte de la idea de que la identidad es algo que se construye a partir de prácticas sociales. Por su parte el psicoanálisis no se ocupa del género, sino que mantiene su orientación hacia lo real del sexo.

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