Ángela Fischer

El selfie: el goce de la propia imagen

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Por Angela Fischer

Tomare como punto de partida un corto protagonizado por Kirsten Dunst y realizado por Matthew Frost titulado en inglés “Aspirational”

Este corto muestra muy bien la potencia de las imágenes en desmedro del vínculo con el otro, y el Otro , son unas jóvenes que ven a Kirsten en la calle , ellas van en auto, al verla se detiene se cercioran si se trata de la mencionada actriz y ambas se toman sus respectivos selfies, inmediatamente “comparten” sus imágenes en alguna plataforma virtual, y Kirsten ya no es más deseable para ambas jóvenes, sale de la escena y ella les dice si quieren hacerle alguna pregunta, y solo atinan a dar unas gracias como de la contestadora automática y se retiran mirando sus imágenes cada una de su propio aparato celular ante el rostro sorprendido de Kirsten. Lo importante era tener la imagen de esta popular actriz, no interesa más. El goce es mirarse a sí mismas y con la actriz con la cual se toman el selfie, no se entabla ningún vínculo, lo mismo era si tomaban su imagen de un afiche de publicidad.

El selfie es un auto fotografía, tomada con algún dispositivo digital, pero no se trata de una nueva manera de fotografía, no es simplemente el uso de un nuevo aparato fruto del desarrollo tecnológico, no estamos pasando de la cámara tradicional a la digital. Se trata de una práctica donde el goce está en capturar la propia imagen, por si mismos, cuyo efecto está más relacionado con el autoerotismo como decía Freud la boca que se besa a sí misma.

Esta práctica tiene en los adolescentes una especial predilección, por lo accesible, tan a la mano, y la posibilidad de compartirla virtualmente prácticamente en el mismo momento que ellos la capturan.

Podemos apreciar cómo se escamotea la relación con el Otro, se debilita el discurso y el lazo social, y podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de esta incesante captura de imágenes vacías, no es la experiencia que produce un cuadro, una fotografía, el selfie produce cortocircuitos en relación al encuentro con el Otro y deja al sujeto en una experiencia de goce solitario. Frente ¿a qué imaginario estamos?

Como dice Miller:

“Solo podemos hacer definitivamente de la imagen un elemento del registro imaginario, si hacemos de ella un significante… las imágenes se significantizan, pueden transformarse en significante y pueden ser tomadas como significantes“.[1]

Asistimos a una compulsión de tomar o capturar con cualquier dispositivo que se tenga a mano todo lo que el sujeto hace desde la más simple rutina de su vida así como otros tipos de acontecimientos.

La inmediatez de la imagen sin más destino que alguna plataforma virtual, este tipo de imagen está más vinculada a lo propiamente escópico, deja de lado la mirada y la esquizia que, pasa a ser puro objeto y el objeto es vacío.

Al respecto afirma Gérard Wajcman:

“La fantasía de ver todo y de conservar todo va acompañada, paradójicamente, por una soberana indiferencia al asesinato de la imagen… la imagen ha perdido cualquier carácter sagrado, sino que además ni siquiera es un objeto. Lo virtual es aire y nada más”.[2]

Si se produce un cortocircuito al Otro, la imagen queda aislada de significación, qué efectos para la subjetividad de los adolescentes, quedan a merced de una experiencia mortífera. Este tipo de imágenes solo produciría un goce en el cuerpo. ¿Qué consecuencias en el lazo social, qué lugar para el encuentro?, preguntas propias del ámbito de nuestra práctica.

[1] Miller, J.-A., Elucidación de Lacan, EOL-Paidós, Buenos Aires, 1998, p. 579.

[2] Wacjam, G., El ojo absoluto, Manatial, Buenos Aires, 2010, p. 256.

Sin diferencia sexual ni cuerpo

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B26 2Ángela Fischer

Se aprecia que en muchos de los estudios culturales dedicados al género, que la problemática sexual tiende a diluirse en discursos que otorgan prioridad a  elaboraciones de índole social o cultural, de derechos, de, igualdad. Lo que está implícito en la noción de gender, es “burlar el imposible” ese real que el psicoanálisis nos señala como lo central ,el no hay relación sexual, entonces  los esfuerzos nominalistas de los estudios de género , se dirigen a  borrar la diferencia y alcanzar la llamada identificación sexual , Lacan en el seminario 18 De un  discurso que no fuera de semblante dice “Lo importante es esto .La identidad de género no es otra cosa que lo que acabo de expresar con estos términos, el hombre y la mujer (…)en esta instancia debe percibirse que lo que define al hombre es su relación con la mujer e inversamente.(2)

Cuando Lacan se  refiere a la mal-dición del sexo en Televisión, no lo hace en  los términos de la etimología sino en términos lógicos, entendiendo mal-dición como lo imposible, y esta imposibilidad es que entre los sexos femenino y masculino no haya una proporción que permita una relación. “Lo que tienen  en común  la maldición y lo imposible es que los dos términos designan algo que escapa al alcance del sujeto”. Es en el seminario 20, Aún, donde desarrolla  esta falla fundamental de la estructura  —la no relación sexual—, a partir de las elaboraciones sobre la sexualidad femenina, sobre el goce femenino, porque no hay  cómo nombrar a la mujer sin que se la mal-diga, es decir  que solo se la puede nombrar  desde el lado masculino, del lado fálico, por lo tanto, se la mal-dice. Los discursos de genero la mal-dicen por el forzamiento a hacer entrar la diferencia sexual al todo, al universal mediante las palabras amo, como queer, trans etc. Así como modalidades de goce que se acepten como adecuadas, permitidas, como un derecho, para borrar la perturbación que cualquier goce produce, con Lacan sabemos que la relación con el  propio goce tanto para el sujeto masculino como el femenino, plantea siempre una relación insatisfactoria, perturbada, entre el ser hablante y su cuerpo.  Lo que se produce como efecto por el contrario es una mayor perturbación.

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