adolescencia

Adolescencia, tiempo de invención y resonancias de la pubertad

Posted on

Elida Ganoza

Fernando Gómez

 

Lacan en su última enseñanza nos presenta el síntoma bajo una nueva fórmula, como lo que para todo sujeto viene al lugar de la no-relación sexual, y Jacques Alain Miller lo escribía con el conjunto vacío para decir la falta en el saber.

Es un punto que encuentra el sujeto donde falta un saber sobre el sexo, el agujero traumático es el encuentro con un real que lo desestabiliza y las palabras desfallecen para nombrarlo, hay una falta en el lenguaje que por el mismo hecho de hablar, se encuentra con el malentendido, ya que el Otro al igual que él, habla y oye con su fantasma. Fantasma que le sirve para colmar esta falla en el saber, sobre lo que es ser un hombre o ser una mujer.

Podríamos decir, a partir de esta aproximación que la pubertad es uno de los nombres de la no-relación sexual, es uno de los momentos en la existencia en donde el sujeto se encuentra de una forma viva con esta cuestión y la adolescencia como siendo la forma sintomática de respuesta al surgimiento de lo real que es la pubertad.

Ahora bien, ¿cuál es, o qué es este real de la pubertad?

Leer el resto de esta entrada »

El selfie: el goce de la propia imagen

Posted on Actualizado enn

Por Angela Fischer

Tomare como punto de partida un corto protagonizado por Kirsten Dunst y realizado por Matthew Frost titulado en inglés “Aspirational”

Este corto muestra muy bien la potencia de las imágenes en desmedro del vínculo con el otro, y el Otro , son unas jóvenes que ven a Kirsten en la calle , ellas van en auto, al verla se detiene se cercioran si se trata de la mencionada actriz y ambas se toman sus respectivos selfies, inmediatamente “comparten” sus imágenes en alguna plataforma virtual, y Kirsten ya no es más deseable para ambas jóvenes, sale de la escena y ella les dice si quieren hacerle alguna pregunta, y solo atinan a dar unas gracias como de la contestadora automática y se retiran mirando sus imágenes cada una de su propio aparato celular ante el rostro sorprendido de Kirsten. Lo importante era tener la imagen de esta popular actriz, no interesa más. El goce es mirarse a sí mismas y con la actriz con la cual se toman el selfie, no se entabla ningún vínculo, lo mismo era si tomaban su imagen de un afiche de publicidad.

El selfie es un auto fotografía, tomada con algún dispositivo digital, pero no se trata de una nueva manera de fotografía, no es simplemente el uso de un nuevo aparato fruto del desarrollo tecnológico, no estamos pasando de la cámara tradicional a la digital. Se trata de una práctica donde el goce está en capturar la propia imagen, por si mismos, cuyo efecto está más relacionado con el autoerotismo como decía Freud la boca que se besa a sí misma.

Esta práctica tiene en los adolescentes una especial predilección, por lo accesible, tan a la mano, y la posibilidad de compartirla virtualmente prácticamente en el mismo momento que ellos la capturan.

Podemos apreciar cómo se escamotea la relación con el Otro, se debilita el discurso y el lazo social, y podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de esta incesante captura de imágenes vacías, no es la experiencia que produce un cuadro, una fotografía, el selfie produce cortocircuitos en relación al encuentro con el Otro y deja al sujeto en una experiencia de goce solitario. Frente ¿a qué imaginario estamos?

Como dice Miller:

“Solo podemos hacer definitivamente de la imagen un elemento del registro imaginario, si hacemos de ella un significante… las imágenes se significantizan, pueden transformarse en significante y pueden ser tomadas como significantes“.[1]

Asistimos a una compulsión de tomar o capturar con cualquier dispositivo que se tenga a mano todo lo que el sujeto hace desde la más simple rutina de su vida así como otros tipos de acontecimientos.

La inmediatez de la imagen sin más destino que alguna plataforma virtual, este tipo de imagen está más vinculada a lo propiamente escópico, deja de lado la mirada y la esquizia que, pasa a ser puro objeto y el objeto es vacío.

Al respecto afirma Gérard Wajcman:

“La fantasía de ver todo y de conservar todo va acompañada, paradójicamente, por una soberana indiferencia al asesinato de la imagen… la imagen ha perdido cualquier carácter sagrado, sino que además ni siquiera es un objeto. Lo virtual es aire y nada más”.[2]

Si se produce un cortocircuito al Otro, la imagen queda aislada de significación, qué efectos para la subjetividad de los adolescentes, quedan a merced de una experiencia mortífera. Este tipo de imágenes solo produciría un goce en el cuerpo. ¿Qué consecuencias en el lazo social, qué lugar para el encuentro?, preguntas propias del ámbito de nuestra práctica.

[1] Miller, J.-A., Elucidación de Lacan, EOL-Paidós, Buenos Aires, 1998, p. 579.

[2] Wacjam, G., El ojo absoluto, Manatial, Buenos Aires, 2010, p. 256.