Adolescencia, tiempo de invención y resonancias de la pubertad

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Elida Ganoza

Fernando Gómez

 

Lacan en su última enseñanza nos presenta el síntoma bajo una nueva fórmula, como lo que para todo sujeto viene al lugar de la no-relación sexual, y Jacques Alain Miller lo escribía con el conjunto vacío para decir la falta en el saber.

Es un punto que encuentra el sujeto donde falta un saber sobre el sexo, el agujero traumático es el encuentro con un real que lo desestabiliza y las palabras desfallecen para nombrarlo, hay una falta en el lenguaje que por el mismo hecho de hablar, se encuentra con el malentendido, ya que el Otro al igual que él, habla y oye con su fantasma. Fantasma que le sirve para colmar esta falla en el saber, sobre lo que es ser un hombre o ser una mujer.

Podríamos decir, a partir de esta aproximación que la pubertad es uno de los nombres de la no-relación sexual, es uno de los momentos en la existencia en donde el sujeto se encuentra de una forma viva con esta cuestión y la adolescencia como siendo la forma sintomática de respuesta al surgimiento de lo real que es la pubertad.

Ahora bien, ¿cuál es, o qué es este real de la pubertad?

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160 años del nacimiento de Freud

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Freud

Y con él, la posibilidad de una práctica, un nuevo lazo, inédito e irreductible a las formas conocidas, que se apoya en el descubrimiento y la conceptualización del inconsciente, del cual aún seguimos aprendiendo en un trayecto epistémico que no se detiene. Como el mismo Freud lo dijo: “La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia. El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad”[1].

Como un homenaje de la NEL a su aniversario transcribimos pequeños apartes de una entrevista dada al periodista George Sylvester Viereck en 1926 y publicada en Psychianalysis and the Tut, en Nueva York 1957.

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Miquel Bassols: “Freud era un misógino contrariado, pero se dejó enseñar por las mujeres”

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Debe de ser un ritual en la consulta de todo psicoanalista, pues igual que Freud tenía en la entrada de su estudio vienés un perchero con un sombrero, un bastón y un maletín, como si acabara de llegar o estuviera a punto de irse, en el de Miquel Bassols (Barcelona, 1958) encontramos además fotografías, bibelots de sus viajes y una gran biblioteca con los escritos de los fundadores de la nueva ciencia. Gran lector de poesía –Lezama Lima, Valente, Ferrater–, de literatura científica y neurociencia –Feynman, Poincaré, Damasio– y de la lucha social de las mujeres en el islam –Fethi Benslama, Ayaan Hirsi Ali–, Bassols se define a sí mismo como “un investigador en psicoanálisis que intenta ayudar a las personas a leer sus síntomas”.

¿Tuvo el psicoanálisis un momento iniciático, un big bang? Nació a finales del siglo XIX del encuentro de Freud con algunas mujeres que sufrían de síntomas histéricos. La inventora fue una mujer que le dijo a Freud: “Calle un poco, escuche lo que me hace sufrir y no puedo decir en otra parte”.

Esto explicaría la supuesta misoginia del austriaco cuando afirma: “La mujer es un hombre incompleto” o “La mujer tiene envidia del pene”. Freud, fruto de su tiempo, era un misógino contrariado, así como hablamos de un zurdo contrariado. A la vez, se dejó enseñar por las mujeres. Le dio la palabra a la mujer reprimida por la época victoriana y planteó la pregunta: ¿qué quiere una mujer?, más allá de las convenciones del momento. Terminó admitiendo que la sexualidad femenina era un “continente negro” cuya topografía desconocía. En todo caso, no quedó satisfecho con la respuesta que puede tranquilizar, hoy incluso, a las buenas conciencias de la igualdad cuando afirman: “No quiere nada distinto que un hombre”. Toda reivindicación de igualdad debe tener en cuenta la asimetría radical que existe entre los sexos, incluso la imposible reciprocidad cuando se trata de sus formas de gozar, del goce sexual en primer lugar. Freud fue el primero que intentó elaborar una teoría de esta asimetría, una teoría que han seguido varias corrientes feministas. El goce femenino sigue siendo hoy rechazado, segregado de múltiples formas.

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Presentación de Bitácora Lacaniana – 3

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Por Fernando Gómez Smith

bitacora

Voy a trata un tema que podría llamarlo, para utilizar una frase popular “mata dos pájaros de un solo tiro”. Lo hace porque toma en primer lugar el eje central que ha tenido el texto de Bitácora Lacaniana número 3 y a su vez, si leemos los casos clínicos que vamos a encontrar en Bitácora Lacaniana número 4, son casos que tienen como orientación también el mismo eje.

Este eje al cual estoy haciendo referencia es lo que en psicoanálisis de orientación lacaniana llamamos “Goce femenino”. Voy a tratar de introducirlos, dar unas cuantas pinceladas, que les permita por lo menos de qué se trata.

Jacques-Alain Miller en el seminario que dictara en el 2011, que lleva por título “El ser y el Uno” va a decir que “Lacan generalizó el goce femenino hasta hacer de él el régimen del goce como tal”. ¿Cómo podemos entender esto?

La distinción entre lo masculino y lo femenino a partir de la biología no es tan exacta, el goce siempre fue organizado desde lo viril y por lo tanto el goce femenino era lo que escapaba a las leyes del goce masculino. Así lo hizo Freud y de alguna forma también Lacan. Pero posteriormente y paulatinamente a partir del Seminario 19, Seminario 20, se va haciendo más firma la idea de que en realidad el goce femenino no es algo que escapa del goce masculino sino más bien que es el goce primero del sujeto humano y posteriormente viene una forma de goce nueva que es el goce masculino, el goce masculino se establece sobre el goce femenino. Por lo tanto, el goce como tal, que es un goce no edípico, queda reducido, en cierta forma, a un acontecimiento del cuerpo.

Hay que ser claro, y hay que entender que lo que plantea Lacan es que lo femenino no son las mujeres, tampoco es el feminismo, sino que es un lugar. Este lugar se puede nombrar a partir de tres elementos fundamentales: el vacío, lo ilimitado y la ausencia de referente. El vacío no es la falta que bordea lo simbólico, es por definición ilimitado, aquello que no tiene límite, no tiene referente preciso. Mientras que el goce fálico, que tampoco es exclusivo para los hombres, por el contrario, está cercado por un límite que hace al lugar de la excepción.

Lo femenino es un campo al que las mujeres se ven especialmente convocadas desde su anatomía. Si acordamos con Freud, podemos decir que “hay consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”: a las mujeres les habita un vacío. El problema es la dificultad que se suscita para saber manejarse en un territorio sin medida. Es más fácil moverse en un sitio acotado, medido, y simbolizado que “soltarse en los conjuntos abiertos de los cielos ilimitados”.

Por lo tanto, desde la perspectiva del goce, podemos hacer la distinción entre goce fálico: aquel que es claramente representado por el hombre y que se caracteriza por la medida, el límite y lo simbolizable; y goce femenino, ese que Lacan dice como suplementario al fálico. Goce Otro, que también llama en el Seminario 19 gozoausencia, lugar que no tiene representación ni límite alguno.

El niño cuando nace es un cuerpo vivo, y en ese cuerpo vivo entra el significante y produce goce, para que exista goce tiene que haber significante y cuerpo vivo, El Otro y el cuerpo, es decir no hay goce sin significante, no hay goce previo al significante.

Pero la vuelta que da Lacan a esta altura de su enseñanza, estamos en los años setenta, es que ese significante que entra y produce goce no es entendido como proveniente del Otro, sino desde el Uno.

Podríamos figurativamente hablando decir que es un compacto de significante y goce, que ese ser vivo siente en su resonancias que son de él, no vienen del Otro. El Otro no existe todavía. Esta es la gran diferencia con la primera enseñanza de Lacan, en ese momento lo que nos plantea es que el sujeto se encuentra con el Otro y el Otro penetra en ese sujeto pero ese sujeto ve que es el Otro quien interviene.

En esta concepción del Uno y no del Otro, este Otro está elidido, está desconocido, no existe. La experiencia de satisfacción que trae Freud en el Proyecto para neurólogos y posteriormente en la interpretación de los sueños, es una experiencia del Uno donde interviene la pulsión escópica, donde interviene también la función oral, como una experiencia de satisfacción donde Freud coloca al Otro como algo fundamental desde el primer momento.

Es verdad sin el Otro el niño no sobrevive, pero el niño no sabe que sobrevive por el Otro, incluso cuando el niño mama, para él, el pecho, no es de la madre sino que le pertenece. Esto es lo que podemos llamar el Uno, no es con el Otro, posteriormente se va entender que es del Otro.

Entonces se van a ir produciendo resonancias de goce, que Lacan llama en el Seminario 21 “una sustancia gozante”. A estos compactos de significante y goce, estos significantes que no son articulados, que son pegados uno al otro, es lo que Lacan va a llamar goce femenino. Es un goce sin ley, o que sigue las leyes del puro goce.

Desde la clínica

Sabemos, desde Freud, con Lacan, que la histérica desconoce qué es Una mujer, y que esta pregunta organiza su estructuración subjetiva. ¿Por qué? Mientras el lugar femenino es el No-todo, no todo fálico, la histérica se sitúa en un terreno Todo fálico, masculino.

¿Por qué la histérica no es femenina? Lacan lo responde en “…o peor” porque hay un “contrasentido radical”, podemos continuar, y ¿Cuál es? El sentido contrario al No-todo. Ese es el lugar al que puede acceder Una mujer cuando ya sabe hacer con el goce femenino. La histérica quiere llenar ese vacío propio de lo femenino con demandas, objetos, caprichos, busca saciarse pero el resultado es siempre el mismo: insatisfacción.

Lacan también nos habla de otro desconocimiento, nos dice: “el desconocimiento del hombre…constituye la definición de la histérica” Ella necesita ubicar al hombre en el lugar de la excepción, entonces le da un estatuto de omnipotencia y dice: “no hay otro igual, él es el mejor”, para luego barrarlo, hacerlo impotente ante la mínima falla, y así concluir: “todos los hombres son iguales”.

Lo que la histérica desconoce en los hombres es su castración, ya que le pide cosas imposibles. Un hombre no puede colmar totalmente a la mujer, porque la mujer es No-toda. Barrar al hombre no es sinónimo de admitir su castración, todo lo contrario. Barrar al hombre es denigrarlo, ridiculizarlo en tanto pesaba sobre él una exigencia de pura potencia. Admitir la castración es poder reconocer en el hombre el límite que lo constituye, ser dócil a su fantasma que difiere tantísimo de ser obediente. La docilidad al hombre es efecto del deseo, la obediencia es sucedánea del superyó.

Una mujer bella es quien puede enlazar el goce femenino con el fálico en un movimiento constante y distinto, cada situación de la vida requiere diferentes modos de hacer. A veces se puede estar más suelta, otras no tanto. Si una mujer se suelta totalmente a lo ilimitado cae en el horror desenfrenado, es mortí-fiera; si se restringe demasiado y rechaza el sin límite se torna rígida y masculina.

Un análisis nos da ese recurso, la experiencia en que cada Una puede hacer de su cuerpo una singular tela femenina: un modo de decir de la estética del goce femenino al fin de un análisis.

Presentación Bitácora Lacaniana – 2

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Por Ani Bustamante

bitacora

(Una intermitencia…)

El encuentro con esta revista me plantea, de inicio, la dificultad de articular lo Uno de la revista y lo múltiple de sus artículos, esto ya implica una paradoja, y una intermitencia entre dos lugares, que me mantienen parpadeando a lo largo de toda la lectura

Hablar de Ella y de muchos, sin apelar a signos identitarios, hablar de lo que queda suelto sin conexión con un todo, detenernos en aquello que no se articula al sentido es justamente lo que la clínica contemporánea y nuestra época nos ponen por delante.

Entonces Ella, la revista, no es un conjunto unificado que reduce la multiplicidad (de artículos, de singularidades, de acontecimientos) bajo los tentáculos de la totalidad.   Ella tiene como compás de fondo el murmullo, perturbador y seductor, de lo impensable, mientras caen los referentes patriarcales, y se rompe esa cadena significante que nos ataba al mundo.

Si algo agradezco a la lectura de Bitácora es el llevarme a través de un otro territorio, nunca idéntico a sí mismo. De pronto me di cuenta que leía la revista como un perro que olfatea las calles de una ciudad, que leía desde el cuerpo y con efectos en el cuerpo.

Entonces, hablar de Ella y de Muchos -desde un No-Todo fálico-, es partir del agujero (de la representación) sin intentar obturarlo. La clínica lacaniana y la posición del analista, se orientan a partir de este No-Todo, de este imposible que encarna el analista, ya no tanto como un sujeto al que se le supone un saber, sino como sujeto que porta un real, es decir que agujerea el fósil sentido, que está allí presente haciendo borde, labrando desde el cuerpo, a contrapelo de los mandatos de la época que llevan al taponamiento y la cancelación del sujeto.

Sucedió algo curioso en mi experiencia con la revista: a lo largo de la lectura se me presentaban unas pequeñas criaturas de luz pulsante y pasajera. Eran luciérnagas que en su intermitencia mostraban la luz y sus contornos oscuros. La fragilidad de la luz como contrapartida de los feroces reflectores iluminando-vigilando-mirándolo todo.

Dicen que las luciérnagas están desapareciendo por efecto de la contaminación lumínica o quizá sea que ya no somos capaces de adentrarnos en el misterio de la luz/oscuridad…

para observar a una luciérnaga hay que llevarse bien con la noche.

Según Didi-Huberman, “no vivimos en un mundo, sino por lo menos entre dos mundos”. El de la “gran luz” y, al margen, el de “Pueblos-Luciérnagas” que “cuando se retiran por la noche, buscan como pueden su libertad de movimiento, evitan los proyectores”

Para conocer a las luciérnagas hay que verlas -en su frágil luz parpadeante- danzar en la noche, aunque la noche esté, cada vez más, amenazada por los reflectores criminales que sobreexponen los cuerpos agotados de la posmodernidad.

Hago una lectura luciérnaga, ante una revista que, con su luz intermitente permite adentrarnos, por ejemplo, en los bosques de lo femenino, en el desierto del autismo o en las sutilezas de la clínica.

He aquí, pues, muchos texto, para leer Uno por Uno, y encontrarnos, con la discontinuidad, con la multitud que no hace conjunto cerrado. Son textos que apuntan a la contingencia; contingencia que solo se muestra cuando cae el edificio del sentido que a su vez es portador de un dios que escribe un destino predeterminado.

La ruptura con esta religión del sentido se plantea a la entrada misma de la revista, en el texto de Leonardo Gorostiza “el ateísmo del Sinthome” , en él dice: “Así en el final de un análisis sería esperable una experiencia marcada de alguna manera por el encuentro con un inconsciente que, en tanto conjunto abierto, se sitúa más allá del amor al Padre y, por ende, del lado femenino de las fórmulas de la sexuación”

Frente a un inconsciente del lado femenino la presencia de Bitácora lacaniana puede servirnos como una herramienta de orientación en océanos desconocidos, cuando embarcamos rumbo a lo real del cuerpo o a la experiencia de un goce deslocalizado.

Este número de Bitácora atraviesa lo femenino, desde diversas entradas, algunas de ellas parecen dibujar una topología como en el caso del texto de Miquel Bassols en el que plantea una paradoja a partir de la frase de Lacan “esa pasajera que atraviesa su muerte sin cruzarla” mostrando que en lo femenino “en lugar de una frontera entre dos espacios tenemos un corte interior, una no reciprocidad, una disyunción interna, un exilio interior”

Bassols relacionará lo femenino con la autorización del analista, en tanto éste sostiene el encuentro con lo contingente: “Lo femenino como S1 solo, como sinthome, como alteridad radical del Uno solo” dice Bassols

Esta es, entonces, otra lógica para pensar nuestra época y sus diferentes manifestaciones atravesadas constantemente por eso que no responde a las coordenadas fálicas y que descompleta los saberes de la ciencia.

La enseñanza del último Lacan nos muestra un cambio de paradigma en la noción misma de inconsciente, el acento pasa de la interpretación por la vía del sentido, a lo real que se aloja en el cuerpo hablante.

Si antes nos encontrábamos con la trascendencia de lo simbólico, ahora sucede algo del orden de la inmanencia (“una rosa es una rosa”) sin conexión de sentido, solo un resonar pulsante en el cuerpo. Ritmo, corte, cadencia, suspiro o aullido.

Alicia Arenas dice “aquí ya no se trata del ‘lapsus´ que conduce aun nuevo sentido, sino del ´espacio del lapso´, pues lo que interesa situar allí es el punto en que el discurso se agujerea sin remitir a nada más” (p.211), el lapso psicoanalítico parte del hecho de que el tiempo afecta al cuerpo.

Bosque de luciérnagas. Entre palabra y palabra, lapso. Intermitencia. Corte y escansión del tiempo en análisis. Maniobra para tocar aquello a lo que no se llega desde el sentido.

Pasar del lapsus al lapso tiene que ver con una erótica del tiempo, con un devenir que acentúa el intervalo tomado del lapso poético, vemos las consecuencias de este uso del lapso en los testimonios que encontramos en la revista, ellos nos muestran, por ejemplo, el efecto del corte de sesión… Esta reducción del tiempo apunta al acontecimiento -irreductible al lenguaje- que constituye lo singular del sinthome. El lapso psicoanalítico da lugar a lo imprevisto, por fuera de las líneas causales y de los dioses del destino.

Tenemos aquí el ejercicio arduo que consta en hacer evidente cómo las palabras quedan desterritorializadas y extranjeras a ellas mismas; es un ejercicio crítico que deja al descubierto el goce subyacente a cada intento totalizante de la época, ya sea a través de la evaluación estándar de los sujetos o de la promesa de felicidad confortable del consumo, con su adquisición de gadgets, o de esos brillos feroces (no destellos de luciérnagas) que llevan a la aniquilación del lazo social y el desfallecimiento subjetivo.

Y así, cada artículo, desde su diferencia, despliega una aproximación a la última enseñanza lacaniana en la cual el cuerpo ocupa relevancia, en tanto cuerpo de goce.

Gracias la luz de esta revista podemos encontrarnos con la penumbra. Parpadear, defender el lapso y el espacio sin nombre en el que los reflectores cesan.

Podemos convocar a las luciérnagas.

Presentación Bitácora Lacaniana – 1

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Por María Hortensia Cárdenas

bitacora

Tengo a mi cargo la dirección de Bitácora Lacaniana y es un gusto tenerlos esta noche compartiendo la presentación de la revista junto con Fernando Gómez y Ani Bustamante. Bitácora Lacaniana es la revista de psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana – la NEL conocida así por sus siglas. Para quienes no conocen a la NEL se las presento brevemente. La NEL fue creada hace 15 por la Asociación Mundial de Psicoanálisis y desde entonces tiene una sede en Lima. Como su nombre lo indica, es una Escuela que, con la orientación lacaniana, tiene como objetivos la formación del analista y la difusión y extensión del psicoanálisis. Estos fines los realiza no solo en la ciudad de Lima, porque la NEL es una Escuela que tiene sedes en 16 ciudades en América que se encuentran en Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba, Guatemala, México y en los Estados Unidos en Miami. No voy a nombrar a las 16 ciudades, sería muy largo, pero pueden visitar la página web de la NEL para tener un panorama más amplio de la Escuela: nel-amp.org.

Bien, hecha la presentación de la Nueva Escuela Lacaniana pasemos ahora a la revista que aspira a ser uno de los medios de transmisión en la ciudad de lo que dice y hace el psicoanálisis. Si el motivo de esta presentación es el lanzamiento del cuarto número de la revista, quisiera hoy presentarla desde sus inicios. Bitácora Lacaniana es una publicación internacional, en ella se publican textos de los analistas de las diferentes sedes de la NEL pero también de analistas de otras Escuelas como en Argentina, Brasil, España, Francia, etc. Por medio de la revista buscamos introducir algo del movimiento psicoanalítico de orientación lacaniana en el mundo. Este movimiento se fundamenta en la enseñanza de Jacques Lacan quien, en la línea inaugurada por Freud, supo esclarecer la práctica y los fines del psicoanálisis.

¿Cómo podríamos resumir uno de los principales aportes de Lacan? Su enseñanza se distingue por la introducción de referencias de otros discursos científicos. Ustedes quizás saben que Freud buscaba que el psicoanálisis forme parte de las ciencias de la naturaleza. Sin embargo, más de un siglo después de su creación, el psicoanálisis está lejos de formar parte de la biología. Es importante destacar este aspecto. Cuando Lacan introdujo las referencias de la lingüística y de la lógica principalmente, recondujo al psicoanálisis a sus fundamentos.

Consideremos por un momento que en un análisis no sucede otra cosa que hablar: quien tiene la experiencia de un análisis pronto cae en la cuenta de cómo está sujetado de una manera muy singular a su decir y a sus dichos, que se inscribieron a partir de ciertas contingencias con las que construyó su destino. Entonces, es porque se habla que se pueden precisar y demostrar los efectos que el psicoanálisis produce, para cada uno de manera incomparable.

En la clínica psicoanalítica podemos ver cómo cada sujeto puede encontrar su solución propia al malestar que lo aqueja, más allá de lo que otros discursos identificatorios y normalizadores proponen como curación. Asistimos a un momento en la civilización donde la única certeza parece provenir de la ciencia que formula resultados generalizables. Y sin embargo, en la experiencia analítica cada sujeto busca una solución viable para lo que le hace sufrir. No se trata de la curación absoluta del síntoma, el psicoanálisis no promete eso ni eso es posible, sino de la reducción en cada caso de los estragos y de su transformación en algo más vivible. Un siglo después de la invención freudiana el psicoanálisis puede aun demostrar su vigencia desde el malestar contemporáneo, cuando argumenta en razón saber acoger los impasses que se producen por los modos de vivir y de satisfacerse sintomáticamente con molestia y sufrimiento, por los modos de goce en los sujetos que se manifiestan de una manera y con una dimensión completamente inéditas en el siglo XXI. Dos siglos atrás se hablaba de la búsqueda de la felicidad como el fin principal en la vida, hoy lo que se busca como un derecho es el goce (como dice Laurent en el primer número de la revista), situación que no deja de producir consecuencias insospechadas.

Quisiera destacar que Bitácora Lacaniana no es una revista dedicada exclusivamente a la práctica psicoanalítica. Encontrarán, sí, aportes importantes en esa línea porque hay que recordar siempre que el psicoanálisis es una práctica. Si quieren saber de qué se trata la praxis o el ejercicio del psicoanálisis busquen en las revistas especialmente los artículos sobre casos clínicos o los testimonios de lo que fue la experiencia de un análisis llevado hasta su final y el saldo de saber obtenido. El lector se sorprenderá con textos que dan cuenta de la formación del analista que se fundamenta en la experiencia de un análisis. Freud recomendó al analista analizarse y se convirtió en condición sine qua non; Lacan después definió al analista como el resultado de un análisis.

Pero Bitácora Lacaniana también tiene contribuciones significativas y de interés para otras disciplinas. Para demostrarlo quisiera ahora hacer un breve recuento del hilo conductor en los cuatro números publicados de la revista que ofrecemos hoy en la librería. La propuesta del primer número de Bitácora Lacaniana es presentar al psicoanálisis en el siglo XXI, como una reflexión sobre lo que el psicoanálisis puede argumentar sobre las consecuencias del malvivir de hoy, en este nuevo siglo, que no es como antes si tomamos en cuenta los cambios en el orden simbólico y en el modelo de civilización actual. ¿Cómo era antes y cómo es ahora? Los 30 textos publicados en la revista buscan abordar la pregunta; sus autores se acercan a este interrogante desde distintos rasgos y sesgos para   demostrar la actualidad del psicoanálisis y su fuerza social, muestran la implicación de los psicoanalistas en los problemas y en los síntomas de la época. Son textos que razonan desde la doctrina psicoanalítica, desde la práctica misma y sus vicisitudes, y desde la política de orientación lacaniana.

Leo algunos de los títulos de los textos a manera de provocación: “La lectura del inconsciente” o “¿Gays en análisis?”, dos excelentes textos de Jacques-Alain Miller. Otros títulos son: “El tratamiento de las elecciones forzadas de la pulsión”, “Una política para América Latina, con el psicoanálisis”, “La transferencia en la clínica de hoy”, “Tecnociencia y dimensión política de los síntomas contemporáneos”, “El analista de la clínica del sinthome”, “La sexualidad y el amor en el siglo XXI”, y otros.

El segundo número de la revista lleva como título “Satisfacciones del cuerpo”. El cuerpo goza en silencio y repite siempre, por fuera del sentido, la inscripción de una satisfacción imborrable. La fórmula hablar con el cuerpo permite abordar el encuentro contingente que fija un goce en el cuerpo, a partir del cual el ser hablante no puede más que producir síntomas y padecer la exigencia de los mismos. El acontecimiento de goce en el cuerpo, siempre contingente y traumático deja inscrita una marca primaria que se repite de manera vana y sin remedio produciendo efectos que afectan al amor y al deseo. El lector encontrará textos como “Los nuevos desórdenes del amor”, “Entre la protesta masculina y la aspiración a la feminidad”, “Hablar con el cuerpo en la obsesión”, “Género y cuerpo: el error común como defensa ante lo real”, “Lo femenino no solo es asunto de mujeres” (título de las pasadas Jornadas de la NEL que se realizaron aquí en Lima) o también “El fenómeno psicosomático, entre la medicina y el psicoanálisis”.

¿Lacan sabía de las mujeres? Sí, y mucho. En varias ocasiones se refirió a la literatura para despejar algo del misterio femenino. Pero Lacan supo precisar esa parte enigmática de la mujer que escapa a todo sentido. Ella tiene existencia también a partir de un goce que ella esconde y no puede decir, solo tener la experiencia de él en el cuerpo de un modo que la sobrepasa y la acerca más a lo real. El goce propiamente femenino, que Lacan aísla en el Seminario 20 –y pone como ejemplo la estatua de Bernini con el éxtasis de Santa Teresa, que ilustra la carátula del tercer número la revista titulado “El goce femenino”, es un goce que la hace ausente de sí misma; expresión de un goce que se basta a sí mismo–, es una experiencia que no puede ponerse en palabras y la extravía, goce que la coloca en el borde del agujero. El lector sabrá apreciar la lectura de estos títulos: “La homosexualidad femenina en plural, o cuando las histéricas prescinden de sus hombres de paja”, “Las mujeres y la violencia de nuestros tiempos”, “No toda mujer es Medea”, “Amores malos”, “¿Cómo hacerse partenaire de un niño autista?” y otros.

Finalmente este cuarto número de la revista trae textos como “La virilidad es un embuste”, “Feminidad y autorización del analista”, “Mi cuerpo y yo”, “El imperio de las imágenes y la adolescencia”, “¿Cómo se construye un cuerpo hoy?”, Maternidad blue, y 36 títulos más que podrán disfrutar.

Esta publicación es la expresión de una presencia constante del trabajo en la NEL, de la elaboración de saber de sus miembros, de una producción en la que subyace un no saber fundamental que motiva la investigación sobre la experiencia de un análisis. Es a ustedes a quienes nos dirigimos con esta revista, a ustedes que son susceptibles de seguir lo que la experiencia analítica enseña y transmite.

“Meteoro, Tribuna Lacaniana”

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ya está en línea:  meteoro.elp.org.es

tribuna lacanianaSe trata de una apuesta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis por generar un espacio dedicado a la lectura que el psicoanálisis puede ofrecer del mundo contemporáneo, sus distintas expresiones, sus encrucijadas, sus síntomas.
Estaremos, para ello, más atentos al trazo de las escrituras de la actualidad que a los movimientos de su renovación efímera.
Fomentamos el diálogo del psicoanálisis con la sociedad civil, la cultura, las artes, la ciencia, la política, la cuestión pública, reivindicando la especificidad del discurso analítico. Esta especificidad apunta a los efectos del lenguaje sobre el sujeto y cómo estas operaciones se inscriben en un real, que no es el de la ciencia, rupturista en su isomorfismo con la naturaleza, que aparece siempre privado de sentido, agujero en el saber, clave misma de la experiencia analítica. Pretendemos así contribuir a una conversación posible sobre los avatares de la civilización de nuestro tiempo, articulando el psicoanálisis con la multiplicidad de discursos de la contemporaneidad.

Contenidos del número 1

“Presentación. Especificidad del Psicoanálisis”

Presentación,  por Manuel Montalbán

El big pharma y el enigma del deseo sexual femenino, por Santiago Castellanos

La técnica, la religión y sus víctimas, por Miquel Bassols

Tanto en la publicación como en la web que la aloja nos hemos inclinado por un formato intuitivo y ligero, con textos breves y directos, en miscelánea o sobre temas comunes. Una clave fundamental que manejamos para enriquecer el proyecto es abrir nuestras páginas a colaboradores de campos fronterizos, amigos del psicoanálisis en cada Sede y Comunidad de la Escuela, que quieran compartir su singular ejercicio de lectura. Nuestro correo de contacto para recibir propuestas de participación es: tribunalacaniana@gmail.com.

El equipo de Meteoro:

Santiago Castellanos (Presidente ELP)

Manuel Montalbán (Director de Meteoro)

Comité Editorial: Paloma Blanco, Laura Canedo, Gabriela Galarraga, Beatriz García, María Navarro, Oscar V. Ventura

Comité de Redacción: Ángela González, Dolores García de la Torre, Gustavo Dessal, Jesús Ambel, José Ángel Rodríguez, Juan Carlos Ríos, Mercedes de Francisco, Pedro Gras, Rosa Mª Calvet, Iñaki Viar, Xavier Esqué y Xavier Giner.

Entrevista a Antonio Di Ciaccia: analizante de Lacan

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LA OSCURIDAD DE JACQUES LACAN

por Doriano Fasoli, publicada originalmente en “El café ilustrado” N° 37-38 (2007)

Lacan

Antonio Di Ciaccia es Analista miembro de la Escuela de la Causa Freudiana de París, miembro de la Escuela Europea de Psicoanálisis (Sisep), y presidente del Instituto Freudiano de Roma. Es fundador del Instituto para niños psicóticos de Antenne 110 de Bruselas. Para Ed. Einaudi estableció la publicación en italiano de varios seminarios de Jacques Lacan. Dirige la revista del Campo Freudiano  “La Psicanalisi”

Doriano Fasoli:-Profesor Di Ciaccia, ¿cuándo y en qué circunstancias conoció personalmente a Lacan?

Di Ciaccia:-Hacia fines de los años sesenta había ido a estudiar psicología a la Universidad de Lovaina en Bélgica. En esa época, en la Universidad no se hacía otra cosa más que hablar de Lacan y el ambiente que frecuentaba estaba compuesto de jóvenes atraídos por el psicoanálisis. Con estos compañeros me había inscripto en las Jornadas de l’Ecole freudienne de Paris en el otoño de 1971, jornadas de estudio que como era habitual Lacan quería que fueran abiertas a todos y no reservadas exclusivamente a los psicoanalistas.

Finalizando una mañana, luego de la intervención de Safouan si mal no recuerdo, durante el debate, hice coraje y pedí la palabra. Coraje que luego me faltó por varios años. Dije algo en el micrófono; Lacan estaba saliendo de la sala por la puerta opuesta, lejos. A la noche, durante un refresco en l’Ecole freudienne de Paris, en rue Claude Bernard, veo a poca distancia a Lacan que caminaba entre la gran cantidad de gente. Le tomo la mano para saludarlo, él se da vuelta, me mira y me llama por mi nombre. Sorprendido le pregunté cómo sabía mi nombre. Me respondió que era yo quien lo había dicho cuando hablé finalizando la mañana. Y me dijo: “Usted ha dicho que un analista no es un analista delante de su propia mujer”. Era efectivamente la frase que yo había pronunciado. “Dígame, mi estimado, ¿a qué se dedica?” . Le respondí que era estudiante de psicología en la Universidad de Lovaina y que era sacerdote. Mis palabras le procuraron como una súbita alegría. “¿Sacerdote? ¿Estudiante en Lovaina? Dentro de unos días estaré en Lovaina y me gustaría que usted participase de los encuentros que haré allí”.
“Pero yo no soy analista” –dije -“ ¿y? -respondió. Arregló él mismo las cosas. Ahí mismo fue a buscar entre los presentes a Antoon Vergote, que estaba en compañía de Alphonse De Waelhens, ambos famosos profesores de la Universidad de Lovaina. El presidente de l’Ecole Belge de Psychanalyse -Vergote –debía ceder, luego de resistirse en vano, al pedido explícito de Lacan de que yo estuviera en esos encuentros. Así comenzó mi aventura junto a él.

AF:-Desde el punto de vista intelectual ¿qué representó Lacan en su vida? ¿fue con él que se analizó?

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Photo sin Shop

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Por Gustavo Dessal. Miembro ELP y AMP.

Ayer era solo la imagen de un niño sirio de tres años, pero hoy sabemos su nombre. Se llamaba Aylan. En el naufragio, a su padre se le escapó de las manos, y de esas manos se escapó la vida del niño y también la del padre, a quien más le habría valido morir en vez de convertirse en el espectro de un superviviente. No cualquier muerte es el límite absoluto: Lacan sugirió que es la de un hijo. La varia boca del mar, que es infinita, tuvo al menos la piedad de devolverlo intacto, con su ropa compuesta, su mejilla apoyada sobre la arena blanda, como si durmiese. Los hombres no tuvieron esa compasión.

Desde el ángulo que esa foto fue tomada, casi no vemos el rostro de Aylan. Vemos, en primer plano, las suelas de sus zapatillas. La crónica del mundo se escribe en los libros, y también en las suelas de unas zapatillas, solo que esta vez el relato se interrumpió demasiado pronto. No sin razón Borges calificó de universal la Historia de la Infamia: porque no conocemos la fecha de su inicio, pero estamos seguros de su eternidad. Todos los días se añade una página, del mismo modo que todos los días mueren miles de niños y nos hundimos un palmo más en la ignominia.

Continuando con el repaso del espanto, leo que los medios de prensa discuten sobre la conveniencia o no de publicar la foto. Notable y docto debate, en una época donde la obscenidad de la imagen se ha convertido en un valor sagrado. La prensa del país que hace unos meses se partía el pecho por la defensa de la libertad de expresión, ayer manifestó contención y pudor en sus portadas. El argumento es compartido por muchos: no comerciar con el dolor. Por supuesto. ¿Por qué dar especial relieve a esta tragedia cuando centenares se suceden diariamente sin que una foto las registre? Tal vez exista una objeción válida a este atendible argumento. Porque de tanto en tanto necesitamos un uno. No el Uno de la unificación, el de la totalidad, o el de la globalización, sino el uno que podemos extraer de un conjunto. Desgraciadamente, una montaña de cadáveres, una sucesión interminable de horrores, acaba por reactivar la función más primaria de los sentidos: la función de no querer saber. ¿Acaso no es eso lo que Lacan enseñaba cuando solía recordar las palabras del Eclesiastés: “Tienen ojos para no ver, oídos para no escuchar”? Por eso hemos necesitado la foto del niño judío con los brazos en alto, detenido junto a su familia por las SS, y también la foto de Kim Phuc, la niña vietnamita de nueve años que corre desnuda quemada por el napalm, esa foto que abrasó la conciencia de una buena parte del pueblo americano. Hemos necesitado esas fotos -y otras tantas- porque tienen la propiedad de desencadenar un efecto de identificación, sin el cual el otro es solo un número vacío, invisible en la contabilidad de las víctimas, o el espejo negro de lo peor de nosotros mismos, que nos obliga a apartar la mirada.

Freud refundó la condición humana, y la situó en el sorprendente espacio de la infancia. Si Shakespeare inventó al ser humano, según la famosa y provocadora afirmación de Harold Bloom, Freud inventó al niño. La infancia freudiana no es un período evolutivo. Es la subjetividad misma que perdura inalterable a lo largo de la vida, suspendida por siempre del hilo del desamparo radical. Aylan es el retrato de una derrota, la fotografía de la civilización como fracaso irremediable, el que se muestra cuando lo real hace trizas el velo ilusorio del progreso. Lacan advirtió que el hombre ha perdido el sentido de la tragedia. En su lugar, es la tragedia del sentido lo que se apodera de la colectividad humana. Que actualmente el sentido haya alcanzado su nivel crítico en el fratricidio islámico, es un avatar histórico: los otros monoteísmos también aportarán su veneno, como siempre han sabido hacerlo.

Por fortuna, la hipocresía no ha llegado esta vez a la playa turca, y no veremos una nueva foto de los mandatarios europeos desfilando tomados del brazo mientras una multitud de imbéciles aplaude embargada de emoción y patriotismo a los defensores de la libertad. Esa otra foto, que bien podría ser la cubierta del catálogo de la Europa teratológica, ha servido para una cosa distinta: recordarnos que existen distintas calidades de víctimas y de muertos, que hay crímenes que ofenden a la Humanidad, y masacres que en cambio se consideran actos de legítima defensa.

Como tantos otros, Aylan no ha podido cumplir el sueño de alcanzar la Tierra Prometida. ¡Qué mueca grotesca de la Historia! Hoy el Paraíso tiene su sede central en Alemania.