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El futbol en Perú y su importancia en la economía pulsional de sus hinchas

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Por José Miguel Rios

Giovanni Tazza imagen

Hace unas semanas tuve una entrevista con Fernando Gómez Smith, psicoanalista miembro de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis) y de la NEL-Lima (Nueva Escuela Lacaniana), donde conversamos acerca de la emoción que palpita en las diversas calles y ciudades peruanas cuando de fútbol se trata y, a pocos meses del final de una larga espera -36 años de no ir a una copa mundial de fútbol-, le pregunté por el hito que este evento marca en el país y en la subjetividad de la gente.

  1. En su opinión ¿Qué hace que el fútbol sea tan importante en Perú, que levante tantas pasiones, como se ha podido observar el pasado miércoles 15 de noviembre, aun cuando la selección no había logrado una clasificación en 36 años y siendo que el torneo local no es de un alto nivel?

Por un lado, el fútbol es el deporte más difundido en todo el país, abarca todos los niveles económicos y culturales y por otro, se ha trasmitido la idea de que en el pasado el fútbol peruano se caracterizó por la calidad de su juego, el famoso “juego bonito”, incluso se decía que después del fútbol brasilero seguía el futbol peruano. Siempre había la esperanza que las viejas glorias volvieran a renacer.

Pero la verdad es que en realidad nunca el fútbol peruano ha sido una potencia a nivel mundial, creo que a lo sumo ha sido campeón, a nivel sudamericano, en dos oportunidades y paro de contar.

En la década de los setenta donde se lograron las clasificaciones para tres mundiales también se celebraba, con la misma pasión, incluso se celebraba cuando los equipos de fútbol con mayor arraigo en el pueblo peruano tenían una destacada actuación en la Copa Libertadores, la celebración no es una novedad, incluso se puede decir que en ese tiempo se buscaba cualquier pretexto para celebrar.

Si bien es cierto que un pueblo tiene el derecho a celebrar sus triunfos, también es cierto que en estas ocasiones se aprovecha la oportunidad. Es como en los carnavales, tradición pagana que conmemora la muerte del padre de la horda primitiva. Durante el tiempo que duran las festividades todo está permitido, se consciente al exceso, a lo desregulado.  Podemos suponer que puede suceder después de 36 años.

 

  1. ¿Cree usted exista una cualidad especial en este equipo, en esta generación, que haya permitido lograr la clasificación?

Me parece que la respuesta está en el mismo contenido de tu pregunta, ahora, a diferencia de jornadas eliminatorias anteriores, hay un equipo.

Hay un gesto del entrenador, como acto simbólico, que permite que se produzca como efecto esta condición de equipo. Me refiero al hecho que en un momento determinado pueda prescindir de aquellos que de una manera manifiesta ponían su goce fuera del campo de futbol, sea quien sea, tenga la fama que tenga. Es un riesgo que tomó y le dio resultados.

Con este gesto Gareca le trasmitía al resto de jugadores la idea de ese que se creía excepcional, no solamente por su prestigio en el campo de juego sino como aquel que quiere gozar de todas y de todo, ese no tenía cabida en el equipo, que no había lugar para aquellos que quisieran encarnar lo excepcional. El uno no hace lazo, no hace equipo.

  1. ¿Cuál cree usted sea la importancia de Paolo Guerrero como líder y capitán del equipo nacional? ¿Transmite algo de sí a los demás?

En los procesos anteriores a “los Paolos” les era complicado asumir, de una buena manera, la condición de líder, lo hacían, pero a modo de sentir, sobre sus hombros, que la clasificación dependía de ellos exclusivamente. Sobre ellos recaía la responsabilidad de que el futbol peruano estuviera en el próximo mundial. Esta condición subjetiva terminaba por aplastarlos, no podían jugar como lo hacían en sus clubs. Era una política del aficionado, de la prensa e incluso de los entrenadores, apelar a la excepción.

  1. ¿Cuál cree usted haya sido la función principal del técnico argentino Ricardo Gareca en la conducción y conformación de un equipo, un grupo, una masa? ¿Tuvo él alguna cualidad especial que los anteriores técnicos no tuvieron?

Si tuviera que elegir la virtud que más me ha llamado la atención, tendría que decir, a modo conclusivo, que me parece que el entrenador de la selección nacional de fútbol ha tenido la virtud de encarnar la función de padre que trasmite un deseo.

En las entrevistas, en las decisiones que va tomando durante todo el proceso, y aún después de la clasificación, vemos a un Gareca colocado en el lugar de un padre deseante, nunca dejó de creer en el jugador peruano, de su calidad y los resultados que se fueron dando, en una trasmisión mesurada, permitió que ese deseo de Gareca, se trasmita a los jugadores, -se la terminaron creyendo-. Esta es la virtud que han tenido todos los entrenadores que han obtenido grandes resultados en el fútbol peruano y que los entrenadores anteriores no pudieron trasmitir o no tuvieron el mismo deseo.

Pero por otro lado y en consonancia con lo expuesto anteriormente es un padre que hace posible un goce acotado, limitado, posibilita a partir del deseo condescender con la ley que va proponiendo.

Hay una serie de gestos que están encaminados a tratar regular el goce, por un lado, no volver a contar con aquellos jugadores que fueron parte de algún escandalo fuera y dentro de la cancha, con jugadores que no tenían como prioridad el proceso clasificatorio. Hay que destacar, por otro lado, que Gareca cuando toma estas decisiones lo hace sin que le tiemble la mano, así se trate de un jugador de prestigio o un jugador que por sus características fuera importante en su esquema. Cuando se comienza a repetir la historia en la cual el periodismo habla más de los jugadores por lo que hacen fuera de la cancha Gareca recurrió, por ejemplo, a una concentración más extrema: del avión al hotel de concentración, cero vida social.

  1. El 16 de noviembre salí a la calle y vi algo completamente nuevo para mí en mi país: la gente estaba feliz, sonriente, amable, calmada. Se respiraba un aire de júbilo, de pertenencia, de hermandad. Pensé entonces que el Perú, siendo un país multicultural, tiene distintas formas de ver la vida –quizá por eso es difícil ponernos de acuerdo-. Ni la gastronomía, ni la política, ni el arte, ni los campeonatos deportivos como el surf han podido crear un conjunto que agrupe a todos. Esta vez el fútbol lo hizo. Por un lapso el Perú fue uno solo. En ese sentido ¿se puede pensar al fútbol como el synthomedel país?

Como lo señalé anteriormente, ya el fútbol, en el pasado había logrado hacernos creer, por un breve tiempo, que el fútbol peruano podía contribuir a una identidad nacional, hacer que seamos uno.

Pero todo está supeditado a los resultados, a que el entrenador logre “estar en el corazón del pueblo”, a que los jugadores suden la camiseta, etc. Una serie de exigencias, que a mi entender mueve pasiones, algo del exceso de goce está en juego. No es un saber hacer con, sino un “permiso” para que el goce esté por doquier y de una manera “justificada”.

Todos son comentaristas deportivos, todos son entrenadores, todos, hasta el que nunca jugo fútbol sabe de fútbol y se siente autorizado a opinar, incluso saber más que el semejante.

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Pasamayo maldito

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Por Enrique Delgado

Empezando el año 2018, un bus cayó al abismo de Pasamayo. Días antes, mientras estábamos pendientes de la posible vacancia presidencial, un Decreto Supremo ampliaba de diez a doce el número máximo de horas diarias de conducción de los choferes. A partir del suceso, nos enteramos también que, cuando el estado concesionó la vía, no incluyó que se colocarán medidas de seguridad, como las bandas que, contrariamente a lo señalado por las autoridades, sí tienen la capacidad de detener a un vehículo pesado. Ambas medidas beneficiaban claramente a las empresas, no a los ciudadanos. La relación de medidas como estas, o peores, durante las últimas tres décadas es enorme. Salvo excepciones, no suelen ser noticia.

Entre un gobierno y otro, un escándalo, una obra, una denuncia u otra, el modelo neoliberal implementado en nuestro país desde la década de los noventas, continúa avanzando, como una combi o un bus desbocado, llevándose por delante todo aquello que le haga obstáculo: derechos conquistados, pueblos indígenas, el medio ambiente, el cumplimiento de las leyes, los compromisos con los electores o lo que fuera. No lo hace, ciertamente, de manera homogénea. Si el dinero alcanza para tener automóvil, puedes ir de forma más segura “por arriba” o acudir a una escuela o una clínica que estafe menos. Puedes avanzar por la costa verde por un tercer carril innecesario y almorzar en restaurantes frente al mar que, en plena capital, y a la vista de todos sus habitantes, vulneran la Constitución privatizando el espacio público. La mirada es enrejada por las coordenadas de la hegemonía.

Vivimos a la peruana los efectos de la profundización del discurso capitalista. Somos gobernados, hasta el momento, por un empresario “exitoso”. O quizá también eso sea una ficción y él sea solo una pieza de una maquinaria que exige siempre más. Como señaló Renzo Pita en un estado de FB, las declaraciones de PPK sobre Odebrecht mostraban la posición subjetiva del sujeto capitalista. Mostraban también, de manera clara y distinta, lo que es la plusvalía y por qué esta es “causa del deseo”. Solo le faltó sonreír, como señaló Marx, “ante el encanto de algo que brota de la nada”. En su defensa, PPK coincidió con Alan: la plata llega sola; pero para el capitalista, no para los trabajadores. No hay, pues, reconciliación posible entre el capital y el trabajo.

Pero el discurso capitalista es en realidad un falso discurso, pues atenta contra el lazo social. Y la urgencia de nuestro tiempo es que, de un lado, el capital no necesita ya de la democracia para continuar su expansión ilimitada y, de otro, que no vislumbramos, hoy por hoy, una alternativa viable en el ámbito colectivo (en el uno por uno, un psicoanálisis puede suscitar que, en el fraseo de Alemán, allí donde era el individuo neoliberal del goce autista, advenga el sujeto excéntrico del inconsciente).

De un lado, el antifujimorismo no constituye un proyecto más allá del rechazo y la denuncia. Parte del mismo es una izquierda funcional al capital, emprendedora, que plantea reformas liberales importantes (como las de género) que, sin embargo, no objetan el modelo, la economía política de goce en la que estamos inmersos. Así como en la segunda guerra mundial nazis y aliados cometieron barbaridades, o durante el CAI, campesinos e indígenas “indefensos” fueron también agentes de crueldad; el destacado rendimiento del fujimorismo en cuanto a violaciones de derechos no significa que tenga la exclusividad de la corrupción o de la barbarie. El antifujimorismo corre el riesgo de la pureza, del goce de la segregación.

De otro lado, una mayoría de peruanos considera a Fujimori como aquel que ocupa un lugar de excepción: el que pudo contra el terrorismo y la hiperinflación. Aquel al que no le temblaba la mano para cerrar el congreso, matar a “los terrucos”, meternos la yuca (en el fraseo de aquella década, que PPK ha actualizado con el indulto), o también para esterilizar ciudadanos en condición de pobreza (“se reproducen como animales”). El fujimorismo autoriza el goce del exterminio. De allí que no sorprenda que una de las preguntas que han hecho circular sus representantes, desde su retórica narcinista, sea: ¿Por qué tanto odio?

Finalmente, en el marco del declive institucional, diversos colectivos se han pronunciado sobre el indulto, sus motivaciones y sus consecuencias sobre el tejido social y la memoria. No ha sido el Colegio de Psicólogos sino un grupo particular de psicólogos, incluyéndome y a varios de los presentes. Tampoco la Sociedad Peruana de Psicoanálisis sino un grupo al interior de la misma.

¿Y la NEL? Pienso en este momento en lo ocurrido en Cataluña. Me sorprendió lo oportuno del comunicado de la ELP, once días antes del referéndum. Pienso también en los términos del primer comunicado de la AMP sobre Venezuela, asumiendo una narrativa extendida sobre el proceso de ese país. ¿Un pronunciamiento corresponde necesariamente a un momento de concluir?, ¿qué significa en el Perú de la República Empresarial incidir en la política desde el psicoanálisis lacaniano?, ¿hay alguna salida al discurso capitalista?, ¿O, como país, podemos estarnos yendo, otra vez, al abismo?

Siete versiones reversible

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Por Gonzalo Falla

Cuando mi amigo Renato me convocó a participar, le comenté que más que una invitación, la suya era una interpelación. ¡Y vaya si la situación es interpeladora! Intentaré estar a la altura, de pie hacia el ya.

 

  1. La alegría está encarnada en una serie de dispositivos que nos conectan con lo común, con la experiencia del encuentro y la vida inmanente. Algunos ritos cumplen esa función, como la Navidad que, para católicos y no católicos, suele ser un rito de renovación del vínculo, de dar y recibir, de comer, beber y contar historias y reventar cohetes. Pero la última será recordada como la Navidad en que una decisión gubernamental trastocó y dañó la fiesta a muchas familias, especialmente a aquellas que fueron afectadas directamente por el indultado. La nuda vida atravesada por la decisión soberana, sin más.

 

  1. Pero esa misma noche salieron muchas personas a protestar, tanto los de mi generación (como veinte años antes) como los más jóvenes, aquellos a los que el establishment conservador los acusa de “pulpines que no vivieron el terrorismo”. La trasmisión de la historia de violencia política, de manera estándar ha estado acompañada de empatía con los vencedores, es decir, las Fuerzas Armadas y su entonces comandante en jefe, es decir, Fujimori. De manera que poner en entredicho este relato, dudar de él o siquiera imaginar otros relatos posibles, ya es visto como traición. Pero, ¿traición a qué?

 

  1. Precisamente “traición” ha sido el significante empleado por el “pueblo antifujimorista” para ubicar la decisión de Kuczysnki. La traición es un acto de violencia contra lo común, contra aquello que es posible desde el encuentro. Pero quizá simplemente se reveló como inconsistente el anhelo de un posible acuerdo entre un patrón capitalista y un puñado de familias peruanas. El presidente nunca habría tenido una firme voluntad de cumplir el pacto (a pesar de haberlo firmado públicamente) o, en todo caso, esa voluntad siempre habría estado sujeta a los hechos del contexto.

 

Hace unos años conversaba con un hombre que entre los años 80 y 90 había sido narcotraficante en el Alto Huallaga. Había sido uno de los duros del valle de Sión, cerca de Tocache, pero diversas circunstancias cambiaron su vida. Ya entrando en confianza, le pregunté si alguna vez había matado a alguien. Se quedó en silencio unos segundos, los únicos en que me sentí en riesgo, me dijo gravemente: “en defensa de mi trabajo nomás”. ¡Vaya que hubiera sido una respuesta digna de nuestro presidente! Después de todo, Kuczynski se precia de mostrarse como una hombre negocios que no tiene escrúpulos para tomar decisiones.

 

  1. En muchas zonas de nuestra Amazonía se habla de un personaje mítico llamado el Chullachaqui. En quechua, chulla es “al revés” y chaqui es “pies”. Se llama así porque uno de sus pies está volteado. Sin embargo, se presenta a las personas adoptando la forma de un familiar, un amigo o incluso un animal, para hacer que su víctima se interne en el bosque y se pierda irremediablemente. Desde hace más de dos décadas, nuestro chullachaqui es Fujimori. Muchos (demasiados) los debates, políticas e indignaciones lo tienen como referencia a él o a su fuerza de choque, recolocando contradicciones y antagonismos que bien podrían plantearse de modo distinto.

Temas tan diversos como el currículo escolar, las contrataciones estatales, la educación superior, entre tantos otros, pasan por el eje fujimorismo – antifujimorismo, confundiendo a los participantes del juego político y haciendo que se haya retrocedido en libertades civiles y políticas.

 

  1. De la experiencia de mi generación durante y contra el fujimorismo de los noventa, una de las lecciones que quedaron fue que el régimen capitalizó lo peor de los ciudadanos: la delación, el chisme, el sabotaje, la crueldad. Nunca una invasión es exitosa si no hay colaboracionismo de los traidores y de esos hubo varios. El régimen de Vichy, es el modelo de gobernabilidad del Perú del capitalismo tardío.

 

  1. Admitamos que los indignados somos minoría, activa sí, pero minoría al fin. En los años ochenta, el psicólogo social francés Moscovici sostenía que las minorías influyen de manera indirecta o por denegación: el activismo intenso de las minorías moviliza un mayor esfuerzo intelectual en los defensores del establishment, lo cual a la larga hacía que se la posición de mayoría se revele como inconsistente. Moscovici ofrecía abundantes ejemplos de ello y tras su planteamiento se podía rastrear cierta confianza en la razón (que yo quiero sostener tercamente, por cierto). Aquí y ahora, con la arremetida oscurantista y anti-ilustrada de nuestros días, ya no parece tan evidente. Las tinieblas han llegado para quedarse. Todavía está por verse qué tan largo es este tiempo.

 

  1. Me tocó estar en una de las marchas de fines de diciembre y fue inevitable compararla con las de fines de los noventa y el 2000. Sinceramente, eché de menos una retórica más agresiva, palabras soeces, alusiones sexuales y grotescas, etc. Elementos que puedan encarnar pasión política tal como yo pude experimentarla en mi juventud. En su lugar, me pareció percibir otra sensibilidad, una que se ha forjado estas dos últimas décadas y en la que la mirada del otro compromete el ser: cuidado de no ofender a mujeres ni gays, respeto al camino trazado por la autoridad, miradas desaprobatorias a intentos de desmanes, etc. ¿A qué formas de acción política nos llevará? Quisiera, con optimismo, mantenerme en suspenso.

Cinco apuntes sobre una crisis política

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Por Renzo Pita

1.- Cuando el presidente Kuczynski fue acusado de faltar a la ley debido a presuntos negocios que su empresa, Westfield Capital, habría realizado con la constructora Odebrecht mientras fue ministro de Alejandro Toledo, concedió una entrevista televisada a periodistas de los medios de comunicación más importantes del país. En ella se defendió esgrimiendo el argumento de haber perdido contacto alguno con Westfield. Arguyó enfáticamente que se desentendió de cualquier tipo de trabajo que lo vinculase, dejando en el cargo, curiosamente, a una persona muy cercana a él. Lo central de la entrevista ocurre cuando en un momento uno de los periodistas le increpa: “pero usted recibió beneficios económicos de esa gestión”. Subrayándole así el quid del asunto, es decir, que su ligazón monetaria nunca se rompió. A lo que Kuczynski responde con un repetitivo: “pero yo no sabía nada”. Ante la insistencia del periodista para que Kuczynski responda si recibió o no alguna ganancia de la cuestionada gestión éste responde: “si yo tengo una empresa, es normal que yo reciba un dividendo”.

En esta simple respuesta vemos aparecer una clásica denegación freudiana. Me refiero a esa forma discursiva en la que se niega y se acepta algo al mismo tiempo, y que estructura, en esta entrevista, todas las respuestas del presidente. Se la puede ver más claramente si articulamos lo dicho por él de la siguiente manera: “sé bien que no se pueden hacer tratos de ese tipo, justamente por eso me desvinculé totalmente de la empresa, que haya ganado dinero de las negociaciones que en ella se realizaron no tiene nada que ver”.

2.- La asunción de un discurso cínico de parte del presidente Kuczynski durante su trayectoria política es algo fácilmente constatable. El cinismo es aquella posición subjetiva donde se niega la existencia del Otro. Consiste más precisamente en un sujeto que se divide entre la descreencia al Otro y la búsqueda de la satisfacción del propio goce. Sin embargo, es posible que se diga –y no sin fundamento- que todo político hoy en día está más o menos destinado a asumir una posición subjetiva cínica, priorizando un interés propio y soslayando cualquier tipo de orden ético, moral o institucional. Lo que haría del presidente Kuczynski en ese caso uno más entre tantos.

Para ser más un poco más específicos sobre del presidente tal vez habría que decir que más que a un sujeto cínico puede servirnos para ejemplificar al sujeto neoliberal. La subjetividad neoliberal podríamos caracterizarla sumándole un movimiento más a la operación cínica. Me explico: el sujeto neoliberal es también un cínico que no cree en el Otro, salvo en el Otro del mercado. He ahí la diferencia.

El sujeto neoliberal habla del orden del mercado como si se tratase de una causa elevada, de un Otro simbólico que permite el progreso colectivo y la vida en comunidad, pero busca en realidad colmar un imperativo de goce que se basa en el consumo y en el éxito individualista definido en los términos de la cultura del capital. Cuando Kuczynski manifiesta no tener nada de malo ganar unos dividendos en las condiciones estrictas que pone el mercado, rechazando cualquier tipo de orden moral, ético o incluso jurídico, está encarnando este tipo de subjetividad. Suele hacerlo con mucha frecuencia en realidad. Ya en el año 2011 cuando conminaba a los ciudadanos a votar por el partido fujimorista -de sonados antecedentes antidemocráticos y delincuenciales- con tal de no perturbar el orden empresarial revelaba ese perfil.

3.- El gobierno utilizó mucho el término de reconciliación luego del indulto a Alberto Fujimori. Una reconciliación tal vez podamos definirla, sin ánimo de exhaustividad, como el surgimiento de un nuevo pacto simbólico entre dos partes. Sin embargo, todo parece indicar que detrás de este nuevo pacto que se dice buscar ha habido otro pacto. Todo parece decir que detrás de la escena que se nos muestra existe Otra escena más interesante aún. De ser así –y hay sobrados motivos para creerlo- tendríamos al gobierno funcionando como un sujeto dividido entre dos escenas. Por un lado, el sujeto invocando la reconciliación: un valor moral noble y elevado. Por otro, gozando de una negociación que lo beneficia particularmente y resguarda su debilitado poder.

Vemos aquí representado el acto del canalla, un sujeto que no cree en el Otro, pero que finge creer en él para avanzar en sus propios intereses. La apelación fingida al Otro de la reconciliación, para solapar un beneficio particular nos revela la estructura detrás del acto del gobierno.

4.- La indignación hizo su aparición. Los ciudadanos salieron a las calles a protestar. A muchos no les importó que nos encontráramos en las vísperas de navidad e igual salieron. Días después diversos colectivos organizaron una marcha y luego de ella organizaron otras y seguirán haciéndolo. La indignación es un afecto que, como su nombre lo dice, tiene que ver con la dignidad. La ciudadanía había sido burlada, se nos había tomado por tontos, nos habían dado gato por libre. Tal vez la indignación es el único componente común de esa gran masa que es el antifujimorismo y que en principio no parece tener un centro.

Se trata de una defensa de la dignidad, sin duda, pero cómo se llevará a cabo. Gerardo Arenas en su artículo “Cólera, indignación y goce del encastre”[1] señala que la indignación puede llevar a actos muy éticos y creativos pero también a la cólera, la segregación, la violencia, la venganza. Es en este punto donde uno encuentra que la masa antifujimorista es excesivamente heterogénea. Uno puede ver desfilar grupos que toman una posición segregativa, clasista y hasta racista, tomando a los fujimoristas como seres inferiores, amantes de la ignorancia y la incultura. Se puede ver también ciudadanos que invocan a un Otro simbólico (institucionalidad, democracia, etc.). Y se puede ver además la invocación de una nueva mano dura, de una ley de hierro, para que de su merecido a la clase política e invierta de cuajo la pirámide social.

5.- El psicoanálisis puede revelar la estructura libidinal de las masas y del orden social en general. Con ello puede prevenir falsas salidas, falsos escapes que hacen creer a los seres hablantes que se han liberado de sus cadenas. Podemos contribuir a ubicar los reales síntomas sociales y a desmentir las falsas dicotomías, sin olvidar que nuestra lucha es por la de un sujeto de palabra. En definitiva, hacer prevalecer la lógica del no-todo en contraposición al goce de lo Uno.

[1] Arenas, Gerardo. Cólera, Indignación y goce del encastre. Dirección: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/46006/Documento_completo.pdf?sequence=1

Un acercamiento psicoanalítico a la política nacional

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Por Elida Ganoza

Quiero en esta noche, primero centrar el tema del poder y su relación con la corrupción en un estado democrático como es el Perú y luego plantearles algunas ideas que nos pueden servir para poder abordar los acontecimientos políticos nacionales en la conversación que tendremos.

¿El ejercicio del poder en nuestro país lleva a la corrupción a los gobernantes? Es una interrogante que me surgió pensando cómo abordar el tema de la invitación del directorio.

El colapso de los partidos en los 90, la caída del autoritarismo corrupto del fujimorismo en el 2000 y el fracaso de la “democracia sin partidos” han generado una debilidad institucional, falta de propuestas políticas, desconfianza estructural hacia los gobernantes, los políticos y la consecuente pérdida de la credibilidad, siendo testigos de cómo la corrupción tomó el poder y se convirtió en un sistema.

A estos acontecimientos se suma el mayor caso de corrupción en la historia de Brasil y de Latinoamérica que involucra a nuestros gobernantes, y que estalló en enero de 2017. El caso Lava Jato, ha removido los cimientos de la democracia y de la gobernabilidad en el Perú.

¿Es recién en la década de los 90, que se manifiesta la corrupción?

La corrupción desde siempre ha estado presente, volviéndose una constante que se ha expandido por toda la clase política y en los sucesivos gobiernos. La corrupción, ahora la tenemos más visible debido a la globalización y al alcance de los medios de comunicación por los avances de la tecnología. Este fenómeno es de naturaleza trasnacional.

¿Podemos plantear que vivimos en una cultura de la corrupción caracterizada por hábitos, forma de pensar y renuencia a cumplir las leyes? ¿El pueblo ve con sentimientos ambivalentes a los políticos: por un lado rechaza, critica y no está de acuerdo con el delito, pero por otro desea lo logrado por estos? ¿Los ciudadanos se identifican e incluso estarían listos a formar parte o ser cómplices? Piensan que si el otro lo hace, y se beneficia aprovechándose de otros ¿por qué ellos no?

Sí, respondemos si, entonces, la corrupción envuelve a una considerable mayoría. El estilo de vida estaría sujeto por métodos ilícitos considerados naturales. Se festeja el ingenio para burlar la ley. Se prefiere el camino corto e indebido. Hay una parte de la sociedad que no le interesa que los actos de corrupción continúen a condición de que los dictadores les confieran favores y privilegios. Ante esta situación, me pregunto:

¿Qué puede aportar el discurso analítico a la política?

Para el psicoanálisis el estatuto de la política va de la mano de la ética. Los políticos podrían dejarse orientar por esta confluencia necesaria entre política y ética. Sin embargo, hay una distinción entre ambas, la ética concierne a un sujeto y la política es del orden de lo colectivo, es del orden del para todos, nos aclara Miller en su curso Los divinos detalles.[i]

Ahora, tendríamos que preguntarnos ¿cómo se pasa del uno a lo colectivo, al conjunto? Freud dio una solución, la identificación, que asegura la serie de producción de los egos   iguales, esta sería la dimensión horizontal, pero también planteó la vertical relativa al Otro, que es el Ideal del Yo. ¿Y qué va a ese lugar? Lacan plantea que es un rasgo significante, simbólico, S1, que como denominador común precipita la identificación para que una multitud de egos se vuelvan comunes. Pero ¿esto es suficiente? Es una solución por la vía del padre.

Hay problemas con esta solución que Miller aclara: no todos hablamos la misma lengua, y esto se evidencia en la política, no todos siguen las consignas del partido, cada uno habla a partir de tener un cuerpo, el suyo, con sus y con su goce singular que nos lleva a la pregunta sobre ¿cómo el goce pasa al Otro y se establece un lazo social?[ii]

¿Se trata de sacrificar el goce?

El inconsciente es la política[iii], decía Lacan, para referirse al peso que toma esa dimensión que nos habita y que nos empuja a ir contra nosotros mismos, es nuestro lado oscuro, la respuesta desesperada en estos tiempos de incertidumbre no se duda en llamar al más feroz y obsceno de los guardianes, al superyó para que regule nuestro propio desorden y de esta manera, calmar la angustia. En el mismo lugar donde se enuncia el deber, se acumula goce. Hay renuncia a las pulsiones pero el goce no está perdido para todo el mundo y se acumula en el sitio mismo donde se requiere su sacrificio. Cuanto más severo fue el deber, más hallamos lo que se llama corrupción.[iv]

La corrupción en el nuevo orden del capitalismo no es una anomalía, es un hecho estructural del cual la clase política es el síntoma de esa estructura[v], afirma Jorge Alemán. La democracia, vaciada de contenido que impulsan los partidos se basa en el neoliberalismo, cuyo fin es someter a los sujetos y anular su singularidad. Su cara mortífera es la incidencia que sobre la subjetividad ejerce apuntando al corazón del sujeto para conseguir un sometimiento voluntario al discurso del amo y se autoriza para imponerse bajo el manto de la democracia, esa es la cuestión más seria. Por lo que capturada por esta ideología, la democracia se transforma en un semblante al servicio de las grandes corporaciones financieras, políticas y mediáticas.[vi]

La corrupción, el desgobierno y la degradación de la ley no son responsabilidades de la democracia, sino de aquellos que la enarbolan. El malestar en la democracia es la perversión de sus agentes políticos en la era del Otro que no existe. Y a esta perversión generalizada[vii], se añade la propia condición de goce de los sujetos implicados.

Marie-Hélène Brousse, en Democracias sin padre[viii], toma la frase de Lacan, el inconsciente es la política, para explicar que esta formulación no lleva al padre, sino al discurso del Otro tachado y a la cuestión de la verdad que es no toda, dividida e incompleta. En el campo político no se juega la verdad como adecuación, sino la interpretación ideológica de los hechos, la ideología es puro sentido. El abrirnos a la dimensión de la verdad como variable, nos permitirá pasar de una verdad a otra y no quedarnos con una verdad única que impediría el diálogo con otros.

 

Si queremos leer los acontecimientos políticos ubicándonos en el campo psicoanalítico tenemos que orientarnos por el síntoma, es nuestra brújula, encontrar el dato especial de un todo, se trata de un rasgo. Si seguimos este camino, en primer lugar debemos precisar síntomas, reconocerlos, recortarlos y es como se pueden leer las fragilidades de la democracia y del sistema republicano,[ix] nos recomienda Jorge Chamorro.

Miquel Bassols, propone una democracia analítica[x], que respete lo más singular de cada sujeto. Donde cada ciudadano sostenga su opinión, la argumente, la proponga a otro como interlocutor válido, lo que conllevará a poder desmarcarse de la homogeneización del para todos, que es uno de los ejes principales del malestar de la civilización.

 

 

[i] Miller, J-A., Los divinos detalles, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 208.

[ii] Ibid., p. 216.

[iii] Lacan, J., Seminario XIV, “La lógica del fantasma”, clase 10 de mayo 1967, inédito: “Incluso no digo ‘la política es el inconsciente’, sino nada menos que ‘el inconsciente es la política’”.

[iv] Miller, J-A., Los divinos detalles, op cit., p. 225.

[v] Alemán, J., http://www.diarioinformacion.com/alicante/2013/01/25/corrupcion-politica-anomalia-estructural-sistema/1337090.html.

[vi] Caretti, J., Política y psicoanálisis: la red ZADIG. En Blog Zadig-España.

[vii] Rivas, E., “El Malestar en la Democracia”. En Blog Zadig-España.

[viii] Brousse, M.E., Democracias sin padre. En Blog Zadig-España

[ix] Chamorro, J., Pauperización del lenguaje y lógica de las piedras, bombas, injurias y difamación. En Movida Zadig.

[x] Bassols, M., Campo Freudiano, Año Cero, en la ELP. Alocución realizada en la Asamblea General Ordinaria de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) celebrada en Madrid el día 10 de noviembre de 2017.

 

Jornada Clínica de la NEL-Lima

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La Nueva Escuela Lacaniana – NEL Lima, tiene el agrado de invitarlo a participar en la Jornada Clínica que se llevará a cabo los días 18 y 19 de noviembre del presente año.
Vamos a tener como invitado a Fabían Naspartek, miembro de la Asociación Mundial de psicoanálisis y de la Escuela de la Orientación Lacaniana y ex AE por la Escuela Una.
Fabián, tendrá la responsabilidad de dictar un seminario que lleva por título “El coraje del loco”, además de comentar 6 casos clínicos que serán presentados por miembros de la NEL Lima.
 
Como figura en el afiche que  acompaña la presente invitación el costo es de 200 soles y es indispensable inscribirse con la debida anticipación pues el auditorio del hotel solamente tiene capacidad para 45 personas. Dicha inscripción la debe realizar enviando un correo de aceptación a las siguientes direcciones electrónicas: NEL-Lima@nel-lima.org y fernandogomezsmith@gmail.com
 
Cordialmente 
 
Directorio NEL Lima

El Seminario de la NEL, 1 sesión

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11 DE MARZO

Hora: 10:00 a.m. (Colombia)

TRANSMISIÓN VÍA WEBEX

10:00 a.m. Sobre la formación del analista
Miquel Bassols
11:00 a.m. La práctica y el control
Éric Laurent

Están todos invitados

Seminario Internacional-Psicoanálisis con niños

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nellima
En este Seminario Internacional la psicoanalista argentina Beatriz Udenio desarrollará :
– La transferencia, como concepto fundamental del psicoanálisis, que es también el pivote esencial por el que orientamos la clave de una cura psicoanalítica con un niño/a.
La perspectiva de hasta dónde llega el alcance de lo que esa relación posibilita, define el aspecto terapéutico que el psicoanálisis puede tener, y lo distingue de otros abordajes. Trazaremos los soportes de dicha concepción y su diferencia con aquellos otros.
– Tratará la evaluación y medicación en niños.

Jueves 24 y viernes 25 de noviembre
Horario los dos días: 7:00 – 10:00pm
Aula 201 Centro Cultural y Científico Universidad Peruana Cayetano Heredia
Av. Armendáriz 445, Miraflores
Mayor información: nel-lima@nel-lima.org
Teléfono:2432831

Reseña de la presentación del trabajo “El caso único en la medicina: El caso Shirley, la violencia en la institución médica”

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Grupo de trabajo sobre el eje de violencias de la NEL Lima[1]

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Como parte de las conversaciones previas a las IX Jornadas de la NEL a desarrollarse en Guayaquil, el Grupo de trabajo sobre el eje de violencias de la NEL Lima presentó el trabajo “El caso único en la medicina: El caso Shirley, la violencia en la institución médica”. Elaborado de manera polifónica, la brújula que orientó el trabajo fue la lectura y puntuación de un acontecimiento que, desde sus consecuencias, agujerea el saber médico.

Una primera pregunta direccionó la presentación, ¿qué lugar ocupa lo singular dentro del tipo de tratamiento que en la actualidad ofrece la medicina? Pautado por el seguimiento de protocolos y medidas estandarizadas, la medicina, desde un movimiento moebiano, no da cabida al detalle del caso clínico ni a la posibilidad de formularse una pregunta dirigida al gremio médico que opere como pivote que conduzca su propia formación. Dejando de lado la complejidad inherente, y por ende la singularidad del caso, la respuesta del gremio médico a la intervención practicada a Shirley precisó que se había actuado siguiendo todo lo que los manuales y hospitales de atención pública especializada indicaban hacer en casos similares.

Esta desatención del caso por caso condujo a una segunda pregunta, ¿cómo leer las consecuencias que se desprenden de la intervención quirúrgica a la que Shirley fue sometida y por la cual perdió sus extremidades? A modo de respuesta, el Grupo de trabajo resaltó un primer elemento centrado en la violencia ejercida contra ella, y contra otros pacientes, por parte de la estandarización de la atención médica, operación que se funda en la burocratización de una lógica biopolítica de intervención. Ignorar la singularidad del cuerpo de cada paciente, y del un Real en juego, muestra el ejercicio de una violencia sustentada en un saber ofrecido para “todos por igual” en tanto sujetos de derecho. Parafraseando a Laurent, se precisó que todas las formas de burocracia se fundan, de una u otra manera, en el saber. De este modo, desde que éste sustenta determinado lazo social, se tiene en realidad un saber supuesto; es decir, nadie está forzado a saber verdaderamente.

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