Excursus

Miquel Bassols: Cuatro minutos plenos de rigor y sencillez sobre lo real y la Escuela

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La Escuela es el quinto concepto fundamental de la enseñanza de J. Lacan (inconsciente, pulsión, repetición, pulsión y Escuela).
La Escuela es una experiencia subjetiva fundamental para la formación del analista. Quinto concepto que toca un real muy especial: La Escuela es el tratamiento de lo real en que se funda el grupo psicoanalítico (todo grupo se funda sobre un real y está condenado a ignorarlo).
La lógica de la Escuela trata lo real del grupo en contra de la inercia de la identificación: Liberar al grupo de sus efectos obscenos y apresar lo real que rompe con la identificación en una comunidad. (La comunidad analítica es una comunidad de lo(s) que no hace(n) comunidad, al decir de M. Blanchot). La razón es que no hay categoría universal del analista al que se dirija lo real del inconsciente, el mismo que, además, no se dirige de entrada a nadie.
La transferencia  (la suposición de algún saber) es un modo de tratar lo real (la ausencia de saber escrito en lo real). Un real se construye, no se aprende por la repetición sino por la novedad a la que la repetición puede llevar.
La experiencia y la lógica de la escuela constituyen el instrumento por el cual es posible abordar un real para el s. XXI.
(Marita Hamann)

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Del goce femenino al sinthome[i]

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Marita Hamann

texto marita

La noción del goce femenino como sustrato de todo goce es un nuevo paradigma del goce que JAM extrae de su lectura de la muy última enseñanza de Lacan, especialmente, de lo que se desprende del seminario XX en cuanto a la existencia de un goce no-todo atravesado por la función fálica, y del seminario XXIII, por cuanto las elaboraciones de Lacan en torno a Joyce permiten avizorar maneras de hacer con el goce que involucran una suerte de inconsciente real, allí donde la dimisión paterna es patente (lo que ocurre siempre en algún grado, en todos los casos).  Vale decir, no lo encontraremos explícitamente señalado por J. Lacan como tal.

El hilo que sigue JAM está expresado en su discurso para la presentación del próximo Congreso de la AMP, donde, entre otras cosas, dice lo siguiente:

“Lacan ha utilizado el lenguaje matemático que es lo más favorable a la ciencia. En las fórmulas de la sexuación, por ejemplo, ha tratado de captar los callejones sin salida de la sexualidad en una trama de lógica matemática. Y eso ha sido como una tentativa heroica de hacer del psicoanálisis una ciencia de lo real como lo es la lógica.

Pero eso no se puede hacer sin encarcelar el goce en la función fálica, en un símbolo. Implica una simbolización de lo real, implica referirse al binario hombre-mujer como si los seres vivientes pudieran estar repartidos tan nítidamente, cuando ya vemos en lo real del siglo XXI un desorden creciente de la sexuación.

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La actitud analítica

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Comentario en torno al capítulo XI de Sutilezas analíticas, “Mutaciones del goce”

Marita Hamann

Desde el comienzo, JAM nos dice que se propone tomar las cosas desde la experiencia y, a partir de allí, reconstruir la teoría. “No apunto a construir —­explica—sino más bien a describir, a acercarme a lo que es, a lo que hay”.[ii] Hasta podría decirse que su disposición obedece a una aspiración: “¡Es difícil hacerse el ingenuo después de tantos años de análisis y de práctica de análisis! —exclama—. Evidentemente, no lo logro,… En fin, no demasiado, aún”.[iii]

Llevado por este ánimo, nos alcanza con sencillez algunas pistas clínicas sutiles. Por ejemplo, presenta al obsesivo como aquel que reflexiona en las sesiones, mientras que la histérica está tomada por el acting, y de allí su hablar irreflexivo. El sujeto del inconsciente solo aparece cuando surge la opacidad de la palabra, una suerte de “yo no sé”; aquí, analista y analizante están del mismo lado, apuntando a que se abra la puerta del inconsciente, que es el lugar donde eso sabe. La psicoterapia, en cambio, se distingue por tratarse de un contrato entre dos “yo sé”.

Es un hecho de estructura que todo ser que habla no encuentra la referencia de sus dichos. El analista se constituye entonces como el lugarteniente del objeto perdido, de un “sí mismo” perdido, podríamos decir también, lo que da lugar al apego del analizante, y esto es lo que llamamos transferencia, prosigue JAM. El pensar no tiene autonomía, tampoco el inconsciente; se trabaja con el obstáculo. Por eso, la actitud analítica despierta el yo no sé del analizante. Ocurre entonces que, cuando el analista alcanza la actitud que suscita el no saber, puede contentarse con eso. Es que hay una satisfacción en el hecho de ejercer la práctica, al punto de que, nos cuenta, cuando él comenzó a ejercerla, alguna vez le ocurrió quedarse dormido; pero esa satisfacción se perdió cuando fue confrontado con algo que lo forzaba a pensar: “Estar en relación con lo que los fuerza a pensar, es a mi entender, la única investigación que vale”, sentencia, y por la misma razón, agrega, Lacan imputaba su esfuerzo de enseñanza a su superyó.[iv]

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Sin diferencia sexual ni cuerpo

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B26 2Ángela Fischer

Se aprecia que en muchos de los estudios culturales dedicados al género, que la problemática sexual tiende a diluirse en discursos que otorgan prioridad a  elaboraciones de índole social o cultural, de derechos, de, igualdad. Lo que está implícito en la noción de gender, es “burlar el imposible” ese real que el psicoanálisis nos señala como lo central ,el no hay relación sexual, entonces  los esfuerzos nominalistas de los estudios de género , se dirigen a  borrar la diferencia y alcanzar la llamada identificación sexual , Lacan en el seminario 18 De un  discurso que no fuera de semblante dice “Lo importante es esto .La identidad de género no es otra cosa que lo que acabo de expresar con estos términos, el hombre y la mujer (…)en esta instancia debe percibirse que lo que define al hombre es su relación con la mujer e inversamente.(2)

Cuando Lacan se  refiere a la mal-dición del sexo en Televisión, no lo hace en  los términos de la etimología sino en términos lógicos, entendiendo mal-dición como lo imposible, y esta imposibilidad es que entre los sexos femenino y masculino no haya una proporción que permita una relación. “Lo que tienen  en común  la maldición y lo imposible es que los dos términos designan algo que escapa al alcance del sujeto”. Es en el seminario 20, Aún, donde desarrolla  esta falla fundamental de la estructura  —la no relación sexual—, a partir de las elaboraciones sobre la sexualidad femenina, sobre el goce femenino, porque no hay  cómo nombrar a la mujer sin que se la mal-diga, es decir  que solo se la puede nombrar  desde el lado masculino, del lado fálico, por lo tanto, se la mal-dice. Los discursos de genero la mal-dicen por el forzamiento a hacer entrar la diferencia sexual al todo, al universal mediante las palabras amo, como queer, trans etc. Así como modalidades de goce que se acepten como adecuadas, permitidas, como un derecho, para borrar la perturbación que cualquier goce produce, con Lacan sabemos que la relación con el  propio goce tanto para el sujeto masculino como el femenino, plantea siempre una relación insatisfactoria, perturbada, entre el ser hablante y su cuerpo.  Lo que se produce como efecto por el contrario es una mayor perturbación.

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Lecturas fragmentarias sobre el cuerpo

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Marita Hamann  
La sede del Otro es el cuerpo, íntimo a la vez que extranjero. Un cuerpo que se tiene, sin ser. El ser no existe como tal ya que solo un discurso lo soporta. Se requiere que algo haya para que ese Otro, falta en ser que existe, se sostenga. En primer lugar, lo que hay, es el trauma.
Como demuestra bellamente Ph. Lacadée, a propósito de la anécdota que Lacan cuenta en el Seminario. 11, el Otro para el niño, es un significante viviente que, como se ilustra aquí, surge de un encuentro que es traumático, aunque también pacificante. Significante único que impacta en el niño pequeño sin que para él eso tenga sentido ni significación; “este niño que, desde entonces, ante la ausencia de respuesta del Otro, no dirige nunca más un llamado, ingresando en una suerte de mutismo, incluso de autismo, y que encuentra por la vía del sueño en los brazos de Lacan ‘el acceso al significante vivo que yo era desde la fecha del trauma’”. Es que el Otro portador del significante “vive y goza en otra parte, fuera de él” y, cuando se aleja, inevitablemente, lo deja caer: si nadie responde al llamado, la palabra estraga, el silencio que la sucede se equipara al grito que la antecede, pulsión invocante pura.
¿Es inocente el niño? Se plantea Ph. Lacadée. Y responde: “Notemos cómo, para Lacan, el niño freudiano es culpable de dejarse llevar por un goce masoquista que ha sentido o experimentado. Hay en el niño una pendiente que lo empuja a hacerse el objeto caído del Otro. Hay en él una disposición temprana a la ruina, un masoquismo primario que lo lleva a sufrir su propia ruina y a extraer de eso una satisfacción fundamental, un goce”. Para Lacan, se trata de algo que pone a cada uno a merced de ser dejado caer por aquel que lo sostiene simbólicamente en su experiencia de nominación. Entonces, el niño no es inocente, es culpable del goce que extrae valiéndose del significante y del que obtiene cuando se deja llevar por ese masoquismo primario.