Excursus

Proyección “Un niño llamado Mark”

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Afiche Video entrevista Un niño llamado Mark (1)

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“Meteoro, Tribuna Lacaniana”

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ya está en línea:  meteoro.elp.org.es

tribuna lacanianaSe trata de una apuesta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis por generar un espacio dedicado a la lectura que el psicoanálisis puede ofrecer del mundo contemporáneo, sus distintas expresiones, sus encrucijadas, sus síntomas.
Estaremos, para ello, más atentos al trazo de las escrituras de la actualidad que a los movimientos de su renovación efímera.
Fomentamos el diálogo del psicoanálisis con la sociedad civil, la cultura, las artes, la ciencia, la política, la cuestión pública, reivindicando la especificidad del discurso analítico. Esta especificidad apunta a los efectos del lenguaje sobre el sujeto y cómo estas operaciones se inscriben en un real, que no es el de la ciencia, rupturista en su isomorfismo con la naturaleza, que aparece siempre privado de sentido, agujero en el saber, clave misma de la experiencia analítica. Pretendemos así contribuir a una conversación posible sobre los avatares de la civilización de nuestro tiempo, articulando el psicoanálisis con la multiplicidad de discursos de la contemporaneidad.

Contenidos del número 1

“Presentación. Especificidad del Psicoanálisis”

Presentación,  por Manuel Montalbán

El big pharma y el enigma del deseo sexual femenino, por Santiago Castellanos

La técnica, la religión y sus víctimas, por Miquel Bassols

Tanto en la publicación como en la web que la aloja nos hemos inclinado por un formato intuitivo y ligero, con textos breves y directos, en miscelánea o sobre temas comunes. Una clave fundamental que manejamos para enriquecer el proyecto es abrir nuestras páginas a colaboradores de campos fronterizos, amigos del psicoanálisis en cada Sede y Comunidad de la Escuela, que quieran compartir su singular ejercicio de lectura. Nuestro correo de contacto para recibir propuestas de participación es: tribunalacaniana@gmail.com.

El equipo de Meteoro:

Santiago Castellanos (Presidente ELP)

Manuel Montalbán (Director de Meteoro)

Comité Editorial: Paloma Blanco, Laura Canedo, Gabriela Galarraga, Beatriz García, María Navarro, Oscar V. Ventura

Comité de Redacción: Ángela González, Dolores García de la Torre, Gustavo Dessal, Jesús Ambel, José Ángel Rodríguez, Juan Carlos Ríos, Mercedes de Francisco, Pedro Gras, Rosa Mª Calvet, Iñaki Viar, Xavier Esqué y Xavier Giner.

Entrevista a Antonio Di Ciaccia: analizante de Lacan

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LA OSCURIDAD DE JACQUES LACAN

por Doriano Fasoli, publicada originalmente en “El café ilustrado” N° 37-38 (2007)

Lacan

Antonio Di Ciaccia es Analista miembro de la Escuela de la Causa Freudiana de París, miembro de la Escuela Europea de Psicoanálisis (Sisep), y presidente del Instituto Freudiano de Roma. Es fundador del Instituto para niños psicóticos de Antenne 110 de Bruselas. Para Ed. Einaudi estableció la publicación en italiano de varios seminarios de Jacques Lacan. Dirige la revista del Campo Freudiano  “La Psicanalisi”

Doriano Fasoli:-Profesor Di Ciaccia, ¿cuándo y en qué circunstancias conoció personalmente a Lacan?

Di Ciaccia:-Hacia fines de los años sesenta había ido a estudiar psicología a la Universidad de Lovaina en Bélgica. En esa época, en la Universidad no se hacía otra cosa más que hablar de Lacan y el ambiente que frecuentaba estaba compuesto de jóvenes atraídos por el psicoanálisis. Con estos compañeros me había inscripto en las Jornadas de l’Ecole freudienne de Paris en el otoño de 1971, jornadas de estudio que como era habitual Lacan quería que fueran abiertas a todos y no reservadas exclusivamente a los psicoanalistas.

Finalizando una mañana, luego de la intervención de Safouan si mal no recuerdo, durante el debate, hice coraje y pedí la palabra. Coraje que luego me faltó por varios años. Dije algo en el micrófono; Lacan estaba saliendo de la sala por la puerta opuesta, lejos. A la noche, durante un refresco en l’Ecole freudienne de Paris, en rue Claude Bernard, veo a poca distancia a Lacan que caminaba entre la gran cantidad de gente. Le tomo la mano para saludarlo, él se da vuelta, me mira y me llama por mi nombre. Sorprendido le pregunté cómo sabía mi nombre. Me respondió que era yo quien lo había dicho cuando hablé finalizando la mañana. Y me dijo: “Usted ha dicho que un analista no es un analista delante de su propia mujer”. Era efectivamente la frase que yo había pronunciado. “Dígame, mi estimado, ¿a qué se dedica?” . Le respondí que era estudiante de psicología en la Universidad de Lovaina y que era sacerdote. Mis palabras le procuraron como una súbita alegría. “¿Sacerdote? ¿Estudiante en Lovaina? Dentro de unos días estaré en Lovaina y me gustaría que usted participase de los encuentros que haré allí”.
“Pero yo no soy analista” –dije -“ ¿y? -respondió. Arregló él mismo las cosas. Ahí mismo fue a buscar entre los presentes a Antoon Vergote, que estaba en compañía de Alphonse De Waelhens, ambos famosos profesores de la Universidad de Lovaina. El presidente de l’Ecole Belge de Psychanalyse -Vergote –debía ceder, luego de resistirse en vano, al pedido explícito de Lacan de que yo estuviera en esos encuentros. Así comenzó mi aventura junto a él.

AF:-Desde el punto de vista intelectual ¿qué representó Lacan en su vida? ¿fue con él que se analizó?

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Photo sin Shop

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Por Gustavo Dessal. Miembro ELP y AMP.

Ayer era solo la imagen de un niño sirio de tres años, pero hoy sabemos su nombre. Se llamaba Aylan. En el naufragio, a su padre se le escapó de las manos, y de esas manos se escapó la vida del niño y también la del padre, a quien más le habría valido morir en vez de convertirse en el espectro de un superviviente. No cualquier muerte es el límite absoluto: Lacan sugirió que es la de un hijo. La varia boca del mar, que es infinita, tuvo al menos la piedad de devolverlo intacto, con su ropa compuesta, su mejilla apoyada sobre la arena blanda, como si durmiese. Los hombres no tuvieron esa compasión.

Desde el ángulo que esa foto fue tomada, casi no vemos el rostro de Aylan. Vemos, en primer plano, las suelas de sus zapatillas. La crónica del mundo se escribe en los libros, y también en las suelas de unas zapatillas, solo que esta vez el relato se interrumpió demasiado pronto. No sin razón Borges calificó de universal la Historia de la Infamia: porque no conocemos la fecha de su inicio, pero estamos seguros de su eternidad. Todos los días se añade una página, del mismo modo que todos los días mueren miles de niños y nos hundimos un palmo más en la ignominia.

Continuando con el repaso del espanto, leo que los medios de prensa discuten sobre la conveniencia o no de publicar la foto. Notable y docto debate, en una época donde la obscenidad de la imagen se ha convertido en un valor sagrado. La prensa del país que hace unos meses se partía el pecho por la defensa de la libertad de expresión, ayer manifestó contención y pudor en sus portadas. El argumento es compartido por muchos: no comerciar con el dolor. Por supuesto. ¿Por qué dar especial relieve a esta tragedia cuando centenares se suceden diariamente sin que una foto las registre? Tal vez exista una objeción válida a este atendible argumento. Porque de tanto en tanto necesitamos un uno. No el Uno de la unificación, el de la totalidad, o el de la globalización, sino el uno que podemos extraer de un conjunto. Desgraciadamente, una montaña de cadáveres, una sucesión interminable de horrores, acaba por reactivar la función más primaria de los sentidos: la función de no querer saber. ¿Acaso no es eso lo que Lacan enseñaba cuando solía recordar las palabras del Eclesiastés: “Tienen ojos para no ver, oídos para no escuchar”? Por eso hemos necesitado la foto del niño judío con los brazos en alto, detenido junto a su familia por las SS, y también la foto de Kim Phuc, la niña vietnamita de nueve años que corre desnuda quemada por el napalm, esa foto que abrasó la conciencia de una buena parte del pueblo americano. Hemos necesitado esas fotos -y otras tantas- porque tienen la propiedad de desencadenar un efecto de identificación, sin el cual el otro es solo un número vacío, invisible en la contabilidad de las víctimas, o el espejo negro de lo peor de nosotros mismos, que nos obliga a apartar la mirada.

Freud refundó la condición humana, y la situó en el sorprendente espacio de la infancia. Si Shakespeare inventó al ser humano, según la famosa y provocadora afirmación de Harold Bloom, Freud inventó al niño. La infancia freudiana no es un período evolutivo. Es la subjetividad misma que perdura inalterable a lo largo de la vida, suspendida por siempre del hilo del desamparo radical. Aylan es el retrato de una derrota, la fotografía de la civilización como fracaso irremediable, el que se muestra cuando lo real hace trizas el velo ilusorio del progreso. Lacan advirtió que el hombre ha perdido el sentido de la tragedia. En su lugar, es la tragedia del sentido lo que se apodera de la colectividad humana. Que actualmente el sentido haya alcanzado su nivel crítico en el fratricidio islámico, es un avatar histórico: los otros monoteísmos también aportarán su veneno, como siempre han sabido hacerlo.

Por fortuna, la hipocresía no ha llegado esta vez a la playa turca, y no veremos una nueva foto de los mandatarios europeos desfilando tomados del brazo mientras una multitud de imbéciles aplaude embargada de emoción y patriotismo a los defensores de la libertad. Esa otra foto, que bien podría ser la cubierta del catálogo de la Europa teratológica, ha servido para una cosa distinta: recordarnos que existen distintas calidades de víctimas y de muertos, que hay crímenes que ofenden a la Humanidad, y masacres que en cambio se consideran actos de legítima defensa.

Como tantos otros, Aylan no ha podido cumplir el sueño de alcanzar la Tierra Prometida. ¡Qué mueca grotesca de la Historia! Hoy el Paraíso tiene su sede central en Alemania.

El selfie: el goce de la propia imagen

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Por Angela Fischer

Tomare como punto de partida un corto protagonizado por Kirsten Dunst y realizado por Matthew Frost titulado en inglés “Aspirational”

Este corto muestra muy bien la potencia de las imágenes en desmedro del vínculo con el otro, y el Otro , son unas jóvenes que ven a Kirsten en la calle , ellas van en auto, al verla se detiene se cercioran si se trata de la mencionada actriz y ambas se toman sus respectivos selfies, inmediatamente “comparten” sus imágenes en alguna plataforma virtual, y Kirsten ya no es más deseable para ambas jóvenes, sale de la escena y ella les dice si quieren hacerle alguna pregunta, y solo atinan a dar unas gracias como de la contestadora automática y se retiran mirando sus imágenes cada una de su propio aparato celular ante el rostro sorprendido de Kirsten. Lo importante era tener la imagen de esta popular actriz, no interesa más. El goce es mirarse a sí mismas y con la actriz con la cual se toman el selfie, no se entabla ningún vínculo, lo mismo era si tomaban su imagen de un afiche de publicidad.

El selfie es un auto fotografía, tomada con algún dispositivo digital, pero no se trata de una nueva manera de fotografía, no es simplemente el uso de un nuevo aparato fruto del desarrollo tecnológico, no estamos pasando de la cámara tradicional a la digital. Se trata de una práctica donde el goce está en capturar la propia imagen, por si mismos, cuyo efecto está más relacionado con el autoerotismo como decía Freud la boca que se besa a sí misma.

Esta práctica tiene en los adolescentes una especial predilección, por lo accesible, tan a la mano, y la posibilidad de compartirla virtualmente prácticamente en el mismo momento que ellos la capturan.

Podemos apreciar cómo se escamotea la relación con el Otro, se debilita el discurso y el lazo social, y podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de esta incesante captura de imágenes vacías, no es la experiencia que produce un cuadro, una fotografía, el selfie produce cortocircuitos en relación al encuentro con el Otro y deja al sujeto en una experiencia de goce solitario. Frente ¿a qué imaginario estamos?

Como dice Miller:

“Solo podemos hacer definitivamente de la imagen un elemento del registro imaginario, si hacemos de ella un significante… las imágenes se significantizan, pueden transformarse en significante y pueden ser tomadas como significantes“.[1]

Asistimos a una compulsión de tomar o capturar con cualquier dispositivo que se tenga a mano todo lo que el sujeto hace desde la más simple rutina de su vida así como otros tipos de acontecimientos.

La inmediatez de la imagen sin más destino que alguna plataforma virtual, este tipo de imagen está más vinculada a lo propiamente escópico, deja de lado la mirada y la esquizia que, pasa a ser puro objeto y el objeto es vacío.

Al respecto afirma Gérard Wajcman:

“La fantasía de ver todo y de conservar todo va acompañada, paradójicamente, por una soberana indiferencia al asesinato de la imagen… la imagen ha perdido cualquier carácter sagrado, sino que además ni siquiera es un objeto. Lo virtual es aire y nada más”.[2]

Si se produce un cortocircuito al Otro, la imagen queda aislada de significación, qué efectos para la subjetividad de los adolescentes, quedan a merced de una experiencia mortífera. Este tipo de imágenes solo produciría un goce en el cuerpo. ¿Qué consecuencias en el lazo social, qué lugar para el encuentro?, preguntas propias del ámbito de nuestra práctica.

[1] Miller, J.-A., Elucidación de Lacan, EOL-Paidós, Buenos Aires, 1998, p. 579.

[2] Wacjam, G., El ojo absoluto, Manatial, Buenos Aires, 2010, p. 256.

Radio Lacan en el VIIº ENAPOL : #ImágenesAgujereadas

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black-mirror

Radio Lacan se suma al VII Encuentro Americano del Psicoanálisis de Orientación Lacaniana, ENAPOL. Los días 4 y 5 de septiembre de 2015 tendrá lugar en la ciudad de San Pablo, Brasil, el XIX Encuentro Internacional del Campo Freudiano y VII ENAPOL “El imperio de las imágenes”, y Radio Lacan decide acompañarlo con un gran podcast, de producción propia, titulado “El no-todo de la imagen”. Es por ello que invitamos a un grupo de colegas de la AMP para que nos transmitan en un texto oral, una contribución que bordee el tema del encuentro, tomando como referencia algún capítulo de la serie creada por Charlie Brooker, Black Mirror. Esta serie da a ver la opacidad de la vida, en tanto lo que comanda es el saber hacer de la tecnología, sin deseo. Mostrando en acto, el fracaso del mundo tecno frente a la emergencia de la angustia de los parlêtres. De esta manera, la producción de Radio Lacan busca atrapar, sirviéndose del hashtag #Imagenesagujereadas la lectura que cada invitado pueda hacer, teniendo en su orientación la fundamentación del Encuentro… “Es el imperio de las imágenes que se proyecta sobre el muro del lenguaje. Imágenes múltiples, fragmentadas, omnipresentes, desproporcionadas, intrusivas, que sin mediación impactan, fascinan, traumatizan, afectan subjetividades y cuerpos, a veces convirtiéndose en referencias; paradojas de la época… Las consecuencias de la capacidad tecnológica de construir aparatos capaces de mostrar mediante imágenes lo que queda oculto a la mirada, potenció que los avances científicos se introdujeran en la vida cotidiana de tal modo que los medios virtuales prometen que toda actividad humana podría ser captada en imágenes. Las consecuencias sociales de tal horizonte pueden ser tan interesantes como temibles… “ La invitación está en marcha… El podcast es una propuesta de: Gleuza Salomon (EBP), Raquel Cors Ulloa (NEL) y Liliana Mauas directora de Radio Lacan, que estará a cargo de la coordinación.

Clic para ir a los podcast: http://www.radiolacan.com/es/topic/634/3

Fuente: Radio Lacan

¿Un controlado masoquista? (1) Por Camilo Ramírez (2)

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Question d'ecole

Lo que espero del control tiene un nombre: la sorpresa. Eso puede sucederme al salir insatisfecho, decepcionado, si atravesando el suelo del consultorio verifico que estoy contento porque me he escuchado hablar ¡y por añadidura he sido felicitado! Espero del control que me impida tomar apoyo en el goce de mi palabra para mantenerme donde estoy. Y sin embargo, incluso si eso parezca al lector provenir de una evidente denegación, yo no creo ser un controlado masoquista. Lo que añado para precisarlo, lo sé, no juega a mi favor: el fallo del control se mide a la luz de mi satisfacción de haber podido verificar la justeza de mis hipótesis.
Debo tener suerte ya que con el analista controlador, desde hace un cierto tiempo, el desfase está asegurado, está siempre un poco al costado.
Eso no falla nunca, quiero decir con esto que eso falla siempre: veo grande como una casa la cuestión que nunca he soñado plantear al analizante, el detalle descuidado se convierte en la pista preciosa, constato, no sin sonrojarme, que la carta [lettre] robada estaba en mis narices.
Exigente, no espero sin embargo ninguna completud. Hay sin duda en el control algo que sería análogo a lo que se llama en la cura “molestar la defensa”. Yo espero del control que moleste mis convicciones clínicas, mi supuesto saber adquirido sobre el paciente. Espero que, como mínimo, me despierte el tiempo de un instante, que sacuda mi marco de pensamiento hecho de citas, de ritornelos y otros valores seguros.
A menudo me pregunto cómo diablos mi controlador consigue provocar todas esas saludables sacudidas tan gentilmente. Cierto, él tiene la botella, una base teórica más que robusta, un tono grave y directo, es inútil que intente comprenderlo, su arte de saber despertar delicadamente, absteniéndose de dividir demasiado o de angustiar, es un misterio para mí. Ustedes lo han comprendido, este momento de vacilación es la linterna que me hace falta para volver a encontrar mi sillón de analista con las orejas desatoradas de las capas del ronroneo depositadas entre dos controles.

———————–

(1) VERS QUESTION D’ÉCOLE (No. 11), publicado por ECF Messager, el 20 de enero de 2015.

(2) Camilo Ramírez es psicoanalista en París, miembro de L’École de la Cause Freudiènne (ECF) y de la Asociación Mundial de Psicoaanálisis

(Traducción: Marita Hamann)

EL CARTEL EN LAS ESCUELAS DE LA AMP Entrevista a MIQUEL BASSOLS-Presidente de la AMP Entrevista realizada por Marisa Morao

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http://cuatromasuno.eol.org.ar/Ediciones/005/template.asp?El-Cartel-en-las-Escuelas-de-la-AMP.html

4 más uno

Resumen de la entrevista

El cartel es la mejor manera de pedir la entrada a la Escuela desde una topología que es la del inconsciente: se llama a la puerta del inconsciente desde el interior, como ha dicho Lacan en algún momento, lo que es una paradoja, porque para abrirla, hay que estar adentro.
No hay una introducción al saber psicoanalítico, pasos, etc., al modo del discurso universitario. No hay saber teórico propiamente en el psicoanálisis, todo saber se vincula con el saber del inconsciente. El cartel es la bisagra de esa puerta hacia la Escuela porque el trabajo en el cartel es de alguna manera encontrarse ya en el trabajo de la Escuela.
Cuando un cartel funciona bien, uno está acompañado en su soledad. Se está siempre solo pero en el cartel hay una posibilidad de interlocución: razonar con otros. Se mantiene lo irreductible de la relación de uno con el saber, singular y solitaria, pero permite razonar esa soledad con otros. El cartel permite razonar ese saber que no puede reducirse al saber teórico sino que es un saber textual, como es el saber del inconsciente. Por supuesto, eso depende de la función del más uno, que permite que eso funcione impidiendo la identificación del grupo, lo que implica, más que un saber supuesto, un saber actuar.
El más uno es el agente provocador de un saber, de un trabajo que cumple la función de despertar. Cuando suponemos que entendemos rápido, probablemente lo que hay es un dormir. Se trata de ir a contracorriente de eso.
La tecno ciencia actual permite que sigamos durmiendo. Un debate actual en el campo de la ciencia se refiere a cómo las revistas científicas se limitan a artículos donde lo que se hace es citarse unos a otros.
Despertar frente al encuentro con lo real es poner en suspenso el sujeto supuesto saber que funciona de manera tácita en nuestros encuentros, en nuestros congresos. Una buena manera es despertar el sentido de las palabras, no dejarlas dormir en el sentido tácito, despertar de nuevo fórmulas gastadas que usamos como si diéramos por sentado lo que significan. Como decía Paul Valery, “con las palabras de la tribu, crear un nuevo sentido”. Se trata de poner en suspenso el saber adquirido para replantearlo de nuevo.
El saber en psicoanálisis se produce con el encuentro, el hallazgo. El trabajo de cartel es un buen laboratorio para producir lo imprevisto.
La función esencial del más uno es hacer aparecer lo que no hace comunidad. Un uso del Uno que no implica la integración homogénea sino que hace aparecer el uno por uno, “la infinitud latente”, como decía Lacan.
Hay la lógica del Uno global, que tiende a fusionar, y la del Uno de la infinitud latente, la de lo que no hace comunidad. La lógica del cartel es aplicable a la comunidad para proponer un vínculo distinto: uno por uno que abre una serie en una infinitud latente. El problema siempre es cómo operar con la diferencia.
No podemos hablar de una historia de lo real pero sí de una historia de las respuestas que damos a lo real. El psicoanálisis aprende que lo real se produce. No hay un real dado de entrada sino que es un producto de la respuesta que el sujeto le da a ese punto. Un real pide un acto, no es simple, a veces no viene solo, hay que estar dispuesto al encuentro con lo real, no a evitarlo, como hace el principio de placer. “Consentimiento a la lo real” es una manera de decirlo.
El cartel del pase trata la política misma del síntoma. El cartel tiene una función ética, clínica y política. El cartel del pase es un partenaire síntoma de la escuela que tiene una función epistémica.

Marita Hamann

La violencia contemporánea obedece al individualismo de masa

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La violencia contemporánea obedece al individualismo de masa

Entrevista com Éric Laurent para o livro “A violência: sintoma social da época”

Existen en la actualidad otras formas de la violencia: violencias privatizadas, violencias motivadas por un anhelo de “más”. Por el momento no hemos conocido guerras de masa, como las del s. XX, que mató el deseo de tener hijos en Europa. En el s. XXI no padecemos el mismo tipo de violencia sino que esta es individual: el registro común, incluso en países distintos, es que cada uno conoce la confrontación con una violencia absurda. Cualquiera puede ser agredido en la calle por objetos que no tienen mayor valor como un celular o el iPad. Los objetos agalmáticos de la tecnología pueden desencadenar la violencia. Una violencia privatizada al contrario de la violencia organizada de las masas que nos hace repensar Psicología de las masas, la obra de S. Freud, que oponía dos masas: la organizada y la que no está organizada, el ejército y las huelgas obreras. Lo que vemos hoy es masas organizadas no violentas, como Occupy Wall Street, y una violencia individual terrible: el individualismo de masa.
Cuanto más se difunde en un mercado un producto que tiene efectos de liberación, se constata que hay correlación entre la circulación de esta droga y el pasaje al acto. El crack produce una alteración que dispone al pasaje al acto, al contrario de los opiáceos, que producen un efecto de sedación. La cocaína produce excitación. Una agitación sin rumbo, un efecto inmediato. Hay correlación entre las drogas que se consumen y el malestar de una civilización.
Hay que incluir también todas las formas de suicidio y de los suicidios más o menos disfrazados, por ejemplo, el suicidio por el alcoholismo. El alcoholismo es un suicidio prolongado.
La sobredosis tiene un carácter suicida más inmediato. Y hay formas más directas. El suicidio más seguro está del lado de la psicosis.
En Europa está ligado al desamparo masivo.
Hay que añadir el suicidio de los niños que tienen bajo los hombros las esperanzas de los padres que tuvieron vidas fracasadas y transmiten a sus niños ideales que hay que cumplir, lo que los conduce a la realización de hazañas y también a la muerte. Esto se ve bien en los países asiáticos, como China, Corea, Japón donde hay relación entre las exigencias rigurosas sufridas y el suicidio.
Entre los asiáticos, hay exigencias fuertes que producen resultados pero también tres veces más suicidios que entre los norteamericanos, según estudios realizados en USA. Estas auto violencias hay que ponerlas en serie.
En cuanto a la violencia de género, la violación durante el s. XX no fue considerada por mucho tiempo como un crimen como tal sino como un hecho de biología. Este es el peligro de considerar solo un horizonte darwiniano. Hoy es por excelencia la marca de una nueva manera de vivir la relación entre los sexos, lo que antes era considerado como un “hecho biológico”, no puede negarse hoy que responde al intento de sacar a las mujeres del espacio público.
La pulsión de muerte no es la misma siempre. Cada época la vive de manera distinta. La repetición incluye lo nuevo.

(Resumido por Marita Hamann)

Los Usos del control

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Tomado de la lista de L’École de la Cause Freudiènne (ECF-messager). Question d’École le 8 février: En direct du Conseil!

¿Por qué estoy en control?

Defensas contra el deseo del analista

por Fabian Fajnwaks

 «Déjela hacer su experiencia… Mire  lo que pasó con los analistas que emigraron a los Estados Unidos antes de la guerra, con su preocupación por la realidad material de los pacientes».

Preocupado por las condiciones materiales de una paciente histérica, el joven analista que yo era se encuentra reenviado por la interpretación de su controlador a su posición. Este momento se reveló ser una verdadera lección clínica.

Se podría decir que el control es un lugar donde se tratan las defensas del practicante – joven o menos joven – ante el encuentro del deseo del analista. Si hablamos de defensas, es porque no es fácil definir positivamente lo que es el deseo del analista, se lo definiría más fácilmente por lo que no es o, incluso, por lo que, en el analista, resiste al deseo que da fundamento al acto que lo nombra como tal.

Evocar aquí las defensas no asume que algo ya está ahí, contra lo que el sujeto se defendería. Se trata de algo puntual, evanescente, difícil de atrapar. Conviene hacerlo emerger de otra manera en el decir, que da su lógica a la interpretación.

Más allá de la construcción del caso cínico que podría ser retomado por el practicante y en el que se situaría la posición del practicante en relación al caso, sabemos que el analista está incluido en el caso clínico que describe, como Velásquez en las Meninas. El control es entonces, también, el lugar en el que se tratan las impurezas porque «el deseo del analista no es un deseo puro. Es el deseo de obtener la diferencia absoluta… »[i], las impurezas fantasmáticas que impiden al practicante capturar la singularidad del caso y estar a la altura de su acto.

Traducción: Marita Hamann

[i]  Lacan J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidos, 2006, p. 284.