Cinco apuntes sobre una crisis política

Posted on

Por Renzo Pita

1.- Cuando el presidente Kuczynski fue acusado de faltar a la ley debido a presuntos negocios que su empresa, Westfield Capital, habría realizado con la constructora Odebrecht mientras fue ministro de Alejandro Toledo, concedió una entrevista televisada a periodistas de los medios de comunicación más importantes del país. En ella se defendió esgrimiendo el argumento de haber perdido contacto alguno con Westfield. Arguyó enfáticamente que se desentendió de cualquier tipo de trabajo que lo vinculase, dejando en el cargo, curiosamente, a una persona muy cercana a él. Lo central de la entrevista ocurre cuando en un momento uno de los periodistas le increpa: “pero usted recibió beneficios económicos de esa gestión”. Subrayándole así el quid del asunto, es decir, que su ligazón monetaria nunca se rompió. A lo que Kuczynski responde con un repetitivo: “pero yo no sabía nada”. Ante la insistencia del periodista para que Kuczynski responda si recibió o no alguna ganancia de la cuestionada gestión éste responde: “si yo tengo una empresa, es normal que yo reciba un dividendo”.

En esta simple respuesta vemos aparecer una clásica denegación freudiana. Me refiero a esa forma discursiva en la que se niega y se acepta algo al mismo tiempo, y que estructura, en esta entrevista, todas las respuestas del presidente. Se la puede ver más claramente si articulamos lo dicho por él de la siguiente manera: “sé bien que no se pueden hacer tratos de ese tipo, justamente por eso me desvinculé totalmente de la empresa, que haya ganado dinero de las negociaciones que en ella se realizaron no tiene nada que ver”.

2.- La asunción de un discurso cínico de parte del presidente Kuczynski durante su trayectoria política es algo fácilmente constatable. El cinismo es aquella posición subjetiva donde se niega la existencia del Otro. Consiste más precisamente en un sujeto que se divide entre la descreencia al Otro y la búsqueda de la satisfacción del propio goce. Sin embargo, es posible que se diga –y no sin fundamento- que todo político hoy en día está más o menos destinado a asumir una posición subjetiva cínica, priorizando un interés propio y soslayando cualquier tipo de orden ético, moral o institucional. Lo que haría del presidente Kuczynski en ese caso uno más entre tantos.

Para ser más un poco más específicos sobre del presidente tal vez habría que decir que más que a un sujeto cínico puede servirnos para ejemplificar al sujeto neoliberal. La subjetividad neoliberal podríamos caracterizarla sumándole un movimiento más a la operación cínica. Me explico: el sujeto neoliberal es también un cínico que no cree en el Otro, salvo en el Otro del mercado. He ahí la diferencia.

El sujeto neoliberal habla del orden del mercado como si se tratase de una causa elevada, de un Otro simbólico que permite el progreso colectivo y la vida en comunidad, pero busca en realidad colmar un imperativo de goce que se basa en el consumo y en el éxito individualista definido en los términos de la cultura del capital. Cuando Kuczynski manifiesta no tener nada de malo ganar unos dividendos en las condiciones estrictas que pone el mercado, rechazando cualquier tipo de orden moral, ético o incluso jurídico, está encarnando este tipo de subjetividad. Suele hacerlo con mucha frecuencia en realidad. Ya en el año 2011 cuando conminaba a los ciudadanos a votar por el partido fujimorista -de sonados antecedentes antidemocráticos y delincuenciales- con tal de no perturbar el orden empresarial revelaba ese perfil.

3.- El gobierno utilizó mucho el término de reconciliación luego del indulto a Alberto Fujimori. Una reconciliación tal vez podamos definirla, sin ánimo de exhaustividad, como el surgimiento de un nuevo pacto simbólico entre dos partes. Sin embargo, todo parece indicar que detrás de este nuevo pacto que se dice buscar ha habido otro pacto. Todo parece decir que detrás de la escena que se nos muestra existe Otra escena más interesante aún. De ser así –y hay sobrados motivos para creerlo- tendríamos al gobierno funcionando como un sujeto dividido entre dos escenas. Por un lado, el sujeto invocando la reconciliación: un valor moral noble y elevado. Por otro, gozando de una negociación que lo beneficia particularmente y resguarda su debilitado poder.

Vemos aquí representado el acto del canalla, un sujeto que no cree en el Otro, pero que finge creer en él para avanzar en sus propios intereses. La apelación fingida al Otro de la reconciliación, para solapar un beneficio particular nos revela la estructura detrás del acto del gobierno.

4.- La indignación hizo su aparición. Los ciudadanos salieron a las calles a protestar. A muchos no les importó que nos encontráramos en las vísperas de navidad e igual salieron. Días después diversos colectivos organizaron una marcha y luego de ella organizaron otras y seguirán haciéndolo. La indignación es un afecto que, como su nombre lo dice, tiene que ver con la dignidad. La ciudadanía había sido burlada, se nos había tomado por tontos, nos habían dado gato por libre. Tal vez la indignación es el único componente común de esa gran masa que es el antifujimorismo y que en principio no parece tener un centro.

Se trata de una defensa de la dignidad, sin duda, pero cómo se llevará a cabo. Gerardo Arenas en su artículo “Cólera, indignación y goce del encastre”[1] señala que la indignación puede llevar a actos muy éticos y creativos pero también a la cólera, la segregación, la violencia, la venganza. Es en este punto donde uno encuentra que la masa antifujimorista es excesivamente heterogénea. Uno puede ver desfilar grupos que toman una posición segregativa, clasista y hasta racista, tomando a los fujimoristas como seres inferiores, amantes de la ignorancia y la incultura. Se puede ver también ciudadanos que invocan a un Otro simbólico (institucionalidad, democracia, etc.). Y se puede ver además la invocación de una nueva mano dura, de una ley de hierro, para que de su merecido a la clase política e invierta de cuajo la pirámide social.

5.- El psicoanálisis puede revelar la estructura libidinal de las masas y del orden social en general. Con ello puede prevenir falsas salidas, falsos escapes que hacen creer a los seres hablantes que se han liberado de sus cadenas. Podemos contribuir a ubicar los reales síntomas sociales y a desmentir las falsas dicotomías, sin olvidar que nuestra lucha es por la de un sujeto de palabra. En definitiva, hacer prevalecer la lógica del no-todo en contraposición al goce de lo Uno.

[1] Arenas, Gerardo. Cólera, Indignación y goce del encastre. Dirección: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/46006/Documento_completo.pdf?sequence=1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s