Un acercamiento psicoanalítico a la política nacional

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Por Elida Ganoza

Quiero en esta noche, primero centrar el tema del poder y su relación con la corrupción en un estado democrático como es el Perú y luego plantearles algunas ideas que nos pueden servir para poder abordar los acontecimientos políticos nacionales en la conversación que tendremos.

¿El ejercicio del poder en nuestro país lleva a la corrupción a los gobernantes? Es una interrogante que me surgió pensando cómo abordar el tema de la invitación del directorio.

El colapso de los partidos en los 90, la caída del autoritarismo corrupto del fujimorismo en el 2000 y el fracaso de la “democracia sin partidos” han generado una debilidad institucional, falta de propuestas políticas, desconfianza estructural hacia los gobernantes, los políticos y la consecuente pérdida de la credibilidad, siendo testigos de cómo la corrupción tomó el poder y se convirtió en un sistema.

A estos acontecimientos se suma el mayor caso de corrupción en la historia de Brasil y de Latinoamérica que involucra a nuestros gobernantes, y que estalló en enero de 2017. El caso Lava Jato, ha removido los cimientos de la democracia y de la gobernabilidad en el Perú.

¿Es recién en la década de los 90, que se manifiesta la corrupción?

La corrupción desde siempre ha estado presente, volviéndose una constante que se ha expandido por toda la clase política y en los sucesivos gobiernos. La corrupción, ahora la tenemos más visible debido a la globalización y al alcance de los medios de comunicación por los avances de la tecnología. Este fenómeno es de naturaleza trasnacional.

¿Podemos plantear que vivimos en una cultura de la corrupción caracterizada por hábitos, forma de pensar y renuencia a cumplir las leyes? ¿El pueblo ve con sentimientos ambivalentes a los políticos: por un lado rechaza, critica y no está de acuerdo con el delito, pero por otro desea lo logrado por estos? ¿Los ciudadanos se identifican e incluso estarían listos a formar parte o ser cómplices? Piensan que si el otro lo hace, y se beneficia aprovechándose de otros ¿por qué ellos no?

Sí, respondemos si, entonces, la corrupción envuelve a una considerable mayoría. El estilo de vida estaría sujeto por métodos ilícitos considerados naturales. Se festeja el ingenio para burlar la ley. Se prefiere el camino corto e indebido. Hay una parte de la sociedad que no le interesa que los actos de corrupción continúen a condición de que los dictadores les confieran favores y privilegios. Ante esta situación, me pregunto:

¿Qué puede aportar el discurso analítico a la política?

Para el psicoanálisis el estatuto de la política va de la mano de la ética. Los políticos podrían dejarse orientar por esta confluencia necesaria entre política y ética. Sin embargo, hay una distinción entre ambas, la ética concierne a un sujeto y la política es del orden de lo colectivo, es del orden del para todos, nos aclara Miller en su curso Los divinos detalles.[i]

Ahora, tendríamos que preguntarnos ¿cómo se pasa del uno a lo colectivo, al conjunto? Freud dio una solución, la identificación, que asegura la serie de producción de los egos   iguales, esta sería la dimensión horizontal, pero también planteó la vertical relativa al Otro, que es el Ideal del Yo. ¿Y qué va a ese lugar? Lacan plantea que es un rasgo significante, simbólico, S1, que como denominador común precipita la identificación para que una multitud de egos se vuelvan comunes. Pero ¿esto es suficiente? Es una solución por la vía del padre.

Hay problemas con esta solución que Miller aclara: no todos hablamos la misma lengua, y esto se evidencia en la política, no todos siguen las consignas del partido, cada uno habla a partir de tener un cuerpo, el suyo, con sus y con su goce singular que nos lleva a la pregunta sobre ¿cómo el goce pasa al Otro y se establece un lazo social?[ii]

¿Se trata de sacrificar el goce?

El inconsciente es la política[iii], decía Lacan, para referirse al peso que toma esa dimensión que nos habita y que nos empuja a ir contra nosotros mismos, es nuestro lado oscuro, la respuesta desesperada en estos tiempos de incertidumbre no se duda en llamar al más feroz y obsceno de los guardianes, al superyó para que regule nuestro propio desorden y de esta manera, calmar la angustia. En el mismo lugar donde se enuncia el deber, se acumula goce. Hay renuncia a las pulsiones pero el goce no está perdido para todo el mundo y se acumula en el sitio mismo donde se requiere su sacrificio. Cuanto más severo fue el deber, más hallamos lo que se llama corrupción.[iv]

La corrupción en el nuevo orden del capitalismo no es una anomalía, es un hecho estructural del cual la clase política es el síntoma de esa estructura[v], afirma Jorge Alemán. La democracia, vaciada de contenido que impulsan los partidos se basa en el neoliberalismo, cuyo fin es someter a los sujetos y anular su singularidad. Su cara mortífera es la incidencia que sobre la subjetividad ejerce apuntando al corazón del sujeto para conseguir un sometimiento voluntario al discurso del amo y se autoriza para imponerse bajo el manto de la democracia, esa es la cuestión más seria. Por lo que capturada por esta ideología, la democracia se transforma en un semblante al servicio de las grandes corporaciones financieras, políticas y mediáticas.[vi]

La corrupción, el desgobierno y la degradación de la ley no son responsabilidades de la democracia, sino de aquellos que la enarbolan. El malestar en la democracia es la perversión de sus agentes políticos en la era del Otro que no existe. Y a esta perversión generalizada[vii], se añade la propia condición de goce de los sujetos implicados.

Marie-Hélène Brousse, en Democracias sin padre[viii], toma la frase de Lacan, el inconsciente es la política, para explicar que esta formulación no lleva al padre, sino al discurso del Otro tachado y a la cuestión de la verdad que es no toda, dividida e incompleta. En el campo político no se juega la verdad como adecuación, sino la interpretación ideológica de los hechos, la ideología es puro sentido. El abrirnos a la dimensión de la verdad como variable, nos permitirá pasar de una verdad a otra y no quedarnos con una verdad única que impediría el diálogo con otros.

 

Si queremos leer los acontecimientos políticos ubicándonos en el campo psicoanalítico tenemos que orientarnos por el síntoma, es nuestra brújula, encontrar el dato especial de un todo, se trata de un rasgo. Si seguimos este camino, en primer lugar debemos precisar síntomas, reconocerlos, recortarlos y es como se pueden leer las fragilidades de la democracia y del sistema republicano,[ix] nos recomienda Jorge Chamorro.

Miquel Bassols, propone una democracia analítica[x], que respete lo más singular de cada sujeto. Donde cada ciudadano sostenga su opinión, la argumente, la proponga a otro como interlocutor válido, lo que conllevará a poder desmarcarse de la homogeneización del para todos, que es uno de los ejes principales del malestar de la civilización.

 

 

[i] Miller, J-A., Los divinos detalles, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 208.

[ii] Ibid., p. 216.

[iii] Lacan, J., Seminario XIV, “La lógica del fantasma”, clase 10 de mayo 1967, inédito: “Incluso no digo ‘la política es el inconsciente’, sino nada menos que ‘el inconsciente es la política’”.

[iv] Miller, J-A., Los divinos detalles, op cit., p. 225.

[v] Alemán, J., http://www.diarioinformacion.com/alicante/2013/01/25/corrupcion-politica-anomalia-estructural-sistema/1337090.html.

[vi] Caretti, J., Política y psicoanálisis: la red ZADIG. En Blog Zadig-España.

[vii] Rivas, E., “El Malestar en la Democracia”. En Blog Zadig-España.

[viii] Brousse, M.E., Democracias sin padre. En Blog Zadig-España

[ix] Chamorro, J., Pauperización del lenguaje y lógica de las piedras, bombas, injurias y difamación. En Movida Zadig.

[x] Bassols, M., Campo Freudiano, Año Cero, en la ELP. Alocución realizada en la Asamblea General Ordinaria de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) celebrada en Madrid el día 10 de noviembre de 2017.

 

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