“Un cuerpo dos escrituras” de Araceli Fuentes

Posted on Actualizado enn

1468606957827526201264.jpg

Comentarios de Darío Calderón

El trabajo presentado es un resumen ordenado de uno de los testimonios más extensos que encontré de Araceli Fuentes “Un cuerpo dos escrituras” disponible en internet, leído a la luz de otro de sus testimonios –bastante más específico- “El fenómeno psicosomático, entre la medicina y el psicoanálisis”. En coordinación con mi compañera Cecilia Izquierdo, yo centraré mi trabajo en lo referente a la mirada y la escritura, dejando en sus manos el desarrollo de lo respectivo al sinthome.

Araceli inicia su testimonio señalando algo respecto a la palabra y la escritura en psicoanálisis:

En psicoanálisis la palabra y la escritura no están separadas ya que el goce que se escribe en el cuerpo como síntoma, fue primero palabra dicha, y lo que puede dejar de no escribirse, y escribirse contingentemente, se escribe sirviéndose de la palabra. La palabra verídica bajo transferencia se deposita, tiene efectos de escritura. Desde este punto de vista la experiencia de un análisis no es sólo una exploración de lo que ya está escrito y se repite, sino también una exploración de lo nuevo que se puede llegar a escribir.”

Araceli sufrió la muerte de su madre cuando tenía apenas 8 meses. A la dificultad por su corta edad se le añadió el modo en el que la lengua del Otro le habló de dicha pérdida. Las mujeres vecinas del pueblo, que habían conocido a su madre, exclamaban al verla: ¡Ay! ¡Si su madre la viera! La frase era un trozo del discurso pre-constituido del Otro, del que el sujeto no se pudo apropiar. Invocaba de manera siniestra la mirada de su madre muerta, soldando así mirada y muerte. Esta holofrase repercutía en su cuerpo produciéndole un gran malestar al que no podía ponerle palabras.

El goce por fuera de la castración se escribió en su cuerpo con una escritura real como consecuencia de la imposibilidad de hacer un duelo por la pérdida de su madre. De esa pérdida imposible de subjetivar el inconsciente no había tomado nota, sin embargo había dejado huella, una huella que se escribió directamente sobre el cuerpo lesionándolo.

Esto sería apreciable años después cuando, ante la muerte de su padre, pese a no sentir nada, el presentimiento sostenido desde hacía mucho “cuando mi padre muriera yo estaría en peligro” se realizó bajo la forma del Lupus: aparecieron manchas rojas sobre su piel y sufrió de fuertes dolores. El fenómeno psicosomático del Lupus respondía a la falla epistemo-somática producida en la infancia que ahora –con la segunda pérdida- se realizaba.

Sobre esto, Araceli explica en otro de sus testimonios (“El fenómeno psicosomático, entre la medicina y el psicoanálisis”) la distinción entre síntoma y el fenómeno psicosomático.

El síntoma está conectado al inconsciente, es portador de una verdad inconsciente del sujeto y desde la perspectiva del goce, es el modo en que cada uno goza de su inconsciente. En el síntoma se anudan el inconsciente, el goce y el cuerpo.

El fenómeno psicosomático, por el contrario, es el testimonio del fracaso del inconsciente para cifrar un goce que se escribe directamente sobre el cuerpo, lesionándolo. La escritura del fenómeno no está hecha para ser leída, es una escritura real del orden del número, de la que lo simbólico queda excluida. En el fenómeno psicosomático no hay anudamiento del cuerpo con el inconsciente y el goce; sólo dos dimensiones están en juego: un goce real, al que Lacan llama específico para diferenciarlo del goce síntoma, y el cuerpo, en su dimensión imaginaria. El goce real hace intrusión en el cuerpo imaginario, produciendo una lesión, excluida la dimensión simbólica. El fenómeno psicosomático carece por completo de sentido, es mudo.

La holofrase “Sisumadrelaviera” había funcionado como memoria de goce que se activó cuando el sujeto se vio confrontado con la necesidad de hacer otro duelo cuando el primero no había sido resuelto. La mirada invocada de la madre muerta lesionaba su piel, se escribía en ella a través de las manchas del Lupus.

A partir de esto, el trabajo del análisis consistiría entonces en producir un cambio de escritura que permitiera que el duelo pudiera escribirse en lo simbólico. La invención del inconsciente en el análisis podría permitir cifrar algo de ese goce específico lo que supondría un cambio de escritura.

En este contexto, Araceli inició un análisis en París en el que no hablaba del lupus porque sobre eso no había nada que decir. De lo que sí hablaba era de su dificultad para hacer el duelo por su madre y de sus problemas para separase. Este análisis no resultó fácil ya que partía de un real mudo que no se prestaba a la simbolización. El duelo no hecho no producía ningún tipo de sentido, lo que por momentos convirtió el análisis en una travesía en el desierto.

Durante este análisis la dimensión escópica se puso de manifiesto de modos diversos. En la transferencia pronto se mostró cuál era la satisfacción que el sujeto pretendía obtener. Araceli le pidió a su analista que mirara las manchas de su piel. Dicha petición reveló el deseo que subyacía tras la demanda: el deseo de dar a ver.

También se vio afectada por distintos acontecimientos del cuerpo tales como los trastornos histéricos de la visión: ver doble, ver a medias, ver con un solo ojo, alucinaciones, etc. Fenómenos vividos con naturalidad, como si fueran inevitables.

Dos sueños sobre la mirada

El sueño del trou-matismo. Soñó que una mancha blanca -una calva producida en su pelo por la enfermedad- se transformaba en un agujero vacío. Este sueño indicaría el camino del análisis: de la mancha al agujero.

En otro sueño la analista, con tono oracular, pronuncia la palabra “¡Aluminio!”. Aluminio remite al verso “una dulce mirada de acero”, una mirada que asoció con la del padre, inflexible y cruel por momentos. En el sueño se había producido una operación metalúrgica de flexibilización donde el acero se transforma en aluminio, un metal dúctil y maleable.

Una Acting out produjo un antes y un después en este análisis:

Araceli compartía la consulta con una colega enferma de cáncer que no conocía, pero de la cual sabía que si había resistido viva tantos años era porque quería ver a sus hijos crecer. Un día, atendió la llamada de una señora que quería que esta colega tratara a su hijo y sin pensarlo dos veces decidió ser ella la que iba a atender al muchacho. “Robé un niño”, dice.

Cuando contó en sesión lo sucedido, la analista le dijo: “él no la va a ver morir, ella no lo va a ver crecer”. La interpretación la estremeció, había dado en el blanco. Por un lado, el acting out realizó en acto una disyunción entre la mirada y la muerte, deshaciendo lo que “Sisumadrelaviera” había soldado. Por otro lado, la interpretación de la analista separó la mirada de la visión al mostrar el límite de lo que se puede ver.

Estas dos operaciones fueron un paso necesario para poder hacer el duelo. Mientras mirada y muerte estuvieran soldadas, y visión y mirada confundidas, la pérdida no se podía inscribir simbólicamente.

El “roban a un niño” le era familiar a Araceli. Cuando su madre murió, su tío materno se negó a devolver a su padre tierras que formaban parte de su herencia, lo cual ella frasea como “roban a una niña”. Además, la interpretación inconsciente de su adopción por parte de su segunda madre también había sido la de un “robo”, ella era “la niña robada”. Tomando esto en consideración, su acting out había sido además un tratamiento de la holofrase “roban a una niña”.

Un día en sesión, volvió a mencionar la frase “si su madre la viera”, la analista como quien no quiere la cosa dijo: “eso viene de lejos”. Al oírlo Araceli sintió vértigo y angustia. “Eso viene de lejos” se comportaba como el significante nuevo que sin añadir ningún sentido agujerea el “si su madre la viera”.

Se trata de un pasaje necesario para concluir el análisis: es necesario pasar del significante amo al que el sujeto se ha identificado, al agujero en el lenguaje. En el análisis las identificaciones caen y el agujero se descubre. No obstante, para concluir no es suficiente con excavar el agujero en los enunciados del sujeto; aún es necesario que el sujeto se zambulla en él. La angustia y el vértigo de Araceli daban cuenta precisamente de eso.

El análisis permitió que el duelo que no se había escrito en el inconsciente cesara de no escribirse y se escribiera como letra. La letra se sitúa en el lugar de un agujero producido en el lenguaje del sujeto por la intervención de la analista. Cuando finalmente el duelo se escribe, se escribe como borde de un agujero, un borde que al mismo tiempo lo constituye.

La última sesión:

Araceli estaba decidida, sabía que esa sería la última sesión. Contó dos (grupos de) sueños.

El primero propone otra lógica al problema sexual. En el sueño se encuentra con una colega que había tenido relación con el pase y al verla le sorprende agradablemente que sea tan alta como ella. La noche siguiente tiene un sueño parecido, pero en referencia a otra colega. En realidad, ambas son más altas que Araceli. Estos dos sueños proponen una alternativa a la lógica del todo y la excepción: ni grupo ni excepción, una serie abierta, sin garantías. La solución aceptable y divertida era ser una entre otras mujeres.

En el segundo sueño, la analista aparecía limpiando las huellas del lugar en el que su marido había muerto. Araceli le contaba que iba a presentarse al pase, entonces la analista preguntaba: ¿qué hay del relieve de la voz?

Araceli interpreta esa pregunta como una invitación a seguir con el análisis. En su sueño ella se despide y la analista le pregunta “¿entonces, no va a volver?”. “No”, responde. Se despiden y al salir la analista dice “¡vaya!”.

En esa sesión, Araceli olvidó contar que la pregunta por el relieve de la voz se refería a un sueño en que estaba en París donde la gente gritaba consignas, sin embargo ella tenía la sensación de que le habían bajado el volumen a París. Eso mismo le ocurría a Araceli, su voz había perdido algo de brusquedad, de ruido y practicaba más la metonimia. Había dejado de escribirse un sentido gozado relacionado con la voz de su segunda madre que era muy generosa, pero un poco brusca y con cierta tendencia a moralizar. Antes, su manera de hablar estaba marcada por cierta brusquedad en el decir y por un excesivo amor a la síntesis. Eso tenía que ver con la mirada y su temporalidad de instante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s