¿Un controlado masoquista? (1) Por Camilo Ramírez (2)

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Question d'ecole

Lo que espero del control tiene un nombre: la sorpresa. Eso puede sucederme al salir insatisfecho, decepcionado, si atravesando el suelo del consultorio verifico que estoy contento porque me he escuchado hablar ¡y por añadidura he sido felicitado! Espero del control que me impida tomar apoyo en el goce de mi palabra para mantenerme donde estoy. Y sin embargo, incluso si eso parezca al lector provenir de una evidente denegación, yo no creo ser un controlado masoquista. Lo que añado para precisarlo, lo sé, no juega a mi favor: el fallo del control se mide a la luz de mi satisfacción de haber podido verificar la justeza de mis hipótesis.
Debo tener suerte ya que con el analista controlador, desde hace un cierto tiempo, el desfase está asegurado, está siempre un poco al costado.
Eso no falla nunca, quiero decir con esto que eso falla siempre: veo grande como una casa la cuestión que nunca he soñado plantear al analizante, el detalle descuidado se convierte en la pista preciosa, constato, no sin sonrojarme, que la carta [lettre] robada estaba en mis narices.
Exigente, no espero sin embargo ninguna completud. Hay sin duda en el control algo que sería análogo a lo que se llama en la cura “molestar la defensa”. Yo espero del control que moleste mis convicciones clínicas, mi supuesto saber adquirido sobre el paciente. Espero que, como mínimo, me despierte el tiempo de un instante, que sacuda mi marco de pensamiento hecho de citas, de ritornelos y otros valores seguros.
A menudo me pregunto cómo diablos mi controlador consigue provocar todas esas saludables sacudidas tan gentilmente. Cierto, él tiene la botella, una base teórica más que robusta, un tono grave y directo, es inútil que intente comprenderlo, su arte de saber despertar delicadamente, absteniéndose de dividir demasiado o de angustiar, es un misterio para mí. Ustedes lo han comprendido, este momento de vacilación es la linterna que me hace falta para volver a encontrar mi sillón de analista con las orejas desatoradas de las capas del ronroneo depositadas entre dos controles.

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(1) VERS QUESTION D’ÉCOLE (No. 11), publicado por ECF Messager, el 20 de enero de 2015.

(2) Camilo Ramírez es psicoanalista en París, miembro de L’École de la Cause Freudiènne (ECF) y de la Asociación Mundial de Psicoaanálisis

(Traducción: Marita Hamann)

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