Entre la mujer y la madre. Eje 1.B. Relación madre-niño.

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VIII JORNADAS NEL, “LO FEMENINO NO SOLO ES ASUNTO DE MUJERES”

Laura Arciniegas S.

 “Lo verdadero, en el sentido de Lacan en una mujer se mide, por su distancia subjetiva, de la posición de la madre. Porque ser una madre, ser la madre de sus hijos, es para una mujer querer hacerse existir como La. Hacerse existir como La madre, es hacerse existir como La mujer en tanto que tiene.” (Miller J. A. De mujeres y Semblantes).[i]

Esta cita, ubicada en los ejes de trabajo de nuestras próximas Jornadas tiene para el tema todo su lugar y pertinencia. Introduce en principio una cuestión central: la de la diferencia entre mujer y madre. Acaso ¿transformarse en madre es la solución a la posición femenina?, pregunta Miller. Esa sería la solución Freudiana que aparece fundamentalmente del lado del tener, o mejor de la suplencia a la falta en el tener, al no tener. En esa vía, hacerse madre es transformarse en la que tiene por excelencia.

Lacan se diferencia de esta perspectiva y plantea que hay la solución por el lado del ser: “la solución del lado del ser consiste en no colmar el agujero, sino en metabolizarlo, dialectizarlo, y en ser el agujero. Es decir fabricarse un ser con la nada”.[ii]

Ello abre otra perspectiva y nos introduce en otra orientación clínica a la que se anuda la tesis de Lacan: por un lado La mujer no existe y por otra, hay verdaderas mujeres… Pero no olvidemos que la verdad tiene estructura de ficción y por ende se anuda al semblante. Lo que insiste: lo verdadero en una mujer, se mide por su distancia subjetiva de la posición de la madre, es decir, tanto más madre menos mujer. Se trata de que el niño no colme, sino que divida el deseo de la mujer que no es el de la madre.

Es preciso entonces que se preserve el no-todo del deseo femenino, de tal forma que la madre no aplaste en ella el agujero. Cuando la maternidad se vuelve una manera de suplencia a La mujer que no existe, funciona como tapón del No-toda, dejando al niño fijado en el lugar del falo de la madre, obturando la posibilidad de que ella pueda tener acceso a su propia verdad y dejando al niño en el lugar de satisfacer la exigencia materna.

La mujer no existe, ubica en principio que ese lugar permanece esencialmente vacío. Y si no existe hay que inventarla, en esa relación con la nada. Verdadera, entonces solo se puede decir una por una, y en cada ocasión. El acto de una verdadera mujer, tiene la estructura del acto de Medea, es decir, el sacrificio de lo que tiene de más preciado y precioso para abrir el agujero en el hombre al que lo dirige y que no podrá ya colmar. En este sentido se explora una zona desconocida, más allá de los límites y las fronteras. Es la zona del sin límites femenino, sin sentido. De allí que a partir de la sexualidad femenina se haya podido ubicar el goce propiamente dicho en tanto que desborda al falo y a todo significante. Son ellas, “las mujeres quienes recuerdan a los hombres que son engañados por los semblantes, y que esos semblantes no valen nada en comparación con lo real del goce. Es en esto que las mujeres son más amigas de lo real….”

[i]Miller J.-A., “De Mujeres y Semblantes”, en Cuadernos del Pasador 1, Buenos Aires, 1994, p. 90.

[ii]Ibíd., p. 88.

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