Seminario 19,… O peor. Reseña del capítulo III: De la anécdota a la lógica

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Lacan empieza refiriéndose a la posibilidad de articular los valores sexuales -varón y mujer- en la lógica, es decir las fórmulas de la sexuación. Indica que la cuestión del género, los valores hombre y mujer, es un asunto de lenguaje. Sin embargo, no sabemos qué son (acepción que anteriormente le dimos al No existe la relación sexual).

Lacan refieren que la castración no podrá ser reducida a la anécdota (“papá dijo que te la cortarán”), sino que su estructura es lógica. Luego, a partir de un recorrido de la lógica dirá que lo real se afirma en sus impasses, en su ambición desmesurada, articular una malla de discurso que cubriría el conocimiento, lo real introduce ahí un hiato irreductible. Así, lo real puede definirse como lo imposible en la medida en que se revela por la captación misma del discurso lógico. Es el paradigma de lo que pone en tela de juicio lo que puede surgir del lenguaje.

El punto de surgimiento del ser hablante es la relación perturbada con su propio cuerpo (el Otro es el cuerpo mismo) que se denomina goce. Esto tiene por centro una relación privilegiada con el goce sexual. El valor del partenaire diferente -el hombre y la mujer- es inabordable para el lenguaje precisamente porque el lenguaje funciona originalmente como suplencia del goce sexual. De ese modo ordena la intrusión del goce en la repetición corporal.

En la segunda parte, Lacan introduce los prosdiorismos: un, algún, todos y la negación de esas proposiciones, el paso que da la lógica en la exploración de lo real. En particular, señala el uso que hace de ellas Aristóteles, que define las universales y las particulares y en cada una de ellas las afirmativas y las negativas, uso que subvertirá en las fórmulas de la sexuación. En ellas propone la función de verdad por la cual todo hombre se define mediante la función fálica. El cuantor universal se definirá de otro modo cuando se introduce el rasgo esencial del no-todo. Además, al contrario de la función de la particular negativa, la fórmula no-todas está hecha para indicar que en alguna partela mujer tiene relación con la función fálica y nada más. Nada puede similar el todos a este no-todas.

Entre lo que funda simbólicamente la función argumental de los términos el hombre y la mujer, queda el hiato de la indeterminación de su relación común con el goce.

Los hombres todos están en la función fálica, pero existe al menos uno que no se sostiene en la función fálica. El al menos uno resulta de una necesidad, es un asunto de discurso, es lo que hace posible la existencia del hombre como valor sexual.

Por otro lado, el al menos uno quiere decir que el goce sexual será posible para el todos, pero que será limitado. La mujer necesita al menos eso, que la castración sea posible. Tal es su abordaje del hombre.

La esencia de la mujer no es la castración. A partir de lo real ellas no son castrables. Una vez que a partir de lo imposible como causa la mujer no está ligada esencialmente a la castración, el acceso a la mujer es posible en su indeterminación.

La mujer toma de lo real su relación con la castración y eso da sentido al no-todas. El no-todas quiere decir que no es imposible que la mujer conozca la función fálica. A lo imposible se opone lo contingente. Lo tocante al valor sexual mujer se articula en la medida en que contingentemente la mujer se presenta como argumento de la función fálica.

Darío Calderón

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