Seminario de Escuela: …O peor

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ou pire

A modo de introducción

Hay de lo Uno, es la conclusión de este seminario. En tanto que tal, se vuelve imprescindible para abordar la clínica del Uno, fundamento de la práctica analítica que invita a reconsiderar lo que entendemos por interpretación así como por la función misma del analista, —del deseo del analista y del acto que lo plasma—.

Tenemos, en Freud, dice Elisa Alvarenga[i], diferentes versiones del Uno: “una sola libido, el falo, el trazo unario —que se inscribe en el inconsciente— y el Uno de Eros, que supuestamente unifica. Tenemos, en Lacan, el Uno del goce, singular, de cada uno, pero también el S1, significante amo, o Uno del Ideal que identifica, el menos-uno, el más-uno, el al-menos-uno, el Uno de la excepción, el Uno del sinthoma. (…) al final de análisis, en el momento en que se hace evidente la inexistencia del Otro (…) el Uno puede ser una forma de pensar lo que Lacan llamó al final de su enseñanza, de inconsciente real, S1 sin S2, o todavía, cómo el sujeto vive la pulsión después de atravesar el fantasma”.

[Se trata], dice Marcus André Vieira[ii], del Uno de un goce que se repite como una perseverancia en ser, sin ser esto o aquello. Se reitera sin instaurar ninguna repetición específica: no podría tratarse aquí, estrictamente hablando, de una repetición por cuanto se hace forzoso constatar que lo que insiste es un goce no negativizable que escapa a la función fálica (la del sentido, la del conjunto, la de la representación). “Uno que aparece cuando el Otro agotó toda significación y puso en evidencia que nada en él nombra el ser: no hay una marca, un deseo, un origen. ¿Hay cómo apoyarse en ese Uno que no es? ¿En ese Otro que no existe? Esa es la gran interrogación clínica sacada a la luz por ese seminario.”

Por su parte, Phillip Lasagna[iii], presentando este seminario, dice lo siguiente: Hay necesidad en lo humano. Necesidad, aquí, remite a la lógica modal aristotélica, lo necesario es lo que no puede ser de otra manera, es el destino. Así, La Sagna se apoya en una cita de Freud extraída de una carta que dirigiera a Charles Boudin: “Yo tengo dos dioses: Logos y Ananké”. De lo que se deduce que la necesidad surge del discurso, discurso que es una estructura del lazo social que incluye la relación del sujeto con el goce, la verdad y el saber. La necesidad humana esencial es, entonces, la necesidad de discurso, y esa necesidad de discurso produce una lógica.

La noción de discurso pone menos énfasis en la palabra que en lo escrito, de allí que una lógica tienda a establecerse a partir de éste, cuestión que ya fue acentuada en el seminario anterior, De un discurso que no fuera del semblante. Si de lo escrito surge una lógica, esa lógica no es lenguaje sino que es el medio por el cual se interroga al lenguaje y sus efectos.

Pero, además, a través de esa lógica se interroga también la sexualidad y se concluye que no hay escritura de la relación sexual. A lo sumo, no hay sino una ley sexual. Ley de la prohibición, ideada por Freud a partir de Tótem y Tabú, según la cual una imposibilidad se ha establecido a partir del asesinato del padre (mítico y real). A partir de la prohibición de gozar de todas las mujeres, se funda el lazo social.

El mito de Tótem y Tabú precede, en este sentido, al mito edípico, que permite gozar de todas las mujeres menos una: la madre.

No se puede gozar de todas las mujeres es: no hay todas las mujeres. Solo el padre mítico podría constituir ese conjunto y, según la versión del Seminario XVIII, solo él sabría cómo gozar de todas ellas y del goce de ella(s). Luego queda el “todas menos una”, el “hay una que no” y el “no-toda mujer” de cada una. No existen todas: cada una es no-toda.

 “Se ve, entonces, que el resorte de lo escrito es también lo que no se escribe. Lo escrito debe partir de lo real, que no puede escribirse, en dirección al símbolo y no escribir lo real con el símbolo. La escritura de lo real es lo real que escribe; más genéricamente, la escritura se da a través de los agujeros que se hacen en lo escrito para marcar el lugar de lo que no puede escribirse. Pues, bien, el Seminario …O peor comienza, justamente, por escribir, con tres pequeños puntos, un agujero en la escritura (…) … O peor. Sobre este seminario y su título, Lacan puede escribir: título de una elección. La elección de partir de lo que no se escribe y de ver el escrito a partir de los agujeros.”[iv]

Se parte entonces de un lugar vacío, el lenguaje mismo surge de allí. Si un significante puede sustituir a cualquier otro, es que se parte de un vacío. Esto, por ejemplo, no ocurre igual en el lenguaje del psicótico. Y es la condición de que no haya metalenguaje: “Lo que la perspectiva lingüística estructural se olvida de producir es la necesidad de ese lugar vacío, o de su posibilidad. Ella deja el cuidado de producirlo, entonces, a la lógica.”[v] Es allí, precisamente, donde Lacan sitúa la no relación sexual.

“El problema es que, de ese modo, este decir es una verdad que sólo puede sostenerse en el hecho de que, al quererse decir otra cosa, se dice Lo peor. Es eso, o peor… Es como la democracia: es eso, o peor… “[vi] (un totalitarismo). En el lugar vacío se puede escribir una x y con eso, se tiene una función; en el psicoanálisis, se trata de la función fálica, que sitúa el “para todos”: “para todo x”, y con ello, la significación y su límite. Se desprende así una lógica que, partiendo de lo real, interroga a lo que, de lo real, determina el lenguaje.

Peor [pire] es el adverbio de un verbo. ¿Cuál? Se trata del decir [dire]. Solo que un verbo no crea al lugar vacío; el verbo, expresado lógicamente, se reduce a una función y lo demás constituye su argumento (decir: x). Al vaciar el verbo, explica Lacan, hago de él una sustancia, no “decir” sino “un decir”. El vacío o un decir. No hay relación sexual viene al lugar del vacío y es una verdad, pero como toda verdad no puede sino mediodecirse, lo que se diga fuera de eso, es peor: …o un decir,…o peor.

O sea, lo que se diga en el lugar del vacío que deja la ausencia de relación sexual, es peor.

El sexo no define ninguna relación en el ser hablante. Pero “no todo” no es ninguno, no es un prosdiorismo aristotélico, no es la universal negada (“ninguno”).

El juicio de “reconocimiento” del niño y la niña como futuros hombre y mujer no se basa sino en un error, el error de la pequeña diferencia, un error del lenguaje mismo en la medida en que es la dependencia respecto del lenguaje la que instala la castración[vii]. Es así como el error se vuelve consistente, “natural”. Y si falla, se le supone de todos modos, en el caso del varón, por ejemplo, un suplemento de feminidad, mientras que la mujer, la verdadera, surge cuando fracasa.

Y prosigue… Continuaremos entonces, desde este punto de partida, tras la pista de las letras lacanianas que se agolpan en el seminario que comenzamos a leer.

Marita Hamann


[ii] Ibídem.

[iii] Ibíd.

[iv] Ibíd.

[v] Lacan, J., El Seminario, libro 19, …O peor, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 12.

[vii] Lacan, J., ibíd.., p. 16.

Programación

Horario: Miércoles quincenal, 8:30 p.m., desde el 15 de enero de 2004.

 Expositores 

 La presentación de los primeros ocho capítulos ha quedado distribuida como sigue:

 Cap. I: Ángela Fisher.

Cap. II: Patricia Tagle.

Cap. III: Darío Calderón.

Cap. IV: Cecilia Izquierdo.

Cap. V: Eugenio Calmet.

Cap. VI: Marisa Shiroma.

Cap. VII: Luis Valladares y Úrsula Moreno.

Cap. VIII: Alfonso Gushiken.

Equipo de redacción: Darío Calderón, Cecilia Izquierdo y Marita Hamann.

Coordinación: Marita Hamann.

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